Crónicas de un país anormal Política

La Falange ¿fascistas o compañeros de ruta?

En el catolicismo de los años 30 se produce en el seno de la iglesia una gran disputa: por un lado, los conservadores, partidarios de Franco – en España – y por otro, los socialcristianos, muchos partidarios de los valientes curas vascos, que pelearon a favor de la República.

En el plano intelectual, la controversia a “muerte” entre Jacques Maritain y los católicos tradicionalistas se daba en la dialéctica y, sobre todo, la interpretación del tomismo; Maritain era profesor del Colegio de Francia, y tenía algunos discípulos chilenos, y los más notables eran Eduardo Frei Montalva y, tan importante como él, el líder de la juventud falangista, Jaime Castillo Velasco. Mi abuelo Gumucio era el “padre espiritual” de todos los jóvenes de la Falange, (discípulos que almorzaban con su maestro cada domingo, en su casa, en la calle Riquelme, mientras yo jugaba con un trencito recién regalado).

El protocolo de estas reuniones dominicales era respetado, tanto en puntualidad, como en asistencia, y a  la diestra estaba siempre Bernardo Leigthon, el hijo putativo predilecto de mi abuelo y “hermano” de mi padre; a la izquierda, el asiento lo ocupaba Eduardo Frei Montalva; ocurría que en esos ágapes la cercanía del jefe era muy disputada por Manuel Sánchez Ugarte, Ignacio Palma, Tomás Reyes y, un poco más tarde, Radomiro Tomic, oriundo de Antofagasta, cuyo apellido era croata.

Nada más difícil ser el “hijo” de un líder, pues es opacado, con frecuencia, por sus camaradas, que se disputan los lugares privilegiados. En el caso de mi padre, el jefe de la Falange era Manuel Garretón, (padre de Manuel Antonio) quien junto con  Eduardo Frei, viajaron por Europa, donde se reunieron con el líder de CEDA, (Confederación Autónoma de las derechas españolas), conglomerado que mezclaba el catolicismo con el fascismo, dirigido por José María Gil Robles. También tuvieron la oportunidad de visitar al Papa Pío XII, a quien se le imputaban tendencias nazis.

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Si bien Garretón leía a Ramiro de Maestú, (inspirador del fascismo español), mi padre y Bernardo Leighton, al contrario, eran admiradores y partidarios de los curas vascos, y aplaudieron la visita a Chile de Indalecio Prieto, uno de los líderes del Partido Socialista Obrero Español, (PSOE), que había formado parte del Encuentro de San Sebastián, que abrió el paso a las ideas republicanas.

Mi abuelo, en su época de catolicismo reaccionario, confesaba que odiaba las Encíclicas y, agregaba que el Papa, León XIII, ´estaba loco´, pero muy pronto descubrió que la derecha conservadora, en vez de luchar por las libertades públicas, sólo lo hacía por el dinero, y que los seguidores de esta tendencia admiraban a Mussolini y lo consideraban ´el salvador´ de la Italia que estaba en manos de caer en manos del comunismo. (Mi abuelo, Manuel Rivas, fue embajador en Italia, y mi madre nos cantaba el himno fascista “Juventud”); por su parte, mi abuelo Gumucio había pasado de conservador fanático a martainiano progresista, es decir, a “democratacristiano”.

La mayoría de los curas en Chile eran españoles reaccionarios, y el mismo obispo de Santiago, José María Caro, oriundo de Iquique y perteneciente a una familia pobre, había sido tan reaccionario que escribió, con mi bisabuelo, Rafael Benigno Gumucio Larraín, una Carta Pastoral, en la cual decía que el votar por el candidato liberal, Germán Riesco, era un pecado, (la verdad es que este Presidente, de modales pulidos, era bastante ladrón, y aún se le perdona la ´matanza de la huelga de la carne´).

