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Andy Burnham llega a Downing Street: el laborismo cambia de líder, pero mantiene abiertos los grandes dilemas del Reino Unido

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Andy Burnham asumió esta semana como nuevo primer ministro del Reino Unido con una promesa ambiciosa: poner fin a una década de inestabilidad política y construir «un nuevo modelo político y un nuevo modelo económico» para el país. Su llegada a Downing Street convierte al dirigente laborista en el séptimo jefe de gobierno británico desde 2016, una cifra que refleja la profunda crisis de gobernabilidad que ha atravesado el Reino Unido desde el referéndum del Brexit.

La sucesión de primeros ministros —David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss, Rishi Sunak, Keir Starmer y ahora Burnham— no ha logrado resolver los problemas estructurales de una economía marcada por el bajo crecimiento, la desindustrialización, la pérdida de competitividad de amplias regiones del país y una fuerte dependencia del sector financiero londinense. Esa realidad constituye el principal desafío del nuevo gobierno.

Un gabinete que busca combinar continuidad y cambio

Burnham ha optado por un equipo ministerial que mezcla figuras consolidadas con una importante reorganización del aparato estatal.

Uno de los nombramientos más significativos es el de John Healey como Canciller, pese a que hasta hace poco ocupaba la cartera de Defensa y había criticado públicamente a Keir Starmer por considerar insuficiente el incremento del gasto militar. El movimiento ha sido interpretado como una señal de que la política económica estará estrechamente vinculada a las nuevas prioridades estratégicas del Reino Unido.




En Defensa asumirá Wes Streeting, quien deberá ejecutar uno de los programas de rearme más ambiciosos desde la Guerra Fría.

La transformación institucional más profunda recae en Louise Haigh, nombrada Primera Secretaria de Estado y Canciller del Ducado de Lancaster. Tendrá bajo su dirección una poderosa estructura que integra funciones del Tesoro, la Oficina del Gabinete y parte del Ministerio de Vivienda, convertida en el principal centro de coordinación económica del gobierno. Paralelamente, Burnham ha creado una nueva Oficina del Primer Ministro y el Gabinete con importantes competencias estratégicas y una sede operativa en Manchester, reforzando su apuesta por descentralizar el poder político británico.

También destacan la designación de Ed Miliband como secretario de Asuntos Exteriores, Yvette Cooper en Salud y el regreso de Angela Rayner al Ministerio de Vivienda.

Inmigración: una línea más dura

Uno de los aspectos que más debate ha generado es la continuidad de Shabana Mahmood en Interior.

Entre las medidas anunciadas figura exigir que los solicitantes de asilo contribuyan con hasta 10.000 libras esterlinas para cubrir alojamiento y alimentación durante la tramitación de sus expedientes. Además, el gobierno endurecerá los requisitos para obtener residencia permanente y endurecerá la legislación sobre manifestaciones públicas.

Estas propuestas muestran que, pese al cambio de liderazgo dentro del Partido Laborista, la política migratoria continuará moviéndose hacia posiciones considerablemente más restrictivas que las tradicionales del laborismo.

Las primeras medidas económicas

Burnham intentó enviar una señal inmediata a las familias golpeadas por el aumento del costo de la vida.

Entre sus primeras decisiones anunció:

  • limitar nuevamente las tarifas de autobús a dos libras esterlinas;
  • eliminar temporalmente el IVA aplicado a las facturas de energía;
  • impulsar un programa de construcción de vivienda pública;
  • comprometerse a erradicar el fenómeno de las personas que duermen en la calle.

La reducción del precio del transporte recupera una política que Burnham impulsó como alcalde del Gran Manchester y constituye una de las medidas más populares de sus primeros días de gobierno.

Sin embargo, algunas de sus promesas generan escepticismo. Durante sus años al frente del Gran Manchester ya había prometido acabar con el sinhogarismo, pero las cifras actuales son similares a las existentes hace una década.

«Hacer política de otra manera»

En su primer discurso frente al número 10 de Downing Street, Burnham sostuvo que pretende romper con la lógica política que ha dominado Westminster durante años.

«Nos centraremos en resolver problemas, no en sumar puntos políticos», afirmó.

También prometió transferir competencias desde Londres hacia autoridades regionales y locales, impulsar una planificación de largo plazo y construir «los mayores cambios de los últimos cuarenta años».

La idea de descentralizar el poder constituye uno de los rasgos distintivos de su trayectoria como alcalde de Manchester y aparece como uno de los ejes de su proyecto político nacional.

Las contradicciones de su trayectoria

Aunque Burnham representa para muchos un cambio respecto del liderazgo de Starmer, su historial político contiene decisiones que continúan generando controversia.

En los primeros años de este siglo votó a favor de la intervención británica en Irak tanto en 2002 como en 2003.

También apoyó en tres oportunidades la renovación del sistema nuclear Trident entre 2007 y 2016.

En política internacional mantiene vínculos con Labour Friends of Israel, aunque recientemente reconoció que su partido «no actuó correctamente» durante los primeros meses de la ofensiva israelí en Gaza y expresó públicamente sus disculpas.

La designación de Ed Miliband en Relaciones Exteriores podría introducir algunos matices diplomáticos. Cuando fue líder laborista defendió el reconocimiento de un Estado palestino y se opuso a la intervención militar en Siria.

El peso creciente del gasto militar

Uno de los mayores desafíos económicos que enfrentará Burnham será financiar el gigantesco Plan de Inversión en Defensa heredado del gobierno anterior.

El programa contempla alrededor de 298.000 millones de libras durante los próximos cuatro años, el mayor incremento sostenido del gasto militar británico desde la década de 1980.

Diversos medios británicos han señalado que el Ejecutivo deberá encontrar aproximadamente 7.000 millones de libras mediante recortes en educación, salud, infraestructura vial y proyectos energéticos para financiar ese esfuerzo.

La tensión entre mayores inversiones militares y las demandas sociales aparece desde ya como una de las principales contradicciones del nuevo gobierno.

Una oportunidad… con poco margen de error

La llegada de Burnham ha despertado expectativas moderadamente optimistas entre amplios sectores de la población.

Muchos británicos parecen dispuestos a concederle un período de prueba después del desgaste sufrido por los gobiernos anteriores. Sin embargo, existe conciencia de que el margen político será muy reducido.

Si el Ejecutivo no consigue contener el aumento del costo de la vida, mejorar los salarios reales, facilitar el acceso a la vivienda y reactivar una economía estancada desde hace más de una década, el respaldo ciudadano podría evaporarse con la misma rapidez con que desapareció el apoyo a sus predecesores.

El desafío de Burnham no consiste únicamente en inaugurar un nuevo liderazgo dentro del Partido Laborista. Su verdadero examen será demostrar que el Reino Unido todavía puede reconstruir un modelo económico capaz de responder a las fracturas sociales y territoriales que se hicieron visibles tras el Brexit y que ninguno de los seis primeros ministros anteriores logró resolver.

Abelardo Clariana-Piga

corresponsal de El Clarín en Reino Unido



corresponsal de El Clarín en Reino Unido

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