Crónicas de un país anormal

Piñera y la mezquina campaña de las cajas de alimentos; cómo subir en las encuestas con el hambre del pueblo

La gente olvida que nuestro pésimo mandatario llegó a tener el rechazo del 90% de los chilenos, y que se salvó, ya en las cuerdas, de verse forzado a tomar vacaciones anticipadas gracias al Covid-19, y con un triste récord de ser el peor Presidente en la historia de Chile.

Como ocurre con algunos personajes de la corrupta plutocracia que reina en el país, el jefe de Estado está convencido de que la “billetera fiscal” les pertenece, y debe ser distribuida entre sus parientes y amigos.

Para Piñera, gobernar no es educar, producir o servir a sus conciudadanos: usa el cargo entre otras cosas, para estar bien informado financieramente y acertar en las apuestas en la Bolsa de Comercio y, además, ganar aplausos y aceptación por parte de los ciudadanos.

Es difícil creer que el Presidente vaya a salvar empresas en las cuales no tenga intereses personales y de su familia, (el caso de Latam, por ejemplo, perteneció antes a la familia Piñera).

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Una de los pecados capitales de la plutocracia chilena está simbolizado en el millonario Federico Santamaría: era tan avaro que, para no gastar papel limpio, utilizaba los espacios de las páginas ya escritas; es famosa la anécdota con el millonario Cachiporra, en que Santamaría se dio el lujo de quemar un fajo de billetes en francos, de baja denominación, para preparar el té y, así, demostrar su poder económico. Juan Luis Sanfuentes fue otro Presidente especulador de la Bolsa y, además, repartía los cargos de jueces entre los ex balmacedistas, uno de partidos políticos más corruptos de la República Parlamentaria.

Al igual que el ministro Mañalich, Sebastián Piñera hasta ahora viene a caer en cuenta de que la mayoría de sus conciudadanos vive en la miseria, (muchos de estas personas, en la línea de la pobreza y de la miseria, se acuestan con hambre), y como buen alumno del Colegio del Verbo Divino, el Presidente recuerda las famosas “campañas del trigo”, mediante las cuales cada alumno, de este y de otros colegios, el hijo de dueño de fundo, aportaba un kilo de harina y/o de porotos, para luego distribuirlos entre los pobres.

Quien no haya estudiado en colegios católicos para “niños bien” no puede entender que la mentalidad del Presidente Piñera en la forma de hacer la caridad es la de regalar “canastas” de mercadería a los pobres y, de esta manera, tranquilizar, en parte su negra conciencia de abusador, aunque sería mucho más fácil depositar el valor de la caja de alimentos en la Cuenta Rut de cada ciudadano pobre.

No podemos culpar al Presidente Piñera que confunda el dinero recaudado en Impuestos Internos, que pertenece a todos los chilenos, con su peculio personal, (que no es poco). Es cierto, pues para los Piñera y los demás empresarios de este corte, la plata de Chile también es personal. (los únicos que pagan impuestos en Chile son las clases medias y los pobres: el IVA recauda  el 50%)

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Los comunistas, siempre “mal intencionados”, acusan al bueno de Piñera de introducir en las cajas de alimentos una carta personal, dirigida a los más pobres y necesitados de nuestra sociedad, en la cual se les explica que los quiere y los acompaña y sufre por su hambre.

Los plutócratas siguen creyendo que los pobres son borrachos, sucios, drogadictos y tontos, y que fácilmente se les puede engañar haciéndoles creer que el magnánimo Presidente había metido la mano en su bolsillo para financiar las canastas, pero la gente no es tan tonta, ni tan indigna – como eran los peones antes de la reforma agraria, cuya vida no era muy era muy lejana a la de los esclavos – y no se crean el cuento de Piñera para “ganar gracias con Avemarías ajenas”, es decir, entregar canastas con el dinero de todos los chilenos, pero los funcionarios a cargo lo hacían ver como un regalo del propio Mandatario.

En el pasado se compraba el voto de los “rotos” con la mitad del billete, y después de haber votado, se les entregaba la otra mitad…El gran político y diplomático Marcial Martínez se le ocurrió la idea de que en vez de que los candidatos compraran los votos, lo hiciera el mismo gobierno, estrategia que tendría la ventaja de que el Estado cohechador actuaría como un ejército organizado y jerarquizado, y no como un conjunto de mercenarios desordenados. (Lo juro que nadie podría creer, en pleno siglo XXI, que se llevara a cabo el consejo de don Marcial). Al menos, la plutocracia parlamentaria odiaba el sufragio universal, pues el voto de los “rotos” no podía valer igual que el de los “caballeros”, y el cohecho, por lo tanto, era un correctivo de esta funesta práctica.

Afortunadamente, se filtró el instructivo último para la entrega de las cajas de alimentación, que incluía, entre otras disposiciones, la de tomar fotos en una determinada posición del selfi, con rostros sonrientes y personas beneficiarias agradecidas por la bondad de “dios-padre que está en La Moneda”, a fin de poder ser enviada a la prensa con propósitos publicitarios.

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La varias veces utilizada primera dama, Cecilia Morel, (recordemos la famosa conversación sostenida con una de sus amigas, en la cual expresaba que el país estaba dominado por alienígenas, al referirse a los manifestantes del 18-0), ahora quiere lucirse entregando una caja, acompañada de periodistas y de algunos fanáticos y de otros no tan fanáticos funcionarios de este gobierno.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

11/06/2020

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  1. Gino Vallega says:

    Las crónicas “ilustradas” de RaLuGuRi tienen esa pátina histórica que las hacen creíbles porque los desmadres actuales vienen , con mínimos cambios , desde nuestra ancianidad como país evidentemente anormal. Extraña que los plutócratas actuales no tengan imaginación para hacer trampas “novedosas” que engañen al pueblo en vez de burlarse de él.La cajita feliz y las instrucciones de entrega , muestra a los entregadores como “pánfilos” de kinder incapaces de entender el proceso……
    y lo peor sería que SON ASÍ.

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