Mi abuelo Gumucio, que era un católico practicante, (incluso ofreció su casa para ocultar a Carlos Ibáñez, cuando fue derrocado, en 1931), tenía un defecto (¿o cualidad?), la de ser en extremo apasionado: odiaba, por ejemplo, a don Arturo Alessandri, a quien le hacía tapas y le gritaba insultos, desde el balcón de la actual sede de la Intendencia, que antes era propiedad del Diario Ilustrado; en un momento dado, le llegó una piedra a la cara y la hizo sangrar, y don Arturo envió a su hijo, Jorge, el reaccionario de la familia, para rogarle a mi abuelo que no siguiera provocando a “la chusma inconsciente”.

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La disputa entre mi abuelo y el cura Pérez es una verdadera pieza literaria entre los católicos fascistas y los seguidores de Maritain y de Bernanos.

Mi padre, durante su vida, me juró que en octubre de 1938 votó por don Pedro Aguirre Cerda, (aún lo dudo). Mi abuelo jugó un papel muy importante en la lucha por convencer a los católicos de que el nuevo Presidente no iba a mandar a sus partidarios a incendiar iglesias, como sí había ocurrido en España en 1931, por el contrario, durante el período de este Presidente se realizó un Congreso Eucarístico, en Santiago; además su esposa, doña Juanita Aguirre, era bastante beata.

En general, nuestra familia vivía como los errantes, pues a mi madre lo le gustaba ninguna de las casas que arrendaba, por ejemplo, la de la calle Bulnes, o la de Sánchez Fontecilla, y otras más; en esos tiempos Chile era más pobre que hoy, y las empleadas domésticas para los quehaceres de la cocina o las encargadas del cuidado de los niños, eran muchas, y para los niños chilenos de esa época las “nanas” vivían su primer contacto con la femineidad, (con toda razón, en El cautiverio feliz , de Pineda y Bascuñán, ningún español quería volver a la civilización cristiana, y ojalá, algún día, el territorio mapuche vuelva a extenderse desde el sur del Bío Bío al extremo austral de América).

Mi padre nos matriculó en el Colegio de Los Sagrados Corazones, gratis, para Juan y para mí, pues mi tío Esteban era el Provincial de la Orden, y yo era el más chico y también más tímido de la primera preparatoria, y no comprendía nada de lo que los profesores enseñaban y nunca pude memorizar, por ejemplo, las tablas de multiplicar, y sólo recuerdo haber oído sobre las amebas, que creía eran gelatina.

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Mi tío Esteban apreciaba a los niños y aún recuerdo sus historias inventadas para tratar de motivarlos. Sus cuentos yo los catalogaba mejor su poesía, que luego fue musicalizada, con gran aceptación de los fieles.

Los colegios de curas, a mi modo de ver, son peores que los campos de concentración, y tienen un panóptico para vigilar a los niños díscolos, que nunca se acostumbraron a las reglas de disciplina escolar.

A partir del primer año me negué a asistir a clases, y deambulaba por las calles leyendo libros que no entendía, entre ellos, las obras de Plauto y sobre todo, la Interpretación de los sueños, de Sigmund Freud, que marcaron la época en que las pulsiones sexuales comenzaban a despertarse en mí. (Según el filósofo normando, Michel Orfray, Freud era un abusador de las mujeres vienesas, en los comienzos del siglo XIX y comienzos del XX, que pagaban abultadas sumas de dinero para curarse de su histeria.

(Esta historia continuará)

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Rafael Luis Gumucio Rivas El Viejo

02/04/2021

Bibliografía

Gumucio vives Rafael A

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Apuntes de medio siglo

CESOC 1994

 

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Historiador y cronista

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  1. Felipe Portales says:

    Estimado Rafael: ¿Por qué no creerle a tu padre, si la Falange se separa del Partido Conservador por profundas razones ideológicas, pero ciertamente el quiebre político lo representó el que aquella no apoyara a Ross y decretara “libertad de acción”?; típico eufemismo chileno para rechazarlo completamente. Y que precisamente Horacio Walker esperó que pasaran las elecciones para “reorganizar” la Falange. Otro eufemismo para liquidarla políticamente. Y de allí que fueron prácticamente echados del viejo partido. Aunque la separación se habría dado de todas maneras, dado el abismo existente entre ellos.

