
Polémica por dichos de Zaliasnik: Comunidad Palestina acusa al embajador de estigmatizar a ciudadanos chilenos
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El representante de Chile en Israel describió a la comunidad palestina como “grande” y “poderosa”, habló de su presencia en los medios y el Parlamento, cuestionó las cifras sobre su tamaño y sostuvo que algunos de sus integrantes se han radicalizado. La Comunidad Palestina respondió con una extensa carta al Presidente José Antonio Kast: acusa al diplomático de construir una narrativa discriminatoria y plantea un problema institucional de fondo: “Su ‘nosotros’ no debe ser la comunidad judía chilena, debe ser Chile”.
Las declaraciones del embajador de Chile en Israel, Gabriel Zaliasnik, sobre la comunidad palestina chilena han abierto una controversia que ya excede las diferencias respecto del conflicto palestino-israelí. El episodio ha instalado una cuestión de carácter institucional: hasta dónde puede un representante diplomático expresar sus convicciones políticas o comunitarias cuando habla públicamente investido como representante del Estado chileno.
La polémica surgió después de una extensa entrevista concedida por Zaliasnik al programa Defending Israel with David Harris, de Jewish Broadcasting Service (JBS), emitida el 25 de agosto. El espacio es conducido por David Harris, exdirector ejecutivo del American Jewish Committee, y está orientado a abordar asuntos relacionados con la comunidad judía estadounidense y su relación con Israel.
Durante la conversación, Zaliasnik habló sobre las relaciones entre Chile e Israel, cuestionó duramente la política exterior del anterior gobierno de Gabriel Boric y dedicó una parte de la entrevista a las comunidades judía y palestina en Chile.
Fue ese tramo el que desencadenó la controversia.
“Grande” y “poderosa”
Zaliasnik comenzó señalando que la comunidad judía chilena es pequeña, estimándola entre 20 mil y 25 mil personas. En contraste, habló de la existencia en Chile de una comunidad palestina “muy abrumadora e importante”.
Es importante precisar este punto porque algunas informaciones posteriores confundieron las cifras: los 20 mil a 25 mil integrantes mencionados por Zaliasnik corresponden a la comunidad judía y no a la palestina.
Al referirse específicamente a esta última, el embajador cuestionó las estimaciones habitualmente difundidas sobre su tamaño.
“Obviamente, juegan con los números”, afirmó. Según Zaliasnik, hace dos décadas se hablaba de unos 250 mil integrantes, posteriormente de 500 mil y ahora de alrededor de 800 mil.
El embajador recordó que Chile no realiza censos basados en el origen étnico, por lo que resulta difícil establecer una cifra exacta.
Pero sus afirmaciones fueron más allá de una discusión estadística.
Zaliasnik describió a la comunidad palestina como “grande” y “poderosa”, con una fuerte presencia en los medios de comunicación y en el Parlamento y con una importante participación política.
El diplomático no calificó a la comunidad palestina como “peligrosa”. Esta precisión es relevante para comprender correctamente la polémica.
Al ser interrogado sobre una eventual radicalización, sostuvo que “algunos de ellos” se habían radicalizado, aunque introdujo inmediatamente una salvedad: no podía afirmarse que todos sus integrantes lo estuvieran.
También sostuvo que la Autoridad Palestina se había involucrado fuertemente con la comunidad local y sus instituciones.
El conjunto de estas afirmaciones —y no la utilización de la palabra “peligrosa”— es precisamente lo que cuestiona la Comunidad Palestina de Chile.
La acusación de estigmatización
En una extensa carta enviada este sábado 29 de agosto al Presidente José Antonio Kast, la Comunidad Palestina sostiene que, consideradas separadamente, algunas de las declaraciones del embajador podrían entenderse simplemente como opiniones personales.
Pero afirma que, observadas en conjunto, construyen una narrativa mucho más problemática.
Según la organización, Zaliasnik presenta ante una audiencia extranjera a la comunidad palestina chilena como numéricamente abrumadora, poderosa e influyente en los medios y el Parlamento; afirma que exagera deliberadamente sus cifras por razones políticas; habla de integrantes radicalizados y vincula a sus instituciones con la Autoridad Palestina.
De esa suma de afirmaciones, sostiene la carta, emerge la imagen de una comunidad “numerosa, organizada, influyente y potencialmente peligrosa”.
Esta última expresión, por tanto, corresponde a la interpretación de la Comunidad Palestina sobre el efecto producido por las declaraciones de Zaliasnik y no a una cita del embajador.
