
Chile no necesita más privilegios para unos pocos: necesita una oposición que abandone sus rencillas infantiles y se atreva a proponer un modelo alternativo concreto, financiado y ecológicamente valiente. El plan de la ultraderecha neoliberal de Kast es el síntoma de un gobierno que desprecia el futuro, pero la fragmentación opositora es el caldo de cultivo que le permite














