
Perú en vilo: Roberto Sánchez toma una estrecha ventaja sobre Keiko Fujimori y la elección entra en horas decisivas
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El candidato de izquierda supera por un estrecho margen a la líder conservadora cuando ya se ha escrutado más del 94% de los votos. Sin embargo, cientos de miles de sufragios aún deben ser revisados y el desenlace permanece abierto.
Perú amaneció este lunes sumido en una nueva jornada de incertidumbre electoral. A medida que avanza el conteo de votos de la segunda vuelta presidencial celebrada el domingo, el candidato de izquierda Roberto Sánchez logró revertir la ventaja inicial de Keiko Fujimori y pasó al frente por una diferencia mínima que mantiene al país en suspenso.
Según los datos oficiales de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), con poco más del 94% de las actas escrutadas, Sánchez obtenía el 50,04% de los votos válidamente emitidos, mientras que Fujimori alcanzaba el 49,96%. La diferencia equivale a menos de diez mil sufragios en un universo de millones de votantes.
Pese al cambio de tendencia, el resultado está lejos de estar definido. Permanecen pendientes de revisión actas observadas e impugnadas que involucran alrededor de 450 mil votos, un volumen suficiente para modificar el resultado final. El proceso podría extenderse durante varios días.
«Estamos muy confiados y optimistas, con tranquilidad para respetar los resultados al ciento por ciento», declaró Sánchez a la prensa mientras continuaba el escrutinio.
Un escenario que recuerda a 2021
La evolución del conteo ha despertado inevitables comparaciones con la elección presidencial de 2021, cuando Keiko Fujimori se enfrentó a Pedro Castillo en una de las contiendas más ajustadas de la historia reciente peruana.
En aquella oportunidad, los primeros resultados favorecieron a la candidata de derecha, pero el avance del escrutinio de las zonas rurales terminó inclinando la balanza hacia Castillo, quien se impuso por apenas unas décimas porcentuales.
La situación actual presenta características similares. Los votos de Lima Metropolitana y de las principales ciudades del país —tradicionalmente más favorables a Fujimori— suelen contabilizarse con mayor rapidez debido a las mejores condiciones logísticas y de conectividad.
Por el contrario, las regiones rurales, andinas y amazónicas, donde Sánchez concentra gran parte de su respaldo electoral, demoran más tiempo en transmitir sus resultados. A medida que esas actas ingresan al sistema, el candidato progresista ha ido reduciendo la distancia hasta pasar al frente.
Un país profundamente dividido
Más allá del resultado final, la elección confirma la persistente polarización de la política peruana.
Keiko Fujimori representa la continuidad de una corriente conservadora que mantiene una importante influencia en los sectores empresariales, urbanos y de mayores ingresos. Su candidatura también moviliza a quienes ven en el fujimorismo una garantía de estabilidad económica frente a los constantes episodios de crisis institucional que han marcado la última década.
Roberto Sánchez, en cambio, ha construido su campaña sobre una crítica al modelo político y económico vigente, apelando especialmente a los sectores populares, trabajadores y habitantes de regiones históricamente postergadas por el centralismo limeño.
La estrechez del resultado refleja la existencia de dos visiones de país prácticamente equilibradas en términos electorales.
Días de tensión política
La experiencia peruana reciente sugiere que las próximas jornadas podrían estar marcadas por controversias legales, impugnaciones y disputas sobre la validez de determinadas actas.
Los antecedentes de 2021 permanecen frescos en la memoria colectiva. Tras la derrota frente a Pedro Castillo, Fujimori impulsó una larga ofensiva judicial y política para cuestionar el resultado, aunque finalmente los organismos electorales confirmaron el triunfo de su adversario.
Por ahora, tanto la ONPE como las autoridades electorales han insistido en que el proceso se desarrolla con normalidad y que será necesario esperar el cómputo completo antes de proclamar a un ganador.
Mientras tanto, Perú vuelve a vivir una de esas noches prolongadas que se han convertido en una constante de su historia política reciente: una elección definida por márgenes mínimos, un país dividido en dos bloques casi equivalentes y un resultado que aún puede cambiar con cada nueva acta que llega desde las regiones más alejadas del territorio.
Fuentes: Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Ipsos Perú, Reuters.





