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La democracia en peligro

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 El llamado del ex presidente Gabriel Boric al mundo democrático para impedir el paso en el Congreso de la reforma constitucional en materia de seguridad ha sido formulado muy a tiempo, en momentos en que la administración de José Kast pretende instalar otra instancia de incertidumbre en la vida nacional: en realidad es algo muy parecido a una dictadura.

                Desde luego es un riesgo para la democracia el estado de excepción de seguridad pública – si alguien estima que hay una amenaza grave – al que aspira Kast, que le permitiría suspender o restringir la libertad personal, de movilización, el derecho a reunión, restringir el derecho a asociación, interceptar, abrir o registrar documentos y toda clase de comunicaciones, además de disponer la requisición de bienes.

                Anticipándose a los hechos y con la visión que le caracteriza, Boric ha convocado a los partidos de Izquierda y del progresismo a frenar esta iniciativa que sorprende a un país que espera cambios en favor de las mayorías que no disponen de recursos.

                Las colectividades democráticas tienen la fuerza y los votos necesarios en el Parlamento para oponerse a esta iniciativa de corte dictatorial. Muchos la califican como un golpe de Estado blando que está lejos de ajustarse a las demandas de los chilenos.




                Boric señala que la reforma constitucional que quiere Kast es la instauración de un estado de sitio de 240 días, con atribuciones exclusivas para el presidente. Se trata de algo inédito: una limitación de libertades que desde la época de la tiranía militar no se había visto.

                Ante ello y los riesgos que implica para la democracia, el ex mandatario frenteamplista ha vuelto a la contingencia. Frente a la reforma propuesta por el Ejecutivo de ultraderecha, está impulsando una reactivación del sector de avanzada que encabeza para evitar un despojo de las libertades.

                El anterior gobernante ha pedido a la oposición no ser pasada a llevar por el oficialismo, como ocurrió con el llamado Plan de Reconstrucción Nacional. De esta ley sólo sobresale la rebaja de impuestos a los propietarios de grandes empresas, la disminución de los ingresos municipales y la suma de privilegios para los superricos.

                Para el pueblo está claro que la ultraderecha transita a ojos cerrados por la senda antipopular que abrió la dictadura hace más de medio siglo. Su objetivo es no solo gobernar para los amigos y cercanos, sino que apoderarse de Chile y los chilenos, sometidos a un régimen autoritario y neoliberal a rajatabla.

                El expresidente Boric considera que el actual régimen cruzó un límite en las medidas propuestas. Es la mejor oportunidad para la oposición de resaltar los objetivos de este gobierno. Sus políticas y sus afanes se parecen cada vez más a los que fueron de la dictadura en los 17 años de horror que vivió Chile.

                En su reforma Kast propone autootorgarse facultades que no se permitió la Constitución de 1980. Es la constatación de que los chilenos se hallan frente a un régimen reaccionario que pone al pueblo en un estado de alerta máxima.

                La iniciativa ha sido calificada como un delirio autoritario de parte del Ejecutivo, porque concentra poderes excesivos en el presidente de la República. Ello altera derechos adquiridos y distorsiona la vida normal de la ciudadanía, que creía que las secuelas del pinochetismo habían quedado atrás, total y definitivamente, y se encuentra ahora con la misma desgracia.

                Esta reforma regresiva es un intento de establecer un régimen de facto, que debilita las garantías constitucionales y los derechos humanos, y que inaugura un camino de deterioro profundo de la democracia que el pueblo no puede aceptar.

Hugo Alcayaga Brisso

Valparaíso

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