    En todo caso la única duda, en ese contexto, es si votó por PAC o votó en blanco (o nulo). Porque si no hubiese ido a votar se habría sabido sin duda alguna.

  2. Buenos recuerdos familiares que se unen a la historia política del país. Es habitual encontrar testimonios que afirman que por el hecho de que los falangistas no respaldaron a Ross, sus votos habrían ido a PAC. Yo dudo de esa versión porque si uno lee a sus intelectuales de esa época su discurso doctrinario se apega estrictamente a la “Carta de la Independencia”, de Maritain publicada en la revista “Presente” de Editorial Ercilla en 1936, que para Jaime Castillo fue un documento fundacional del pensamiento político falangista. La “Carta de la Independencia” es clarita en rechazar tanto a la derecha (el fascismo) y la izquierda (el Frente Popular, que en Francia era el de León Blum y en Chile Pedro Aguirre Cerda). La “independencia” es tanto de la derecha como de la izquierda. También debe recordarse los documentos eclesiásticos que condenaban como pecado votar por la izquierda o sus aliados que los falangistas, obedecían como mandatos divinos, y muchos lo hacen hasta el día de hoy. Si le independencia consistía en postular una alternativa distinta a la izquierda y la derecha, me parece verosímil que no apoyaran a PAC. Además, no hay documentos de la época que lo comprueben.

  3. Patricio Serendero says:

    La DC es para todos los efectos un partido de Derecha convertido en agencia de empleos. La base donde se asienta su filosofía, o sea la Iglesia Católica (aunque las otras no le van en zaga) es reaccionaria y por lo tanto, mayoritariamente de Derecha. La DC como Partido todavía le debe una explicación a los chilenos por su activa participación en la preparación del golpe de Estado. Desde el primer momento del Gobierno Popular de Allende estuvieron en contra. Basta recordar al “Enano Maldito” (Andrés Zaldívar) como bien lo llamaba el popular diario Puro Chile, organizando una corrida bancaria desde su puesto de Ministro de Hacienda apenas elegido Allende y antes que este asumiera. Y hoy en el Parlamento, continúa fiel a su legado donde prácticamente siempre está a favor de los ricos y la Derecha. No existe una Tercera Via, como todavía sueñan los románticos de la “Promoción Popular” y “Revolución en Libertad” . Y la gente de izquierda que tenía salió hace rato para crear el Mapu primero y la Izquierda Cristiana después.

  4. Felipe Portales says:

    Estimado Marcelo: En realidad la historia de la Falange independiente no se ajusta a lo señalado por usted. De hecho muy pocos años después (enero de 1942) apoya al candidato del PR, Juan Antonio Ríos, quien es elegido presidente apoyado por una amplia alianza que va desde algunos grupos liberales hasta el PC, para enfrentar al grueso de liberales y a todos los conservadores partidarios del eje nazifascista en plena guerra mundial y que apoyan al oportunista Carlos Ibáñez del Campo. Luego, como señala Rafael, estuvo a muy poco de apoyar a GGV en 1946. Y, lo que es más importante, se opuso, en conjunto con partidos de izquierda (¡con excepción de uno de los PS que la apoyó!) a la Ley de Defensa de la Democracia (“maldita”) aprobada en 1948; y también a la grotesca ley de sindicalización campesina de 1947 destinada a impedirla efectivamente, hasta que 20 años después (en 1967) se aprobó una ley efectiva en la materia. También, durante el peor período represivo de González Videla, la Falange Nacional se integró al FRAS, pacto opositor conformado también por socialistas (de Allende y Ampuero), agrarios y radicales disidentes. Luego, en 1952, apoya al PR, Pedro Enrique Alfonso, con la condición de que derogue la Ley Maldita una vez elegido. Solo en 1958, ya como PDC, iba a empezar su “camino propio”.

