La historia puede ser analizada desde el punto de vista del progreso, (Codorcet, Hegel, Proudhon, Marx, y otros), o desde el “eterno retorno” nietzscheano. Para entender la personalidad del mandatario chileno actual podríamos recurrir a la segunda visión.

La plutocracia actual tiene muchos elementos similares a aquellos de comienzos del siglo XX, y me baso, entre otros documentos, en el libro de los historiadores Luis Barros y Ximena Vergara, El modo de ser aristocrático. El caso de la oligarquía chilena hacia 1900.

El actual Presidente es muy parecido a los personajes de la época parlamentaria: los autores, por ejemplo, describen al entones Presidente, Pedro Montt, como un hombre sereno, equilibrado y que, prácticamente no se relacionaba con el pueblo visitaba el manicomio que había financiado, y lo comparan con otro, Juan Luis Sanfuentes, de quien decían que no tenía otro vicio que el de la especulación financiera, en la Bolsa de Comercio.

Ayer como hoy, la plutocracia política es más bien rentista, es decir, en 1900 los plutócratas vivían de las rentas del salitre, minas explotadas por extranjeros preferencialmente, y a la plutocracia le bastaba con aprovecharse del impuesto; hoy lo hacen del cobre, la madera y el salmón.

Para convertirse en Presidente de Chile había que casarse con una mujer adinerada, ser miembro de un Banco, especular en la Bolsa, o bien, heredar la presidencia por el apellido, (en los comienzos del siglo pasado, los Errázuriz, por ejemplo, tuvieron varios Presidentes de ese apellido, así como cardenales y jueces, por la vía directa o colateral; actualmente hay que llamarse Piñera o Bachelet). Como antaño, hoy la monarquía es hereditaria, con apariencia de elecciones.

“La fortuna y su expresión, el dinero, son resortes principales de la sociedad moderna, en cuanto encarnan exterioridades de vanidad más importantes para los hombres que necesidades esenciales de la vida”.

La oligarquía podía vivir con lujo gracias al crédito bancario, pues terminaba no pagándolo debido a la pérdida del peso chileno frente a la libra esterlina. El Presidente Germán Riesco utilizó su poder para salvar un banco, que le pertenecía, presionando a su sucesor, Pedro Montt.

“La calidad de miembro de la élite, las relaciones partidistas, los vínculos de parentesco con personajes de figuración política, son títulos para el acceso preferencial a las riquezas fiscales”.

¿Qué pensaba la plutocracia de comienzos del siglo XX acerca de los pobres? Los miraban como seres inferiores que deberían ganarse el cielo por medio del trabajo y, sobre todo, por la sumisión al patrón. Los pobres eran considerados como “malos” cuando se rebelaban y no obedecían las órdenes del patrón, que se atribuía una autoridad moral frente a estos seres inferiores, (el roto bueno y el indio bueno es aquel que es servil y leal al patrón, que pasa a ser el protegido por él y su señora). Los autores citan, por ejemplo, el actuar de un patrón que envía dinero a una niña, cuya familia sirvió al patrón durante varios años.

En una de las Exposiciones universales de París, en 1900, el gobierno chileno quiso llevar a una representación del pueblo mapuche para exhibirlos como en un zoológico; un plutócrata, en las Cartas al Lector, reclamaba, no precisamente por caridad cristiana, sino porque los mapuches iban a dejar mal al país. Una señora, muy católica, estaba espantada al preguntarse por qué el Espíritu Santo le había dado una gracia especial al Padre Pío, “roto, feo y desastrado, de hacer milagros”.( ibid  144 148)

“Es cristiano que los caballeros quieran nivelar las clases levantando a los de abajo…lo diabólico es cuando los rotos imponen la liberación por la fuerza…” ( ibíd. 170)

Los plutócratas de entonces decían: “Es cierto que una de las reformas de corte liberal fue el voto universal, pero las condiciones de miseria e ignorancia en que se mantenía al grueso de los sectores populares, quitaron todo viso de realidad a esta medida”, es decir, cualquier reforma tendría que venir de las “clases ilustradas”, pero limitadas a causa de la “naturaleza grosera de los rotos” (ibid  174).

El prestigio del político se hacía evidente en el Club de la Unión, en el Congreso y en la Convención Partidaria, ni siquiera era necesaria, como se hace hoy, la visita a los “rotos”, menos el pedirles el voto, pues deben hacerlo cada cuatro años, para la reelección. Como antaño, la política es una diversión y transcurre a mucha distancia de los pobres, salvo las visitas de las señoras de plutócratas que acuden para apoyar con un pequeño obsequio a los más necesitados. (ibid 181)

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La crisis más parecida a la actual es la de los años 20, en que la plutocracia tuvo miedo de perder el poder por las acometidas de la “chusma”, azuzada por Arturo Alessandri, antes un diputado reaccionario que se convirtió en un demagogo populista y demoledor que, hacia 1925, a su vuelta del exilio, cuando todo el pueblo, incluidos los militares, eran partidarios de una nueva Constitución, se las arregló para imponer la Constitución de 1925, por medio del golpe de espada del inspector del ejército, Emilio Navarrete, sumado a un plebiscito fraudulento.

Los autores citados sostienen que “la crisis del 20 no es una crisis de crecimiento, expansión, de superación. Sus protagonistas no encarnan una nueva racionalidad económica, y no representan actividades nuevas…no se trata de enfrentamientos entre sectores sociales emergentes que ven en el orden tradicional un freno en su proyecto de acción. Muy por el contrario, es una crisis de estancamiento y descomposición” ( ibib  184).

La derecha actual, bastante ignorante si se compara con la de comienzos del siglo XX, al parecer, más por instinto de clase que por el saber histórico, está tratando de imitar las triquiñuelas del sinvergüenza y demagogo, jefe de la “execrable camarilla”, don Arturo Alessandri. A la derecha ya no le quedan trampas (como la de 2005, acordada con el entonces Presidente Ricardo Lagos), no le resta otra salida que el intento de movilizar sus huestes reaccionarias, en una primera instancia para imponer el rechazo a una nueva Constitución, si no le da resultado, recurrir a la utilización del alto quórum de 2/3 para detener cualquier cambio fundamental en la Carta Magna.

Basta con leer la recopilación de “piñericosas”, efectuada por The Clinic, para captar que el Presidente Sebastián Piñera es el mejor representante de la clase plutocrática perenne que, aunque parezca mentira, no es muy distinta de la de comienzos del siglo XX, y como diría el poeta Vicente Huidobro, Chile es un largo lagarto muerto, corroído por una plutocracia especuladora, corrupta rentista, e incapaz por siglos de haber creado una industria nacional, y sólo buena para vivir, antaño de las rentas del enclave salitrero, y hoy, del cobre, la madera y el salmón. Se trata de vivir bien sin trabajar, que esta labor se la deja “al buey”, es decir, a los pobretes que se ven obligados a trabajar de sol a sol para ganarse el pan de cada día.

Ojalá esta vez no asistamos a un nuevo intento frustrado como ha acontecido a través de nuestra historia, que la plutocracia imponga sus supuesta superioridad moral y hegemonía por la gracia de Dios.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

 

 

 

16/02/2020

Bibliografía

Luis Barros y Ximena Vergara, El modo de ser aristocrático. El caso de la oligarquía chilena hacia 1900, Edit. Aconcagua, s/f, Santiago         

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