En la última década, la migración irregular ha dejado de ser únicamente un tema de política pública para convertirse en un recurso retórico y simbólico en la arena política chilena.
Esta puñalada al pueblo crédulo, que sangra cada día en mayor desamparo, no terminará bien. No hay que ser profeta del desastre para vaticinar algo así, solo basta abrir bien los ojos, traspasar la plaza Italia e incursionar hacia el sur y poniente de la ciudad,
Para el politólogo chileno Juan Carlos Gómez Leyton, lo que está en juego en la segunda vuelta presidencial entre Jeannette Jara y José Antonio Kast no es un cambio de modelo, sino una disputa entre formas distintas de administrar el mismo orden neoliberal que se instaló tras el golpe de 1973 y que, según él, ha sido extraordinariamente exitoso en sus propios términos.
A quince días de la elección presidencial del 14 de diciembre, cuando todos los sondeos coinciden en un triunfo holgado de José Antonio Kast, emerge una propuesta tan inesperada como provocadora. El académico y filósofo José Miguel Arteaga ha elaborado un documento —mitad ensayo teórico, mitad plan de campaña, mitad experimento de IA— destinado a la campaña de Jeannette Jara.
La Red Nacional de Organizaciones Migrantes y Promigrantes expresó su “profunda preocupación” ante la crítica situación que afecta a decenas de familias migrantes que permanecen varadas en la frontera entre Chile y Perú.
La Coordinadora Nacional de Trabajadores NO+AFP emitió una dura declaración pública luego de que el medio Reportea revelara traspasos de dinero desde la Asociación de AFP hacia fundaciones y consultoras dedicadas a campañas de desinformación y operaciones digitales.
El debate de ayer no define la elección, pero sí delimita el tipo de país que se está discutiendo. Y en esa disputa por el sentido, por el marco y por la credibilidad, se juega buena parte del desenlace del próximo 15 de diciembre.
La decisión, inédita en la historia reciente de la Falange, podría incluso desembocar en la expulsión de su único expresidente vivo. Es un gesto que da cuenta de la tensión acumulada en un partido que, desde hace años, ha perdido fuerza electoral, presencia territorial y cohesión interna.
Por años se dijo que Eduardo Frei Ruiz-Tagle representaba a la “centroizquierda moderada”. Pero la realidad —política, histórica y judicial— es tozuda: Frei siempre ha sido un hombre de derecha, un conservador con lenguaje democratacristiano, un fiel exponente del orden y la elite tradicional chilena.
La reciente publicación del diputado electo Sebastián Zamora —un video que incitaba a “salir a limpiar las calles” ante un eventual triunfo de José Antonio Kast, acompañado de imágenes de militares ficticios portando armas— es más que una provocación en redes sociales.