“Cuando esa comunidad está definida por el origen de ciudadanos chilenos, la cuestión deja de ser una simple discrepancia política y pasa a convertirse en una forma de estigmatización colectiva que consideramos profundamente discriminatoria y peligrosa”, señala la misiva.
“Nosotros, los judíos”
La controversia adquiere otra dimensión por la forma en que Zaliasnik se identifica durante la entrevista.
En distintos momentos utiliza expresiones como “nosotros, los judíos” y habla de “el problema que tenemos como comunidad judía”.
La Comunidad Palestina enfatiza que su cuestionamiento no se refiere a que Zaliasnik sea judío ni a que mantenga una identidad comunitaria. El actual embajador fue, además, presidente de la Comunidad Judía de Chile entre 2006 y 2010.
La objeción apunta al papel desde el cual realizó esas declaraciones: Zaliasnik no compareció en el programa como dirigente de una organización comunitaria sino como embajador de la República de Chile en Israel.
La carta recuerda que una misión diplomática representa al Estado que la acredita y debe proteger sus intereses y los de sus nacionales.
Y resume su cuestionamiento en una de las frases más significativas del documento:
“Su ‘nosotros’ debe ser Chile, y dentro de ese Chile estamos todos, cualquiera sea nuestro origen, religión o posición política”.
Ese argumento desplaza la discusión desde las diferencias entre las comunidades palestina y judía hacia el ejercicio mismo de la función diplomática.
La influencia sobre la política exterior chilena
Hay otra afirmación de Zaliasnik que adquiere especial relevancia en este contexto.
Al hablar sobre las votaciones de Chile en organismos internacionales, el embajador sostuvo que el país estaba modificando gradualmente algunas de sus posiciones —pasando de aprobar determinadas resoluciones a abstenerse— y relacionó la búsqueda de ese equilibrio con la presión ejercida por la numerosa comunidad palestina.
La afirmación introduce una dimensión adicional: atribuye a una comunidad de ciudadanos chilenos capacidad de presión sobre la política exterior del Estado.
Esto ayuda a explicar por qué la reacción de la Comunidad Palestina no se concentra simplemente en la discusión sobre cuántos integrantes tiene.
Para la organización, las distintas declaraciones forman parte de una misma representación: una colectividad especialmente numerosa y poderosa, capaz de influir sobre los medios, el Congreso e incluso las decisiones internacionales de Chile.
Una identidad palestina anterior a Israel
La carta cuestiona también las afirmaciones de Zaliasnik sobre la construcción histórica de la identidad palestina en Chile.
Según la organización, el embajador relativizó esa identidad al señalar que los primeros inmigrantes llegados al país eran identificados como árabes y que la denominación palestina se consolidó posteriormente.
La Comunidad Palestina responde recordando que su presencia organizada en Chile tiene más de un siglo y que ya durante las primeras décadas del siglo XX existían instituciones que utilizaban expresamente el nombre de Palestina.
Cita como ejemplo los antecedentes del Club Deportivo Palestino, que se remontan a 1916, varias décadas antes de la creación del Estado de Israel en 1948.
“Resulta impropio que quien representa oficialmente a Chile ante otro Estado pretenda desde el extranjero relativizar la identidad con que generaciones de ciudadanos chilenos se han reconocido a sí mismos y a sus familias”, afirma la carta.
Antisionismo y antisemitismo
Otro de los puntos centrales de la entrevista fue la relación establecida por Zaliasnik entre antisionismo y antisemitismo.
El diplomático sostuvo que sectores de izquierda y extrema izquierda han incorporado la causa palestina dentro de una concepción política que reconoce el derecho palestino a la autodeterminación, pero cuestiona ese mismo derecho respecto del pueblo judío.
En ese contexto planteó que el “antisionismo moderno” constituye una expresión del “antisemitismo moderno”.
La Comunidad Palestina rechaza esa equivalencia.
La carta comienza por condenar “de manera absoluta y sin ambigüedad” cualquier forma de antisemitismo, odio o discriminación contra una persona por ser judía, pero advierte sobre el riesgo de confundir conceptos diferentes.
“Criticar al Gobierno de Israel, denunciar la ocupación, cuestionar los asentamientos o rechazar políticamente el sionismo no constituye, por sí mismo, antisemitismo”, sostiene.
