
Chile no está condenado. Pero sí está atrapado en una actitud que lo debilita. Mientras no cambiemos el modo en que vemos y hablamos del país, seguiremos eligiendo líderes que nos prometen orden a costa de la esperanza. La actitud no es un detalle: es el punto de partida de toda transformación. Porque el vaso medio lleno no se ve… se construye. Juntos.














