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Un “nuevo mundo” se abre para mujeres haitianas en Chile: Programa de español, más que enseñar el idioma

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Clerina no se atrevía salir sola sin su marido. Sus hijos de 11 y 9 años la acompañaban a todos lados para traducir a su mamá. Igual que muchas mujeres migrantes de Haití, eran aprensivas y se sentían vulnerables en la tierra extraña y a veces hostil de Chile.

Eso fue hace cinco años.

Hoy día, Clerina, que se crio en un ambiente rural de Haití entre dieciocho familiares, ayuda a otros/as haitianos/as a navegar en el sistema de salud pública. Clerina, declara con firmeza, “Ya no necesito traductora” y sueña con ser abogada “para defender nuestros derechos”.

Lo que cambió su mirada – y su vida – es un programa de español diseñado por la Fundación EPES, en base a la metodología de educación popular que es el sello de la organización. Se dice que las comunicaciones abren puertas, pero este programa, pensado específicamente para mujeres haitianas, hace mucho más que enseñar un idioma: las empodera.




El 17 de agosto, Clerina y otras veinticinco mujeres se graduaron del curso actual que tuvo una duración de 5 meses, impartido en la sede de EPES en la comuna de El Bosque. Ella y varias compañeras más participaron en el curso del año pasado, y estuvieron en el grupo avanzado que se reúne simultáneamente con el de principiantes, al estilo de las escuelitas rurales de una sola aula. Una cacofonía de voces llenaba la sala, decorada con banderitas de color que pregonaban “Migrar es un derecho”, “Niños con derechos sin fronteras” y “Las personas migrantes tienen el derecho a la salud”.

Fundación EPES tiene más de cuarenta años formando monitoras comunitarias de salud para abogar por el derecho a la salud en comunidades de bajos recursos de Chile. Su territorio histórico es Santiago sur, pero durante muchos años tuvo sede en Concepción y ha apoyado el fortalecimiento de organizaciones poblacionales en Valparaíso y en Iquique. También imparte cursos sobre estrategias participativas y comunitarias para funcionarios/as de atención primaria en salud. Anterior al año 2019, no se proyectaba trabajar con las comunidades migrantes ni ofrecer una clase de idioma.

Un discurso gubernamental saturado de una tendencia discriminatoria hacia los migrantes en lo general y la población haitiana, en particular, impulsó a EPES examinar como aquella política afectaba el acceso a los servicios de salud pública. El estudio concluyó que los centros de salud pública están permeados por un sesgo cultural, y que la barrera del idioma es un factor principal que influye en cómo se atiende a los y las haitianos.

Foto: Maxine Lowy

EPES produjo materiales informativos en creole haitiano para dar a conocer sus los derechos a la salud. Algunos no sabían que los consultorios de atención primaria de salud proporcionan servicios gratuitos a todos, independiente de su estado migratorio.

EPES tomó lo que su directora ejecutiva Sonia Covarrubias describe “una decisión política” para trabajar con las comunidades haitianas debido a las profundas brechas culturales y de idioma, agravada por un racismo que les hace susceptible a abuso. El enfoque en las mujeres haitianas surgió al detectar que muchas de ellas tienden a permanecer en sus domicilios, dependientes en sus parejas masculinas, quienes dominan mejor el español por haber llegado unos años antes a Chile y por sus trabajos que los llevan a pasar gran parte de las jornadas laborales interrelacionándose con población chilena.

Desde el inicio, el equipo de EPES planteó que lo que ofrecería sería mucho más que un curso de español. Esto se refleja en el nombre del programa: Tejiendo Conversaciones y Derechos. Cada sesión semanal se dividió en dos segmentos. El enfoque de la primera hora fue construir vocabulario, gramática y pronunciación. Después de una pausa para refrigerios saludables, la segunda hora, las participantes se dividían en círculos de conversación que fortalecían el español oral al mismo tiempo que exploraban varios temas amplios: ¿Cómo se siente una mujer haitiana en Chile? ¿Cuáles son tus sueños para el futuro?

Las participantes también tuvieron experiencias en terreno – por medio de transporte público para aprender las rutas –por ejemplo, a varias dependencias municipales para familiarizarse con los servicios disponibles en la comuna.

