En Chile, cuestionar al Banco Central es casi un sacrilegio. Ninguna institución ha gozado de tanta autonomía, respeto y blindaje en las últimas tres décadas como este verdadero templo del neoliberalismo.
La vociferada reforma de pensiones no dio el ancho menos una respuesta digna. Se debe entender que debe seguir siendo una exigencia popular, sencillamente porque los más maltratados son los sencillos. Y si por alguna casualidad se debe volver a octubre, pues bienvenido sea.
El economista Andrés Velasco, invitado por el Banco Estado a una conferencia reciente, sostuvo con mucha seguridad que el bajo crecimiento, inversión y empleo presentes en la economía chilena es consecuencia de un sistema político disfuncional.
No es el cerro el que traiciona a los mineros. Es el neoliberalismo y su mezquina filosofía que precariza el trabajo, expone la seguridad de los trabajadores y pone el acento en la extracción de mineral a cualquier costo, sin que importe las vidas de la gente, ni su proyectos ni sus familias.
El progresismo actual se ha convertido en una herramienta ideológica compleja que, lejos de representar un auténtico cambio social, funciona como un mecanismo de legitimación del sistema económico neoliberal. Bajo la apariencia de una retórica inclusiva y políticamente correcta, este discurso permite la continuidad de las estructuras de poder económico y social existentes.
La agenda neoliberal sigue en pie y con buena salud. Se reconforta y fortalece con cada crisis que enfrenta los matices de diferencia que de tarde en tarde afloran en el sistema político más corrupto, mediocre y contrario a los intereses reales del pueblo de la historia.
En este dominio en el que se enarbolan soluciones que parchan y que vuelven a parchar, que requiere urgente cambios radicales y de fondo, es muy difícil que, sin la gente, sin mayorías alineadas tras un proyecto que se proponga cambiar las cosas en tiempos inmediatos, a corto, mediano y largo plazo, no se corra el riesgo de volver a la misma decepción de siempre.
Mientras los campesinos piden proteger sus formas de vida y limitar el libre comercio, el mundo mira hacia otro lado. David Ricardo está de actualidad. Su teoría de costes comparativos, es reivindicada por Tirios y Troyanos. Socialdemócratas, conservadores y liberales.
El 1% de los más ricos se apropiaba del 30% del ingreso hace 15 años, pues ahora, en tan corto plazo, ya se llevan para sus arcas el 50% del ingreso nacional. Los restantes 99% de la población debe conformarse con el otro 50% del ingreso, que si lo desglosados más finamente, nos daremos otra palmada en la frente, pues si agregamos la suma del 20% más rico, nos
Entonces, desde el punto de vista de una óptica de izquierda, y para articularnos en aquello que nos hace más eficientes, sería cosa de proponer un camino de inmediato, corto, mediano y largo plazo, cuyo horizonte estratégico sea superar este orden por otro que ponga al ser humano y no a la ganancia como el centro de su quehacer. Y podríamos partir por decidir salirle al