
La política no espera al mediano plazo. Las familias evalúan el presente. Evalúan el precio de los alimentos, las cuentas de fin de mes, el empleo disponible y los salarios. Es ahí donde se construye o se pierde la legitimidad de un proyecto económico.
La paradoja es evidente. Cuando la ciudadanía comienza a exigir respuestas frente al deterioro económico, el Gobierno














