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Presupuesto 2027: el ajuste fiscal frente a una economía que pierde empleos

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Con el desempleo en 9,6%, el Imacec de agosto en -1% y una inversión que perdió el dinamismo esperado, el Congreso comienza este lunes la discusión del Presupuesto 2027. El Gobierno promete crear más de 100 mil puestos de trabajo con Chile Despega, pero al mismo tiempo limita el crecimiento del gasto, reduce recursos en distintas áreas y apuesta a que la inversión privada reactive la economía. La discusión que se abre no será solamente sobre dónde recortar, sino sobre si la política fiscal es suficientemente expansiva para enfrentar una economía debilitada.

 

El Congreso inicia este lunes 5 de octubre la discusión del Presupuesto 2027 en un escenario bastante distinto del que esperaba el Gobierno cuando comenzó a diseñar su estrategia económica.

El desempleo llegó a 9,6% en el trimestre junio-agosto, un punto porcentual más que hace un año. La cifra no se explica únicamente porque más personas hayan salido a buscar trabajo: el número de ocupados cayó 0,9% en doce meses y los desocupados aumentaron 13%. También disminuyeron en 2,4% las horas efectivamente trabajadas. La Región Metropolitana registra, por su parte, una desocupación de 9,8%.

A ello se agregó el Imacec de agosto, con una contracción de 1% interanual, y el fuerte deterioro de las expectativas de inversión.




El cuadro plantea una pregunta que probablemente atravesará toda la tramitación presupuestaria: ¿qué debe hacer el Estado cuando la economía privada no genera suficiente actividad ni empleo?

Un presupuesto que crece poco

El Gobierno presenta el Presupuesto 2027 como una expansión del gasto público de 1,5% respecto de la ejecución proyectada de 2026. Si la comparación se hace con la Ley de Presupuestos originalmente aprobada para este año, Hacienda reconoce que el incremento alcanza a 2,7%.

La diferencia no es menor. El ministro Jorge Quiroz sostiene que la comparación correcta debe hacerse contra lo que efectivamente se gastará este año y explica que el ajuste fiscal comprometido por el Ejecutivo —unos US$6.000 millones durante el período— no significa necesariamente que el gasto nominal disminuya, sino que crecerá menos de lo que habría aumentado siguiendo su trayectoria anterior.

El problema es el momento en que se realiza esa contención.

Una política fiscal restrictiva puede ser razonable cuando una economía está sobrecalentada, la demanda crece demasiado rápido y aparecen presiones inflacionarias. Pero el escenario actual es prácticamente el inverso: la actividad está debilitada, el desempleo aumenta, el consumo pierde fuerza y la inversión ha decepcionado.

El propio Banco Central redujo significativamente sus proyecciones. Como ha destacado el economista Gonzalo Martner, la estimación de crecimiento del consumo para 2026 pasó de 2,7% a 1,7%, mientras la proyección para la formación bruta de capital fijo sufrió una corrección mucho mayor: desde un crecimiento esperado de 4,9% a una caída de 0,3%.

Es decir, precisamente los dos grandes componentes de la demanda interna —consumo e inversión— están mostrando debilidad.

Martner: el problema está también en los hogares

Martner, economista socialista y profesor de la Universidad de Santiago, volvió sobre este punto este viernes al analizar las últimas cifras económicas.

Su preocupación principal no está puesta solamente en las decisiones de inversión de las empresas, sino en las expectativas de los hogares y su capacidad de gasto. Cuando las familias temen perder el empleo, enfrentan menores ingresos o simplemente perciben un escenario económico incierto, postergan consumo. Esa caída de la demanda termina afectando al comercio, los servicios y finalmente también las decisiones empresariales de inversión y contratación.

El razonamiento es relevante porque invierte parcialmente la secuencia defendida por el Gobierno.

La estrategia de La Moneda ha descansado principalmente en mejorar las condiciones para la inversión privada mediante rebajas tributarias, agilización de permisos, invariabilidad tributaria y la denominada Ley de Reconstrucción. La expectativa es que esas señales produzcan inversión y que esta, posteriormente, genere crecimiento y empleo.

Martner viene sosteniendo una visión diferente. Ya en mayo advertía que combinar rebajas tributarias con recortes del gasto podía producir efectos contractivos en el corto plazo, mientras los eventuales efectos positivos sobre inversión aparecerían, si ocurren, más adelante.

La discusión deja así de ser simplemente contable. Se trata de determinar qué motor puede sacar primero a la economía de su debilidad actual: esperar una recuperación de la inversión privada o utilizar temporalmente una política fiscal más activa para sostener demanda, inversión y empleo.

Chile Despega: la respuesta del Gobierno

La Moneda ha reconocido la gravedad del problema laboral.

El 28 de septiembre presentó Chile Despega, un programa de $1,3 billones que pretende generar más de 100 mil empleos. El plan contempla acelerar inversión pública y obras de rápida ejecución, ampliar subsidios a la contratación, apoyar pymes y movilizar proyectos privados.

Existe, por tanto, un componente contracíclico en la estrategia gubernamental.

El punto que deberá aclararse durante la discusión presupuestaria es su magnitud y, especialmente, su efecto neto.

Parte importante de Chile Despega consiste en adelantar o acelerar inversiones que ya estaban contempladas, particularmente en Obras Públicas, vivienda, reconstrucción y proyectos comunales. No todo corresponde, por tanto, a gasto adicional.

