Poder y Política

Chile rompe con su voto histórico en la ONU y se abstiene ante el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba

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La Asamblea General de Naciones Unidas aprobó este miércoles, por 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones, una nueva resolución que exige poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington a Cuba. El gobierno de José Antonio Kast modificó la posición que Chile había mantenido durante más de tres décadas, en una votación marcada por la ofensiva diplomática estadounidense y la crisis económica que atraviesa la isla.

La Asamblea General de Naciones Unidas volvió a pronunciarse este miércoles 28 de octubre contra el bloqueo económico, comercial y financiero que Estados Unidos mantiene sobre Cuba desde hace más de seis décadas. La resolución obtuvo 130 votos favorables, 17 contrarios y 25 abstenciones, entre ellas la de Chile, que abandonó así una posición diplomática sostenida desde 1992.

El cambio representa un giro en la política exterior chilena. Durante más de tres décadas, gobiernos de distintas orientaciones políticas respaldaron las resoluciones de Naciones Unidas que reclamaban el levantamiento de las sanciones estadounidenses contra la isla.

Esta vez, el gobierno del presidente José Antonio Kast optó por abstenerse, sumándose a un grupo de países que modificaron su comportamiento en una votación tradicionalmente caracterizada por el amplio respaldo internacional a Cuba.




La decisión se produjo en medio de una intensa campaña diplomática de Washington, que buscó reducir los apoyos a la resolución impulsada por La Habana.

Una mayoría amplia, pero menor que en años anteriores

Aunque la resolución volvió a ser aprobada por una amplia mayoría, el resultado mostró un retroceso significativo respecto de las votaciones anteriores.

En 2025, el texto había recibido 165 votos favorables, siete contrarios y 12 abstenciones. Este año perdió 35 apoyos, mientras los votos negativos aumentaron a 17 y las abstenciones llegaron a 25.

La diferencia es todavía mayor si se compara con 2024, cuando 187 países respaldaron la resolución y solamente dos votaron en contra.

Entre los países que rechazaron el texto este miércoles estuvieron Estados Unidos, Israel, Argentina, Colombia, Ecuador, Costa Rica y Paraguay, además de varios gobiernos europeos.

Chile se abstuvo junto a países como Alemania, República Dominicana, Honduras, Países Bajos y Polonia.

En América Latina, Brasil, México y Uruguay mantuvieron su apoyo a la resolución, mientras otros gobiernos se alinearon con la posición estadounidense o evitaron pronunciarse a favor del levantamiento de las sanciones.

El resultado confirma que, pese al respaldo mayoritario al fin del bloqueo, Estados Unidos consiguió ampliar el número de países que se distanciaron de la posición tradicional de Naciones Unidas.

El cambio de posición de Chile

La abstención chilena adquiere especial relevancia por la continuidad histórica de su voto.

Desde el retorno a la democracia, Chile había respaldado las resoluciones contra el bloqueo, incluso durante gobiernos que mantuvieron diferencias políticas y diplomáticas con La Habana.

El rechazo a las sanciones estadounidenses había sido tratado como una cuestión vinculada al derecho internacional, la soberanía de los Estados y la oposición a medidas económicas unilaterales.

La decisión del gobierno de Kast modifica esa trayectoria.

La abstención no equivale a un voto favorable al bloqueo, pero sí significa que Chile dejó de respaldar expresamente la resolución que exige su levantamiento.

En una intervención anterior ante Naciones Unidas, durante un debate celebrado en julio, la delegación chilena había argumentado que la discusión sobre Cuba no debía reducirse a estar a favor o en contra del embargo y que también era necesario considerar la situación de los derechos humanos y las libertades políticas en la isla.

Ese antecedente permite comprender el enfoque diplomático del actual gobierno, aunque corresponde distinguirlo de una explicación oficial específica de la votación de este miércoles.

El cambio se produce, además, en un contexto de acercamiento político entre Santiago y Washington bajo las administraciones de Kast y Donald Trump.

La ofensiva diplomática de Washington

La votación estuvo precedida por una campaña estadounidense para modificar el respaldo internacional que Cuba había conseguido durante décadas.

El canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, denunció que Washington ejerció presiones sobre distintos gobiernos mediante advertencias sobre posibles restricciones de visados, sanciones económicas y otras medidas de represalia.

Estados Unidos rechazó la posición cubana y sostuvo que la resolución constituye una defensa política del gobierno de La Habana.

El embajador estadounidense ante Naciones Unidas, Mike Waltz, afirmó durante el debate que las dificultades económicas y sociales de Cuba se explican principalmente por las decisiones de sus autoridades y por las restricciones políticas internas.

El intercambio entre ambas delegaciones alcanzó momentos de fuerte tensión durante la sesión del martes.

La administración Trump ha intensificado durante este año las medidas económicas contra Cuba, incluyendo restricciones vinculadas al suministro de petróleo, en momentos en que la isla enfrenta una profunda crisis energética y dificultades para garantizar servicios básicos.

Una crisis económica y humanitaria

El gobierno cubano sostiene que las sanciones estadounidenses afectan directamente la disponibilidad de combustibles, medicamentos, alimentos y otros productos esenciales.

La escasez de energía ha provocado prolongados apagones, interrupciones del transporte y problemas en el funcionamiento de hospitales, escuelas y sistemas de abastecimiento.

Washington, por su parte, atribuye una parte sustancial de la crisis a la gestión económica del gobierno cubano y denuncia restricciones a las libertades civiles y políticas.

La resolución aprobada por la Asamblea General no supone un respaldo al sistema político de Cuba. Su contenido se refiere específicamente a la necesidad de terminar con el embargo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos.

El texto también cuestiona las disposiciones estadounidenses con efectos extraterritoriales que pueden afectar las relaciones comerciales y financieras de terceros países con la isla.

Una resolución sin carácter obligatorio

La Asamblea General ha reclamado el fin del bloqueo en 34 votaciones consecutivas desde 1992.

Sin embargo, sus resoluciones no tienen carácter jurídicamente vinculante y no obligan a Estados Unidos a modificar su legislación.

El levantamiento integral del embargo depende fundamentalmente de decisiones legislativas estadounidenses, aunque la Casa Blanca dispone de facultades para modificar determinadas restricciones.

Por ello, la votación tiene principalmente un significado político y diplomático: expresa la posición de los países miembros de Naciones Unidas frente a una política estadounidense que se mantiene desde comienzos de la década de 1960.

La resolución volvió a aprobarse este miércoles, pero con un respaldo considerablemente menor que en años anteriores.

Para Chile, la principal novedad no está en el resultado de Naciones Unidas, sino en su propia decisión de abandonar una posición mantenida durante más de tres décadas.

La abstención del gobierno de Kast abre así una nueva etapa en el debate sobre la política exterior chilena, sus relaciones con Estados Unidos y los criterios que orientarán sus futuras votaciones en los organismos internacionales.

 

 

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