
El otro 18 de Kast: el malestar irrumpe en sus primeras Fiestas Patrias
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Las pifias registradas en Concepción, Parque O’Higgins y San Bernardo coincidieron con un Te Deum en que el cardenal Chomali puso el desempleo frente al Presidente. Las primeras Fiestas Patrias de Kast dejaron ver un malestar que también registran las encuestas y los indicadores económicos.
Las primeras Fiestas Patrias de José Antonio Kast como Presidente estaban llamadas a ofrecer una imagen cuidadosamente tradicional: cueca, payas, banderas, ceremonias religiosas y llamados a la unidad nacional. Pero entre la escenografía oficial comenzaron a colarse otras imágenes y, sobre todo, otros sonidos: pifias, gritos contra el mandatario y referencias directas al desempleo y a las dificultades económicas que atraviesan miles de familias chilenas.
No son hechos que, por sí solos, permitan medir el respaldo o rechazo ciudadano al Gobierno. Una pifia no es una encuesta. Pero cuando episodios similares comienzan a repetirse en distintos actos públicos y coinciden con indicadores económicos y mediciones de opinión que muestran un escenario adverso para La Moneda, dejan de ser solamente una anécdota de Fiestas Patrias.
El contraste comenzó a hacerse visible incluso antes del 18.
El 10 de septiembre, durante la largada del Rally Mundial en Concepción, Kast fue recibido por una combinación de aplausos y abucheos. El episodio fue suficientemente evidente como para que el propio Presidente interrumpiera su intervención y respondiera a quienes lo pifiaban: “Estamos aquí por el deporte”, pidió entonces, llamando a dejar las diferencias políticas fuera de aquella actividad.
Una semana después, las escenas se trasladaron a Santiago.
Lo que mostraron las cámaras del público
Durante la inauguración de las fondas del Parque O’Higgins, el miércoles 16, la cobertura de buena parte de los grandes medios se concentró en el primer pie de cueca presidencial, las payas de Kast y su referencia al Estrecho de Magallanes.
La Tercera describió la ceremonia como realizada “sin contratiempos”, aunque su propia crónica reconoció pifias durante la presentación de autoridades y destacó las dirigidas al gobernador metropolitano Claudio Orrego.
Pero en las horas siguientes comenzaron a circular en redes sociales registros tomados desde el público en los que se escuchan expresiones contra Kast. Esos videos no permiten establecer cuántas personas participaron ni mucho menos convertir el episodio en una representación de todos los asistentes. Sí muestran algo que prácticamente desapareció de la narración predominante del acontecimiento: junto a la fiesta y el protocolo existieron expresiones de rechazo político.
El fenómeno se hizo todavía más visible al día siguiente en San Bernardo.
Kast llegó hasta esa comuna en medio de un extraordinario dispositivo de seguridad para acompañar al alcalde Christopher White en el Te Deum y posterior desfile cívico-militar. Los medios informaron ampliamente sobre el despliegue policial y el mensaje de unidad frente al narcotráfico. Cooperativa consignó que cientos de efectivos fueron desplegados alrededor de la Plaza de Armas, mientras distintas crónicas recogieron el mensaje presidencial de que las diferencias políticas debían quedar atrás frente al crimen organizado.
Sin embargo, registros difundidos por asistentes y ampliamente replicados en redes muestran otra dimensión del mismo acontecimiento: mientras Kast intervenía se escucharon pifias y gritos contra el Presidente.
Nuevamente, esos registros no permiten afirmar que la totalidad ni la mayoría de los asistentes rechazara al mandatario. Pero documentan una reacción que contrasta con una cobertura informativa concentrada casi exclusivamente en el dispositivo de seguridad, el narcotráfico y los discursos de las autoridades.
Las cámaras de los ciudadanos registraron algo que las crónicas prácticamente no contaron.
“Que vuelva fuerte el trabajo”
El contraste adquiere una dimensión adicional cuando se observa el propio discurso que Kast había pronunciado en el Parque O’Higgins.
El Presidente reconoció allí que Chile había atravesado “momentos difíciles”, aunque sostuvo que el trabajo realizado por su administración comenzaba a entregar las primeras señales positivas. Expresó además su esperanza en que la situación económica empezara pronto a mejorar.
En los versos preparados para la ocasión incluyó una frase particularmente significativa: “Que vuelva fuerte el trabajo”.
Dos días después, el trabajo volvió a aparecer en las celebraciones patrias, pero esta vez de una manera mucho menos festiva.
En el Te Deum Ecuménico de este viernes, con Kast presente en la Catedral Metropolitana, el cardenal Fernando Chomali puso el desempleo en el centro de su homilía.