Coherente con el concepto de educación popular de Paulo Freire, que forma el eje de la metodología de EPES, estas mujeres aprendieron a analizar y reflejar sobre los desafíos que enfrentan tanto personalmente como también colectivamente en sus vidas cotidianas. Adquirieron herramientas mucho más allá del idioma español que les facilita visualizar su proyección en la sociedad chilena. Es un modelo integral de aprendizaje distinto de muchos cursos de idioma diseñados para migrantes.

“La experiencia migrante conlleva mucho dolor emocional”, señala Sonia Covarrubias. “Estás lejos de tu país, tu cultura, tu familia. La metodología de la educación popular crea un espacio de confianza que permite a las mujeres sentirse tranquilas.”

“Bonjou! Koman ou ye?” (¡Buenos días! ¿ Cómo estás?) Así la educadora de EPES Macarena Villarroel saludaba a las participantes una mañana a principios de junio. Después de practicar los verbos de presente, pasado y futuro, las mujeres se dividieron en cuatro grupos. Durante esa segunda hora de la sesión, planificaron ideas imaginarias para un emprendimiento o una actividad laboral, elaboran un currículo y ensayaron una entrevista de trabajo.

Tres semanas más tarde, llegaron integrantes de Soy Alma Negra, organización cultural afrodescendiente, con una bolsa grande llena de largos pañuelos coloridos, que pronto se transforman en turbantes de diversos estilos envueltos alrededor de las cabezas de cada mujer.  Comúnmente usados en las zonas rurales de Haití, estos turbantes fueron aquí resignificados como símbolos potentes de identidad cultural.  Originados de las herencias de Ghana, Nigeria y Senegal de las mujeres esclavizadas del siglo 19, los varios estilos de atar los pañuelos y envolverlos alrededor de la cabeza, representaban sutiles gestos de resistencia.

Estas actividades reflejan las dos dimensiones complementarias del abordaje de EPES: integración sin obligar la asimilación y el desarrollo de la confianza y las capacidades que hacen falta para navegar por la sociedad chilena, conscientes de sus derechos.

Cada sesión contemplaba experiencias de aprender haciendo. En la última, antes de la ceremonia de entrega de los certificados, las alumnas evaluaron el programa y ofrecieron propuestas para mejorarlo, para así reforzar tanto el idioma como el pensamiento crítico. Los aprendizajes continúan, literalmente hasta el final. Las mismas graduadas, varias acompañadas por sus pequeños/as hijas e hijos nacidos/as en Chile, entregaron los certificados a las demás compañeras, transformando la ceremonia de finalización en una emotiva práctica de locución pública y de compañerismo: “Deseo que no solo recibes este certificado, sino que sigas aprendiendo”, “No mires esto solo como un papel, es para recordar como aprendiste a hablar bien en EPES”, “Te deseo lo mejor porque sé que tú lo puedes”, “Para que sigues luchando, y sigas adelante”.

Posterior a la graduación, podrán regresar a EPES para una serie de actividades que seguirán fortaleciendo su dominio del español como también su auto-estima y desenvolvimiento social. Estas incluirán un taller de bienestar emocional, el día internacional contra la violencia hacia las mujeres y el día internacional de las personas migrantes.

Clave durante todo este proceso ha sido la facilitadora cultural e integrante del equipo de EPES Pharayou Borgella, quien llegó a Chile en 2017 desde Haití. “Sin Phara, este curso – con sus desafíos interculturales- hubiera sido imposible”, afirma Sonia Covarrubias. Phara no solo es interprete de español a creole sino también ayuda definir el ritmo del programa y sugiere temas para las conversaciones grupales, hace una mediación intercultural.

Habiendo atravesado por un camino similar, Phara entiende desde experiencia propia las dificultades y los temores que enfrentan las migrantes haitianas – también sabe que con persistencia se pueden vencer. Es un modelo para las mujeres que ella apoya, sin embargo, asegura: “Aprendo mucho de estas mujeres. Y todas hemos llegado a tomar consciencia acerca de los derechos que tenemos. EPES ha abierto un mundo nuevo para mí y para cada mujer de este programa”.

 

Maxine Lowy

 

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Maxine Lowy

Periodista, editora y traductora Journalist, editor, translator Santiago, Chile

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