Los Papas, los Zares, los Emperadores y los jerarcas soviéticos y otros, necesariamente tienden a aspirar a la eternidad del poder. Los periodistas, en busca de titulares, comparan al ex Agente de la KGB, Vladimir Putin, con Pedro El Grande, con J. Stalin o, si no lo encuentran de su agrado, con Iván El Terrible.

De un funcionario gris de la KGB Putin llegó a convertirse en el gobernante perenne de una Rusia que ha pasado de la humillación, en la década de los 90, a ser hoy una potencia mundial odiada por occidente principalmente, pero que no ha dejado de estar como actor principal en todos los conflictos geopolíticos del siglo XXI.

Putin se ha dado el lujo de tener una participación importante en el triunfo de Donald Trump, en las últimas elecciones en Estados Unidos: odiaba a la candidata Hillary Clinton y la derrotó.

En otro orden de cosas, Estados Unidos se retiró de Siria, ya derrotado, y Putin aprovechó esta ocasión para que su ejército fuera el actor principal del conflicto sirio, y mantiene hasta ahora su apoyo al Presidente Bachad Al Assad, hechos que han significado que los actores principales de los conflictos del Medio Oriente, sean Turquía, Rusia e Irán.

En política internacional Putin aplica el pragmatismo, propio de un agente de la ex KGB: con Turquía, por ejemplo, Putin superó el atentado contra un avión soviético por parte del gobierno de Erdogan; (hoy, Turquía y los mercenarios rusos se encuentran en Libia, en bandos distintos, sin embargo, la alianza ruso-turca se mantiene).

El Presidente ruso, por otra parte, no se hace ningún problema en reunirse con Israel, en pactar y competir con Arabia Saudita en el tema del petróleo y, a su vez, en mantenerse como fiel aliado de Irán.

En el comienzo de su primer mandato Putin intentó lograr entendimientos con Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN, sin embargo, el derrumbe de la Unión Soviética y la independencia de 15 Repúblicas, fue aprovechado por los países occidentales para intentar incorporarlos, bien a la Unión Europea, o a la OTAN.

El conflicto de Crimea, que culminó con la incorporación de esta península a Rusia, terminó por envenenar la relaciones entre Europa y el gobierno de Putin. En cuanto a Estados Unidos, que domina con un solo dedo de la nano a la Unión Europea, usa la estrategia de los castigos económicos a quienes considera parte del “eje del mal” que, en el caso ruso, ha terminado en un búmeran: el pueblo ruso considera a Putin como un héroe que fue capaz de recuperar a Crimea, (lugar estratégico e histórico desde la emperatriz Catalina II, hasta la Segunda Guerra Mundial), y Sebastopol, su Puerto,  ha pasado a convertirse en el Puerto principal de la Armada rusa.

La clave del éxito del gobernante ruso podría encontrarse en su capacidad para devolver el orgullo al pueblo y recuperar su sitial como gran potencia a nivel mundial, perdida en el último decenio del siglo XX.

La gran preocupación de Putin reside en el peligro de la expansión del poder armado de la OTAN en Ucrania: Kiev, su capital, fue fundamental durante el imperio de los zares, y se encuentra a corta distancia de Moscú, (bastarían unos misiles de poco alcance para atentar contra Moscú).

Por otra parte, la alianza entre Rusia y China está más cerca del logro de constituirse en una gran potencia económica y militar en el concierto mundial, que pondría en peligro el predominio norteamericano; al respecto, estos aliados tienen claro que el Yuan terminará, a la larga, por reemplazar el petrodólar. El ciclo histórico pos Segunda Guerra Mundial estaría por terminar con un derrumbe catastrófico del imperio norteamericano.

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El gobernante ruso, Putin, entiende muy bien que se hace necesario la extensión del país más grande del mundo hacia el Ártico, por el norte, hoy transitable a causa del cambio climático y, a su vez, acercarse al Asia a través de la iniciativa de la Unión Económica Euro-asiática, que estaría conectada con la Ruta de la Seda, proyecto del gobierno chino.

Hasta ahora, las Repúblicas ex Soviéticas, Bielorrusia, (gobernada por Alexsander Lukachenko, que se vanagloria por ser el más antiguo dictador europeo Armenia), y Kazakistán, (estuvo en manos del dictador  NurSultan NazarBayer, cuyo gobierno duró desde la independencia de la república hasta ahora, y sintiéndose viejo, renunció, pero mantiene el título de líder eterno del país; reemplazó el nombre el antiguo nombre de la capital, Astana, por el suyo), Armenia  y  kirguistá forman parte de Unión Euro-asiática, cuya idea es prolongarse y extenderse a otras ex repúblicas soviéticas.

Más que resucitar la alianza que dio origen a la URSS, la idea actual de Putin es la de iniciar un recorrido que permita la penetración de Rusia, no sólo en Asia, sino también en África y en América Latina. En el caso africano, lo hace aprovechando las relaciones de la ex Unión Soviética con países como Mozambique, Angola, y otros más.

Putin, muy hábilmente, al acercarse el fin de su cuarto gobierno y no pudiendo ser reelegido según la Constitución rusa, propone reformas muy atractivas, entre ellas, entregar más facultades a la Duma, como de elegir al Primer Ministro, incluir el sueldo mínimo reajustable de los trabajadores, el predominio de las leyes rusas sobre los Tratados Internacionales, la invocación a Dios, (reconoce la religiosidad del pueblo ruso) y, por último, la elección del Presidente de la República por dos períodos consecutivos de seis años, (en este caso, no se aplicaría a Putin, quien podría gobernar doce años más, es decir, hasta completar 36 años de gobierno, superando, de lejos, a J. Stalin.

Los zares y los jerarcas soviéticos debieran tener las cualidades divinas y eternas que emanan del poder. Sería muy raro que un líder autoritario auto-limitara su permanencia en el poder, salvo que el destino y la muerte adelanten su final.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

08/07/2020

 

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