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Delicias del desenfrenado consumismo

Nuestra sociedad capitalista e individualista, donde impera el descarado abuso, vive a expensas de un consumidor enfermo. Bombardeado, manipulado a diario por la publicidad, que le ofrece créditos, tarjetas, premios, descuentos y fechas donde consumir, no le da tregua. Pirotecnia de oportunidades, para lograr la felicidad. No consumir, abstenerse de lograr los bienes materiales de la tierra, vendría a ser la antítesis de la modernidad. Lo viejo, bien se puede traducir en el oscuro pasado de nuestra civilización. Al principio, se vivía en las cavernas, después en las chozas, en las aldeas y se termina en los pueblos y en las ciudades. Una evolución, donde se presume que el ser humano ha logrado la convivencia, la confraternidad universal. Antaño, las guerras diezmaban a la población, hoy se circunscriben a sitios acotados y pareciera que nadie se preocupa de ellas. Mueren tantos como en el pasado. También las pestes, sobre todo en la Edad Media, aniquilaban a ciudades enteras y hoy han regresado para quedarse. Semejantes tragedias vuelven en gloria y majestad, lo cual vendría a ser un mal recuerdo que deja de serlo. Pestes, guerras, terremotos, tifones es nada, si podemos consumir, disfrutar de los bienes materiales y olvidarnos de vivir endeudados, más allá de nuestra existencia.

Se ha incorporado a la cultura, más bien metida a la fuerza, necesidades que no lo son. Ahora existe el día de la madre, del padre, de la niñez y las fiestas religiosas, fechas donde quien no hace un regalo, es una persona mezquina. A estas “necesidades” se ha agregado el día de la soltería y en breve, se va a incorporar el de la viudez. ¿Y por qué no el día del desamor? En México se agrega el día del compadre, donde todos son compadres. Hay culturas, donde se acostumbra llevar al cementerio, regalos a los muertos e incluso de comer, pues continúan viviendo en el imaginario popular.

No es lo mismo presentarse con un ramo de flores adonde la persona querida, pues tal sentido del amor hacia la naturaleza, se ha perdido. Extraviado en la noche. Se vive la urgencia. Ese olor a romanticismo se extravió hace años y las nuevas generaciones, lo desdeñan. Hay quienes lo califican de antigua cursilería. Las necesidades de nuestro tiempo son otras, desde luego, pues la dinámica de la civilización no puede frenarse. Sin embargo, por desgracia, encaminadas a crear una sociedad, donde impere la ramplonería. Individualista, sin atisbos de solidaridad, pues así es más fácil de manipular y dominar al consumidor.

Era costumbre, hace algunos años, encontrar floreros en las casas y en los lugares de trabajo, donde había calas, rosas, crisantemos y los infaltables claveles, que alguien cortaba para ponérselo en el ojal de la chaqueta, en la oreja o entre la cabellera. Aún recuerdo al alcalde de mi pueblo natal, don Casimiro, que siempre tenía una rosa en el ojal. Las flores, símbolos de la vida, vinculadas al despertar y amor hacia la tierra, han sucumbido a la modernidad. Una sociedad dotada de inteligencia, y por sobre todo de sabiduría, sabe cómo aprovechar las virtudes del pasado e incorporarlas al presente.

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Hoy, casi nadie regala un libro, envía una carta donde se ha incluido un poema famoso, o uno de la propia cosecha. Cuesta encontrar sobres y estampillas de correo. Aquella delicadeza de antaño de hablar sobre la intimidad, sentados a una mesa, se ha sustituido por el uso del celular. El amante moderno, que nos acompaña a diario. Al principio, el ser humano andaba con un garrote, después lo sustituyó por una lanza, flechas, una espada y enseguida, armas de fuego. Surge una época, donde las armas personales ceden y se abren espacios de fraternidad. El celular si no se utiliza como un instrumento destinado a abrir zonas a la cultura, al conocimiento y a la solidaridad, puede conducir a la alienación. Droga de la falsa felicidad.

 

Por Walter Garib

 

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Escritor

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  1. El consumismo enloquece, embrutece y convierte a los seres humanos en zombies que en vez de pedir: ” cerebros, cerebros”, piden, ” necesitan” nuevos juguetitos, desde autitos, plasmas, la última gama de telefonos, etc. que les permita adentrarse en un mundito personal, donde nada más existe, nada, ni sus más necesarios elementos para subsitir, y si caen enfermos, ahí abren un poquito los ojos y salen a protestar porque tienen que pagar “mucho” para poder ser atendidos en las cagadas de hospitales públicos, porque no tiene para pagar los excelentes hospitales privados. o cuando hay desabastecimiento de agua, culpan a medio mundo y no a los que los metieron en esta mierda, o cuando jubilan se dan cuenta que el mundo que les pintó josé piñera era solamente eso, una pintura. Después de 30 años de consumismo desenfrenado, ¿cambiarán los chilenos su forma de vivir actual para vivir una realidad que los haga vivir decentemente y con dignidad? NI CAGANDO.

  2. Si se consume mucho , es porque hay “billullo” y alcanza….pero no es así ; hay deuda y sobre la deuda se consume porque “hay que mover el comercio”
    nos dice el ministro de salud(!)..ni hablar del rey Pi y el ministro de las platas.Este mundo distorsionado donde hasta los “sin casa” , los en calidad “de calle” tiene su guapo Mcteléfono y los arribistas se gastan nuevas deudas para estar una semanita en Viña ,donde no conocen a nadie ,pero el “pelo te brilla”.Habrá pronto una vacuna contra el “consumismo exacerbado” ?Os ,dejo porque debo ir a comprar algo…….

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