Donald Trump trataba de “países de mierda” tanto a la parte norte se Centroamérica, (Honduras, Nicaragua, Guatemala y El Salvador), y hoy viene de lograr la aprobación de la construcción del muro en la frontera con México, con fondos provenientes del ítem del presupuesto militar.

El ideal del Presidente de Estados Unidos es que el gobierno progresista de México, que lidera Andrés Manuel López Obrador, detuviera a los inmigrantes de Centroamérica en el país azteca. AMLO, aplicando la doctrina Estrada, admite a todos los refugiados centroamericanos en su país, en consecuencia, en convenio con Estados Unidos, evita que ingresen por la frontera sur de Estados Unidos.

Las relaciones actuales entre los gobiernos de México y Estados Unidos es mejor que aquella que mantenían con los vendidos Presidentes del PAN y el PRI.

Tanto a Trump como a los gobiernos anteriores de Estados Unidos la democracia, especialmente en los países sudamericanos, les importa muy poco, (al fin y al cabo, sus habitantes no son más que una caterva de macacos que es muy fácil comprarlos y someterlos). Entre la dictadura de Castro y Ortega, por una parte, y la de Honduras por otra, la diferencia que existe entre Orlando Hernández y Ortega, por ejemplo, es que el primero es un “hijo de puta, pero es su hijo de puta”, mientras que el segundo es “comunista y come guaguas”.

Al parecer, Trump se ha convencido que hay que destinar dinero para los gobiernos del norte de Centroamérica, y así se lo roben los distintos gobiernos, algo llegará al pueblo, fundamentalmente a las policías, que debieran combatir el narcotráfico.

El Salvador tiene una historia trágica: una guerra civil, con muchos muertos, torturados y desplazados, que terminó, hacia los años 90, con un Acuerdo de Paz entre el derechista Partido Arena y el Frente para la Liberación Nacional Farabundo Martí. Entre medio, fue asesinado el hoy santo, Óscar Romero, y los famosos jesuitas de la UCA, (Universidad de Centro América), cuyos crímenes aún no han sido aclarados por la poca voluntad e ineficiencia de la justicia salvadoreña.

El ultraderechista Partido Arena y el ultraizquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional se han alternado en los gobiernos de la transición democrática. Los dos últimos gobiernos correspondieron a la izquierda, pero resultaron un fracaso, y uno de sus Presidentes, Funes, optó por refugiarse en Nicaragua bajo la presidencia de Daniel Ortega. (A veces, la ultraizquierda es un aliado objetivo de la ultraderecha).

El Salvador, desde los Acuerdos de Paz, está dominado por las pandillas, (denominadas las maras), entre ellas la más conocida es la Salvatierra, (y cada noche se reportaba más de 35 asesinatos, perpetrados por distintas pandillas (como otrora en Colombia, narcotraficantes y pandilleros pactaban con el Ejecutivo, el Legislativo, a veces con el Judicial, y con los políticos, en este país, por ejemplo, Pablo Escobar fue electo diputado suplente).

En febrero de 2018, el panorama se dio diferente: se eligió como Presidente de la República a un joven, de 37 años Nayid Bukale , (había sido alcalde de San Salvador, apoyado por el Frente Farabundo Martí, y luego expulsado de dicho Movimiento), esta vez sin el apoyo de ningún partido político importante, resultó elegido en la primera vuelta electoral, y hasta hoy cuenta con cerca al 90% del apoyo popular, debido a que ha logrado reducir, a sangre y fuego, la delincuencia de 36 a 0 asesinatos por día.

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El Presidente salvadoreño ya ha recibido de Estados Unidos y del Banco Centroamericano millones de dólares, a fin de armar a la policía y al ejército y poder exterminar a las maras.

La Asamblea Nacional tiene mayoría del ultraderechista e izquierdista Partidos Arena y del Frente Fara Martí para la Liberación Nacional, respectivamente, los cuales se han negado a aprobar el crédito de 105 millones de dólares, solicitados por el gobierno al Banco Centroamericano, para terminar con el plan de combate de las pandillas.

El domingo, 7 de febrero recién pasado, el Presidente Bukale convocó al pueblo frente a la Plaza de la Asamblea Nacional, ocasión en que él, acompañado de militares irrumpió en el Salón Azul de la Asamblea Nacional, con el objetivo de forzar la aprobación del crédito. (En el Parlamento apenas se encontraban 18 diputados de los 90 elegidos).

En el discurso del Presidente, pronunciado ante el pueblo a la salida de la Asamblea, rogó a los ciudadanos enfurecidos ante la negativa, que fuera paciente y espera una semana más, es decir, hasta el domingo, 16 de febrero, para aplicar el Artículo de la Constitución que permite la insurrección.

Ante esta presión, los diputados de ambos partidos hegemónicos pretenden conducir al Presidente ante los tribunales de justicia, y simultáneamente, algunos periodistas “youtubers” convocan a la ciudadanía a la insurrección.

Si bien los políticos salvadoreños no han ahorrado esfuerzo alguno para que la ciudadanía los desprecie, siempre la anti política es peor que la más débil y corrupta democracia, pues se abre una caja de pandora en que aparecen militares, dictadores, fascistas, pandilleros, oportunistas, corruptos, ladrones, asesinos, y otras hierbas de imbéciles que se aprovechan de la rebelión popular para robar el doble por el cual ellos acusaban a los políticos. Los cabezas calientes, los ultristas y maximalistas se convierten en los mejores aliados de fascismo.

Yo pienso que el anti politicismo, (en caso chileno es pinochetismo rojo), y en el caso de El Salvador, cuando el Presidente invoca a Dios no es más evangelismo trumpista, (de Trump).

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

15/02/2020

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