En su Cuenta Pública, el Presidente repitió una y otra vez conceptos como esperanza, responsabilidad y honestidad. Valores importantes, sin duda. Pero llamar a la esperanza no genera confianza por sí sola.
Si bien es innegable que el Gobierno de Kast quiere imponer sus ideas con o sin consentimiento del Parlamento su error consiste en creer que la democracia le confiere el derecho a gobernar como quiera, despreciando que en las cámaras legislativas existen diputados y senadores que también acaban de ser elegidos popularmente
La directiva nacional del Frente Amplio emitió una declaración pública en la que cuestiona duramente las acciones de cobranza impulsadas por la Tesorería General de la República contra personas con deudas del Crédito con Aval del Estado (CAE), calificándolas como abusivas y contrarias a los derechos de los afectados.
El gobierno de Kast no se endeuda por necesidad técnica pura. Se endeuda para construir la coartada que le permita aplicar un plan neoliberal de recortes en programas sociales. Esa es la artimaña. Y en esa operación, el Estado se convierte en un arma al servicio de la oligarquía empresarial contra el pueblo.
El gobierno impulsa recortes sociales y rebajas tributarias a las grandes fortunas mientras aumenta la deuda pública en 6.200 millones de dólares. En medio de una economía debilitada y un escenario internacional incierto, la apuesta abre interrogantes económicas y políticas cada vez más profundas.
Agrupaciones cuestionaron el tono y el contenido de los anuncios presidenciales sobre control migratorio y expulsiones, acusando una estrategia basada en el miedo, la estigmatización y el uso político de las personas migrantes.
La primera Cuenta Pública de José Antonio Kast no solo dejó anuncios, promesas y balances de gestión. También dejó algo quizás más importante: la aparición cada vez más visible de dos relatos enfrentados sobre el país.
Sin mayores sobresaltos transcurrió la primera Cuenta Pública del presidente José Antonio Kast, pese a los llamados difundidos en redes sociales a manifestarse contra los recortes presupuestarios impulsados por el gobierno y contra la denominada megarreforma económica actualmente en discusión.
La Cuenta Pública no abre un nuevo ciclo histórico. Más bien marca el momento en que el viejo ciclo deja de fingir que ha terminado. La cancha sigue siendo la misma; lo que cambia es que ahora se juega sin metáforas. Y en esa franqueza reside tanto su fuerza política como su vulnerabilidad democrática.
Bajo la retórica del orden, la seguridad y la eficiencia estatal aparece cada vez con mayor claridad una pregunta mucho más profunda: si Chile está asistiendo a un simple cambio de gobierno o al intento de una refundación neoliberal de largo alcance.