El MOP calcula que su participación en el programa permitirá generar alrededor de 23 mil puestos de trabajo. Pero el presupuesto del propio ministerio crecerá solamente cerca de 1% durante 2027.

Simultáneamente aparecen disminuciones en otras áreas del Estado.

Los gobiernos regionales enfrentarían inicialmente una reducción cercana al 6%, aunque Hacienda ofrece recuperar recursos a aquellas regiones que exhiban mayores niveles de ejecución presupuestaria. Cultura cae en torno al 10%, mientras programas de Educación, patrimonio, sitios de memoria y otras áreas sufren reducciones que ya han provocado cuestionamientos incluso dentro del oficialismo.

Cada una de esas decisiones puede tener una justificación administrativa particular. Pero agregadas plantean una interrogante económica distinta: cuántos empleos genera el Estado mediante Chile Despega y cuánta actividad económica deja de generar mediante los recortes realizados simultáneamente en otras partidas.

El Estado acelera y frena al mismo tiempo

Ahí aparece una de las aparentes contradicciones del Presupuesto.

Por un lado, el Gobierno reconoce que existe una emergencia laboral y destina recursos a acelerar obras y subsidiar nuevas contrataciones. Por otro, aplica una política general de contención del gasto y reducción de programas.

Incluso un programa público que no tenga como objetivo explícito generar empleo paga salarios, contrata servicios, compra insumos y produce demanda en la economía. Lo mismo ocurre con los gobiernos regionales, cuya inversión tiene además un efecto territorial particularmente importante.

Por eso no basta con contabilizar los empleos que promete Chile Despega. Para conocer el impacto real del Presupuesto sobre la actividad habría que observar el impulso fiscal agregado: cuánto gasto adicional entra en la economía y cuánto desaparece por otra vía.

El economista Guillermo Larraín ha descrito precisamente el dilema que enfrentará el Presupuesto 2027: aumentar suficientemente la demanda agregada para contribuir a crear empleo sin poner en riesgo una situación fiscal que ya presenta restricciones importantes.

Porque el otro lado de la discusión tampoco puede omitirse.

Chile arrastra déficits fiscales, la deuda pública ha aumentado y el pago de intereses consume recursos crecientes. Hacienda argumenta que una expansión mayor del gasto podría deteriorar todavía más las cuentas públicas y terminar elevando el costo de financiamiento del Estado.

El debate real no es, por tanto, entre gastar ilimitadamente o no gastar. Es cuánto espacio fiscal existe, cómo utilizarlo y en qué momento económico hacerlo.

Quiroz reconoce que el daño es mayor y apunta al gobierno pasado

Las declaraciones realizadas este fin de semana por el ministro de Hacienda añaden un elemento especialmente significativo.

“El daño que tiene la economía, y en particular el sector minero, es más profundo del que yo había pensado”, reconoció Quiroz. Sin embargo, considera que esa constatación confirma la estrategia seguida por el Ejecutivo: reconstrucción, cambios tributarios, agilización de permisos y estímulos a la inversión. Sus comentarios siguen apuntando al gobierno pasado y reperfilando el gobierno de la «emergencia»

El ministro espera que el último trimestre muestre mejores resultados y proyecta que Chile podría crecer más de 3% el próximo año. Pero también define con claridad dónde deposita el Gobierno sus expectativas: “no hay nada que reemplace al dinamismo privado en términos de crecimiento”, señaló al Diario Financiero.

Quiroz identifica además a la construcción como el sector capaz de producir una recuperación laboral rápida y calcula que allí podrían recuperarse más de 100 mil empleos, eventualmente hasta 200 mil.

Ahí está probablemente la principal apuesta económica del Presupuesto 2027.

El Estado acelerará determinadas obras y utilizará subsidios para atravesar la coyuntura, pero el Ejecutivo espera que la recuperación estructural provenga fundamentalmente de la inversión privada.

La discusión que comienza

El Congreso discutirá desde este lunes cientos de partidas, programas y asignaciones. Habrá controversias sobre Educación, Cultura, regiones, salud, seguridad y organismos públicos. Cada recorte tendrá sus defensores y detractores.

Pero por debajo de esas discusiones existe una cuestión más general.

Chile entra a la discusión presupuestaria con 9,6% de desempleo, caída de la ocupación, un Imacec negativo y expectativas de inversión fuertemente corregidas a la baja. El Gobierno responde con un programa específico de empleo, aceleración de obras públicas y un Presupuesto que contiene el crecimiento general del gasto.

La incógnita es si ambas cosas son compatibles.

Chile Despega puede amortiguar parte de la crisis laboral. Pero si simultáneamente la reducción o contención de otras partidas disminuye inversión, empleo público, contratación de servicios y gasto regional, parte de ese impulso puede neutralizarse.

Esa será una de las preguntas económicas centrales que tendrá que responder el Gobierno durante las próximas semanas: si frente a una economía debilitada corresponde que el Estado actúe solamente como puente hasta que regrese la inversión privada o si la magnitud del deterioro exige una política fiscal contracíclica más intensa.

Desde este lunes, la discusión del Presupuesto 2027 permitirá comenzar a medir esa respuesta en pesos y no solamente en declaraciones.

 

Simón del Valle

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