El reciente enfrentamiento entre el papa León XIV y el presidente estadounidense Donald Trump ha dejado de ser un simple cruce de declaraciones para convertirse en un episodio con implicaciones profundas en el mundo católico y en la política global.
A través de sus redes sociales, el mandatario criticó al pontífice estadounidense, acusándolo de “complacer a la izquierda radical” y de ser “débil ante la delincuencia” y “nefasto en política exterior”.
No es el triunfo de una nación, sino la aceptación de su decadencia. No fue elegido en el apogeo de su gloria, sino en el crepúsculo tranquilo de su confianza imperial. La elección del Papa León XIV nos habla menos de la grandeza estadounidense que de su repliegue. Que la Iglesia católica, una de las instituciones políticas más antiguas del mundo, haya estado dispuesta a
Los 133 cardenales reunidos en el Vaticano eligieron ayer como sucesor del fallecido Francisco a su par estadunidense-peruano Robert Francis Prevost, quien adoptó el nombre de León XIV. Antes de llegar al trono de Pedro, Prevost sirvió durante 20 años en Perú, donde se nacionalizó para poder ser nombrado obispo y es recordado por su gran cercanía con la comunidad.
El cardenal Robert Francis Prevost, de 69 años, fue elegido este jueves como el nuevo Papa de la Iglesia católica, convirtiéndose en el sucesor de Francisco y en el primer pontífice de origen estadounidense y peruano en la historia. Desde el balcón de la Basílica de San Pedro, tras la tradicional fumata blanca, se presentó al mundo como León XIV.