En el Día Nacional del Migrante, diversas agrupaciones migrantes exigieron su participación en el proyecto de nueva Constitución, el respeto de los tratados internacionales que reconoce la movilidad como un derecho humano y el fin a la discriminación xenofóbica.

 

En el marco de los cambios que atraviesa la sociedad chilena y su política, la carencia de credibilidad de las instituciones y los informes de diversas comisiones de derechos humanos como respuesta a la represión policial, las organizaciones migrantes también se han articulado, generando propuestas y demandando sus derechos.

 

En el Día Internacional del Migrante en una pauta convocada en el Museo de la Memoria a modo de relevar el derecho humano a ser migrantes y dar un espacio de análisis, crítica y opinión desde sus propios protagonistas.

 

Participaron Julio Moreira, de la Asociación de Venezolanos en Chile, Benigna Zambrano, representante de la Coordinadora Nacional de Inmigrantes en Chile, Francisco Basso y Eduardo Cardoza, voceros del Movimiento de Acción Migrante, junto a Alvaro Ramis, rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y la presentación de Francisco Estévez, director del Museo.

 

“Quienes estamos en Chile somos parte de un fenómeno social que tiene 140 mil años y que ha permitido constituir las sociedades globales que hoy existen” explicó Eduardo Cardoza, del movimiento que busca proponer acciones concretas para mejorar la condición de las personas migrantes. Lo cierto es que los cimientos de muchos países y naciones, incluido Chile, es consecuencia de los procesos de movilidad humana que “en la actualidad tiene dos sentidos: cuando las personas transitan de un lugar a otro mediante una acción voluntaria y cuando ocurre la migración forzada, en situaciones que hacen imposible seguir viviendo en el territorio” dijo Francisco Estévez.

 

Según el vocero del Movimiento de Acción Migrante, la condición de irregularidad migratoria sigue siendo un problema sistémico y estructural por cómo está fundada la legislación que  tiende más a penalizar que en resolver. Asimismo, Benigna Zambrano, de la Coordinadora Nacional de Inmigrantes en Chile, agrega que “la constitución del país que queremos debe ser con enfoque de derechos humanos, porque somos parte de la diversidad de esta nación, estamos con las demandas del pueblo y desde ahí reivindicamos nuestra participación”, y aunque todavía no se habla de cuotas para migrantes, se espera que contemple su participación como agentes sociales, asumiendo los tratados de primera, segunda y tercera generación.

 

Actualmente la Constitución permite la elección de una persona migrante cinco años después de adquirida la nacionalidad chilena. Cuestión que exigen cambiar porque “responde a una barrera más que anula la participación civil y política”, dice Beninga Zambrano.

 

Los tratados en materia de derechos humanos están ratificados pero no están internalizados “por lo que todavía existe discriminación y arbitrariedad dependiendo de los ingresos monetarios de las personas: hay un grupo que puede moverse libremente por el mundo gracias a sus recursos financieros y otras personas viven restringidas su movilidad internacional” dice Alvaro Ramis, basado en investigaciones sociales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. En ese sentido, invitó a la ciudadanía a reflexionar sobre discriminación y xenofobia, y al Estado a reconocer sus prácticas institucionalizadas que segrega a las personas migrantes por razones económicas. 

 

Respecto a la represión que se ha evidenciado de manera sistemática desde el 18 de octubre, Francisco Basso del Movimiento de Acción Migrante, afirma que se trata de racismo “porque si hacemos una evaluación de los muertos migrantes, son afrodescendientes”.

 

En la experiencia de Julio Moreira de la Asociación de Venezolanos en Chile, el decidir migrar fue una decisión trascendente que contempla un aprendizaje constante “en sumar a lo que el país necesita, por eso nos reunimos en asambleas, cabildos y diálogos ciudadanos“. Del mismo modo, Francisco Basso del Movimiento de Acción Migrante, exige a la sociedad en su conjunto hacerlos partícipes del proceso constituyente entendiendo que cada persona cuenta con un origen único y “se puede construir entre todos un país diferente”. 

 

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