La organización introduce además un argumento que busca separar las responsabilidades de Estados y comunidades: los ciudadanos judíos de Chile no deben responder por las decisiones del Gobierno israelí, afirma, del mismo modo que los chilenos de origen palestino no deben responder por gobiernos, autoridades u organizaciones palestinas.
Las críticas al Gobierno de Boric
La entrevista contiene también una fuerte caracterización política del gobierno anterior.
Zaliasnik sostuvo que durante la administración de Gabriel Boric las relaciones con Israel alcanzaron uno de sus peores momentos y atribuyó esta situación a una orientación ideológica de izquierda y extrema izquierda que habría convertido el conflicto palestino-israelí en parte de su proyecto político.
Estas afirmaciones resultan relevantes porque Zaliasnik no llegó a la embajada como un diplomático de carrera sin trayectoria pública previa en el asunto.
Su designación por el Gobierno de Kast ya había provocado cuestionamientos de la Comunidad Palestina, precisamente debido a sus conocidas posiciones sobre Israel y el sionismo.
La organización había advertido entonces sobre la posibilidad de que sus convicciones personales terminaran interfiriendo con la obligación institucional de representar al Estado chileno.
La carta enviada ahora a La Moneda sostiene, en los hechos, que aquellas aprensiones se han materializado.
Un conflicto que viene acumulándose
La Comunidad Palestina sitúa además las declaraciones dentro de un contexto más amplio de relaciones entre el nuevo Gobierno, Israel y los ciudadanos chilenos de origen palestino.
En su carta menciona los reiterados enfrentamientos mantenidos con el embajador israelí en Santiago, Peleg Lewi, a quien acusa de hostigar públicamente a integrantes de la colectividad, instituciones, exministros, diplomáticos y parlamentarios chilenos.
También recuerda episodios en que ciudadanos chilenos han sido detenidos, interrogados o impedidos de ingresar a territorio palestino bajo control israelí, y cuestiona lo que considera respuestas insuficientes de las autoridades chilenas.
Para la organización, por tanto, la entrevista de Zaliasnik no constituye un episodio completamente aislado.
Zaliasnik lamenta sus palabras, pero defiende el contexto
Tras conocerse la controversia, Cancillería tomó contacto con el embajador y le solicitó explicar sus declaraciones.
Zaliasnik respondió posteriormente mediante un comunicado.
“Lamento haber utilizado términos que pueden resultar ofensivos para la Comunidad Palestina”, señaló.
El embajador aseguró que nunca tuvo intención de ofender a sus connacionales y recordó que durante la misma entrevista destacó la relación histórica entre las comunidades palestina y judía de Chile.
Sin embargo, no se trató de una retractación completa.
Zaliasnik defendió el contexto general de la conversación, negó haber generalizado sus críticas al conjunto de la comunidad palestina y pidió que sus declaraciones fueran examinadas considerando la entrevista completa y no pasajes seleccionados.
La distinción es importante: el diplomático lamentó el posible carácter ofensivo de algunas expresiones, pero no retiró el núcleo de sus apreciaciones.
El emplazamiento llega a Kast
La carta termina desplazando la responsabilidad desde el embajador hacia el Presidente que lo designó.
La Comunidad Palestina señala que no está solicitando al Gobierno de Kast que adopte su posición sobre Palestina ni que comparta sus opiniones respecto de Israel.
Formula una demanda más elemental: ser tratada como una comunidad formada por ciudadanos chilenos y protegida por el Estado en esa condición.
“No le pedimos a su Gobierno que comparta nuestra posición sobre Palestina, ni que adopte nuestras opiniones respecto de Israel”, señala la carta.
Y advierte que las palabras pronunciadas por una autoridad tienen consecuencias cuando caracterizan a una comunidad de ciudadanos por su número, influencia, origen o posiciones políticas.
El documento termina con un emplazamiento directo a Kast:
“¿Debemos entender que ésta será la forma en que su Gobierno se relacionará durante los próximos años con los chilenos de origen palestino?”
“Esperamos sinceramente que la respuesta sea no”, concluye.
La controversia deja así una cuestión que trasciende las posiciones sobre Israel y Palestina. El problema que queda planteado es desde qué lugar habla un embajador chileno cuando ejerce públicamente su investidura.
Zaliasnik tiene, como cualquier ciudadano, convicciones políticas, religiosas e ideológicas y una identidad comunitaria propia. Pero un embajador representa al Estado. Y es precisamente esa frontera entre las convicciones particulares y la representación de todos los ciudadanos la que la entrevista del representante chileno en Israel ha puesto ahora en discusión.