No fue una referencia marginal.
Chomali vinculó las dificultades laborales con la crisis de natalidad, la imposibilidad de muchas familias de proyectar su futuro y las dificultades para acceder a una vivienda. Y frente a las máximas autoridades del país calificó el desempleo nacional de 9,5% como “un grito en el cielo que no nos puede dejar indiferentes”.
El arzobispo fue más allá: sostuvo que la mejor política pública consiste en crear las condiciones necesarias para acceder a un empleo formal y planteó que Gobierno y empresarios deben trabajar para enfrentar el problema. También llamó a desarrollar estrategias para que a nadie le falte “un trabajo digno y adecuadamente remunerado”.
De este modo, una de las principales preocupaciones que viene golpeando políticamente al Gobierno terminó entrando por la puerta principal de la Catedral.
La economía entra a la fiesta
Aquí está probablemente la cuestión de fondo.
Sería un error interpretar unas pifias como demostración de un vuelco político nacional. Pero también sería equivocado aislar estos episodios del momento que atraviesa el Gobierno.
Como hemos analizado en estas páginas, las últimas encuestas vienen registrando un deterioro de las expectativas económicas y de la evaluación de la administración de Kast. A ello se suma un desempleo que alcanzó el 9,5%, una economía que no consigue el despegue prometido y un Banco Central que ha reducido sus perspectivas de crecimiento.
La propia frase presidencial —“que vuelva fuerte el trabajo”— reconoce indirectamente dónde se encuentra una de las heridas.
Las Fiestas Patrias son además un momento particularmente sensible para percibir el estado de ánimo social. A diferencia de las actividades partidarias o de los actos organizados por el Gobierno, las fondas, los desfiles y celebraciones masivas reúnen públicos heterogéneos. No constituyen una muestra estadística, pero exponen a las autoridades a una ciudadanía que no ha sido seleccionada previamente.
Y allí el protocolo tiene menos capacidad para ordenar las reacciones.
Eso es precisamente lo que parece haber ocurrido durante estos días.
Dos relatos de unas mismas Fiestas Patrias
Existe además una cuestión comunicacional que merece atención.
Una parte importante de la cobertura de estas primeras Fiestas Patrias presidenciales ha proyectado la imagen de normalidad institucional que La Moneda buscaba transmitir: Kast bailando cueca, improvisando versos, hablando de unidad nacional y encabezando las ceremonias tradicionales de septiembre.
Los registros ciudadanos muestran una escena más compleja.
No necesariamente desmienten la primera: la complementan. Hubo fiesta, hubo aplausos y hubo ceremonias desarrolladas normalmente. Pero también hubo pifias, gritos y expresiones de rechazo que tuvieron mucha mayor circulación en redes sociales que presencia en las páginas y pantallas de los grandes medios.
No hay elementos suficientes para atribuir esa diferencia a una decisión coordinada de silenciamiento. Pero la distancia entre ambas representaciones existe y vuelve a mostrar cómo teléfonos móviles y redes sociales han alterado el control tradicional sobre la imagen pública de los gobernantes.
Una ceremonia puede ser transmitida como un acto impecablemente institucional mientras, pocos metros más atrás, un teléfono registra algo diferente.
El malestar se cuela por las rendijas
Tal vez esa sea la imagen política de estas Fiestas Patrias.
El Gobierno buscó proyectar normalidad, tradición y recuperación. Kast dijo en el Parque O’Higgins que las cosas comenzaban a mejorar y llamó a confiar en que también mejoraría la economía.
Pero el malestar se coló por las rendijas.
Se escuchó días antes en Concepción. Volvió a aparecer en registros del Parque O’Higgins. Se hizo particularmente audible en San Bernardo. Y finalmente ingresó a la Catedral Metropolitana transformado ya no en una pifia, sino en una interpelación institucional: un desempleo de 9,5% convertido por el cardenal Chomali en “un grito en el cielo”.
No se trata de afirmar que Chile haya cambiado súbitamente de opinión política durante un fin de semana largo. Los procesos sociales son bastante más complejos.
Pero estas primeras Fiestas Patrias de Kast muestran algo que La Moneda difícilmente puede resolver con una mejor vocería o un ajuste comunicacional: cuando las dificultades económicas comienzan a instalarse en la vida cotidiana, el descontento deja de permanecer dentro de las encuestas y empieza también a escucharse en la calle.
Hoy vendrá la Parada Militar.
Será otro escenario, otro público y otro ritual. Habrá que mirar —y también escuchar— qué ocurre.
Simón del Valle
