ENEL SPA es una empresa multinacional italiana de electricidad, cuyo su principal accionista, con el 23,6% de su capital, es el estado italiano. En Europa, su campaña publicitaria, orientada hacia un desarrollo cada vez mayor de energías renovables, con el fin de respetar el medio ambiente, no coincide exactamente con las quejas que la multinacional sigue recibiendo de las organizaciones civiles que viven al lado de las plantas de energia construidas en los países en vías de desarrollo por la empresa italiana.

Antes de ser privatizada, la antigua “Autoridad Nacional de Electricidad”, acrónimo de ENEL, nació en 1962 con el objetivo de definir una política eléctrica nacional, convirtiéndola en una herramienta para el desarrollo del país.

De hecho, el primer objetivo de ENEL era implementar la red eléctrica italiana, tanto dentro de sus fronteras, conectando las islas con el continente y las zonas rurales, en tanto fuera, conectando Italia con redes internacionales.

Las plantas construidas al comienzo de la creación de ENEL eran plantas termoeléctricas. El principal recurso utilizado para producir energía: petróleo, y esto hasta la crisis de los años 70. En 1975, el plan de austeridad, con la definición del primer plan nacional de energía, PEN, obliga a ENEL a reemplazar los hidrocarburos con otras fuentes de energía: principalmente, el recurso cada vez más utilizado será el carbón.

ENEL se ve obligado a reorganizar su situación tras el Decreto Bersani, en 1999, con el inicio de la liberalización del mercado eléctrico. A partir de aquí, ENEL ya no es la agencia energética estatal italiana, sino una empresa privada, que cotiza en la bolsa de valores, con accionistas y empresas que van mucho más allá de la península itálica.

La ascensión de ENEL al campo del comercio de electricidad a nivel internacional es cada vez más dominante. Actualmente ENEL posee plantas de energía en Europa, América, Asia y África y es la 84ª compañía en el mundo por facturación.

En Italia y Europa, la multinacional italiana se abrió camino en el mercado internacional a través de una campaña publicitaria basada en la reducción del impacto ambiental y la investigación de «energía verde» y el uso de «carbón limpio». Como demostración de este impulso ecológico, se creó Enel Green Power en 2008 (hoy Enel Green Power International).

Su dedicación en el respeto del medio ambiente le permitió formar parte de los programas de las Naciones Unidas en 2011: «Pacto Mundial de las Naciones Unidas», dedicado a implementar proyectos de sostenibilidad económica, social y ambiental; y el Programa Mundial de Alimentos – PMA – dedicado a la lucha contra el hambre mundial y el cambio climático.

Desafortunadamente, sus «esfuerzos» para respetar el medio ambiente no siempre son recompensados ​​en las Naciones Unidas: en 2013, una delegación de la Comunidad Ixil – Comunidades Indígenas de Cotzal don Concepción Santay Gómez -, pueblo indígena de Guatemala, ya había denunciado a la multinacional ante el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, Suiza, acusándolos de ocupar ilegalmente su territorio, a través de una ofensiva militar, apoyada por el gobierno guatemalteco, para la construcción de la central hidroeléctrica de Palo Viejo en la región Ixil de Guatemala.

Esta queja es la primera de una serie: si ENEL respeta el medio ambiente en el viejo continente europeo, no se preocupa por el respeto de los países en desarrollo.

 

La realidad de Coronel en Chile

No es casualidad que se mantuvieran varias conversaciones entre los meses de abril y mayo del año pasado entre el senador chileno Alejandro Navarro y el gerente del Grupo ENEL para Sudamérica, Maurizio Bezzeccheri. El senador Navarro, de la XII circunscripción de la región del Biobío, del País Progresista, ha estado acompañando a la sociedad civil de Coronel, de la región del Biobío durante casi 10 años, en sus quejas solicitando el cierre de la Central térmica a carbón Bocamina I y II, instalada en la misma localidad de Coronel.

La planta termoeléctrica produce energía utilizando el calor proporcionado por los combustibles fósiles (petróleo o carbón). Este método de producción es altamente contaminante, debido al alto contenido de azufre de estos combustibles. Sin embargo, los costos de construcción de una central termoeléctrica son mínimos y no requieren condiciones geográficas específicas. Además, en los países en desarrollo, los controles relacionados con la reducción de contaminantes son mínimos. El plan ideal para tener una buena ganancia con un costo bajo.

 

La situación en la región de Coronel con respecto a la central térmica de Bocamina no es una lucha reciente. La primera queja contra el Grupo Enel ya se había presentado en 2012, sobre los efectos contaminantes de la central eléctrica de carbón en el medio ambiente circundante.

En 2014, la Brigada de Delitos Ambientales – BRICIERNA – de la policía de investigación chilena – PDI – pudo determinar la presencia de metales pesados ​​(mercurio, plomo, níquel, cadmio y arsénico) en el suelo que rodea la central térmica. Los análisis de sangre posteriores de niños de la región de Coronel mostraron la presencia de un índice más alto de lo normal de níquel, arsénico, mercurio y cadmio. Otros análisis también confirmaron la presencia de asbesto en el lugar de trabajo.

 

La contaminación por la quema de carbón, el principal emisor de CO2 a la atmósfera, junto con otros gases de alta toxicidad, ha impulsado un plan nacional de reducción de emisiones. La polémica hoy no es el efecto desastroso de estas centrales sobre la atmósfera sino los plazos. Enel anunció el cierre definitivo de sus plantas a carbón Bocamina I y II de Coronel, al igual que el resto de termoeléctricas en todo Chile, por lo que el 31 de diciembre de 2023 estaría cerrada Bocamina I y a más tardar, informó la empresa, el 31 de diciembre de 2040 pasará lo mismo con Bocamina II. Veinte años a partir de ahora que pueden ser una eternidad para los habitantes de Coronel.

 

 

Por Elena Rusca

En Ginebra

Advertisement
Síguenos:
error1
Tweet 20