
Que un medio ultraconservador con es El Mercurio sitúe al 8 de marzo como “la prueba de convocatoria” y “el termómetro del futuro gobierno” no es un gesto inocente. Tampoco es necesariamente un ataque frontal. Es algo más interesante: es una medición. La derecha no está denunciando al movimiento feminista; lo está evaluando. Lo observa como actor político, como posible