  5. Renato Alvarado Vidal says:

    Sr. Gumucio, me temo que se excedió en algunos miles de kilómetros; el territorio mapuche nunca llegó hasta el extremo austral de América, sólo hasta la porción norte del archipiélago, y esto mediante el genocidio del pueblo chono. Por favor no haga desaparecer a tehuelches, selknams, kaweskars, yámanas y otros.

  6. Don Felipe; es cierto el listado de hechos que ud. señala desde 1942 en adelante, pero no resuelve el punto de si la Falange apoyó o no a PAC en la inflexión del 38 que levantó un programa de izquierda que después dejó de lado. Mientras no existan pruebas documentales (de la época) que acrediten una u otra posición, solo podemos especular o dar crédito a testimonios individuales pero no de políticas institucionales. En el caso de la “libertad de acción” que ud. indica, no tendría por qué haber sido vinculante con una de las posiciones, porque con estas políticas las decisiones siempre son “abiertas”. No obstante, si se revisa la literatura de la época, en el libro “La política y el espíritu” de Eduardo Frei (1940), se puede comprobar un claro discurso distante del Frente Popular (p. 96) y el postulado de una alternativa a la derecha, a la izquierda y lo que llama el “centrismo radical”, (p. 116-117) que él llama revolucionaria en las páginas siguientes y cuyas ideas serían un antecedente del “camino propio” que ud. ha traído al caso.

  7. Felipe Portales says:

    Lo que es claro es que rechazaron completamente a Ross, lo que dado lo estrecho de los resultados, fue seguramente decisivo para el triunfo de PAC. Tan así se entendió en la época que el Partido Conservador -que ya había tenido profundas diferencias ideológicas y políticas con la Falange- terminó virtualmente por expulsarla. En este contexto, bien poco importa si Gumucio y otros terminaron votando por PAC o absteniéndose. Y como usted reconoce, en su comportamiento práctico, EN TODA SU HISTORIA (1938-1957) la Falange Nacional independiente privilegió las alianzas con los demás partidos de centro-izquierda (el apoyo a Cruz Coke en 1946 se dio en el contexto de su clara identificación socialcristiana, que ya en segunda vuelta abandonó para hablar de la “reunificación de las derechas”, lo que la Falange rechazó indignada) y de adopción conjunta de apoyo a políticas sociales progresistas. Su misma incorporación al Gabinete de “Sensibilidad Social” de GGV (junto con los conservadores social-cristianos y democráticos; pero sin los liberales ni los conservadores tradicionalistas) se hizo bajo la condición de cambiar la política económica liberal que había conducido su ministro de Hacienda Jorge Alessandri; y terminar con las aristas más represivas de la LDD, incluyendo, por cierto, el cierre del campo de concentración de Pisagua. Además, para entender el “camino propio” del PDC a partir de 1957 es fundamental tener en cuenta que el FRAP en 1956 rechazó tajantemente a priori cualquier nueva alianza con los partidos de centro (leáse PR y FN principalmente). En esto, evidentemente, además de una radicalización ideológica, influyó el haber sido traicionados por GGV y luego por Ibáñez, a quien apoyaron en 1952 los mayoritarios socialistas populares de Almeyda, Altamirano, Ampuero y Rodríguez. Incluso el PDC (que incorporó en su interior a sectores del conservadurismo social cristiano y agrario laboristas de posiciones centro-derechistas; los Zaldívar, Musalem, Echavarri, Hamuy, etc.) le pidió infructuosa y penosamente el apoyo del PL a la candidatura de Frei en 1957. En esta época comenzó el cisma suicida de la centro-izquierda chilena que culminaría en el trágico golpe de 1973 y la subsiguiente dictadura terrorista neoliberal de Pinochet.

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