El panteísmo es la doctrina – según mi parecer – más acertada dentro de las concepciones acerca del mundo, y según ese razonamiento monista y determinista de Spinoza, sigue teniendo plena validez hasta hoy.

Los osos, por ejemplo, tienen adaptado todo su sistema circulatorio para hibernar, que les permite saltarse el invierno y, luego, gozar de los climas templados evitando, de esta manera, el exceso de calor o de frío, y durante el lapso intermedio acumulan energía para el invierno.

Hoy, cualquier ciudadano cree tener conocimientos suficientes sobre epidemiología, y sólo les falta la bata blanca – como recomendaba Michelle Bachelet a los candidatos de la Concertación -.  El querer imitar a los personajes importantes de una época determinada – mimesis – es netamente humano: los alumnos de colegios de religiosos querían ser curas y, los más audaces, obispos; lo mismo ocurriría con los alumnos de escuela militar que aspiraban a convertirse en generales, (ambas profesiones están actualmente desprestigiadas: los primeros, porque manosean a las niños y, los segundos, porque los últimos generales en jefe están denunciados a la justicia por corrupción) y cada día hay menos candidatos al sacerdocio, como tampoco a carabineros y a militares.

Personalmente, me disgusta el invierno – ojalá mi organismo estuviera adaptado para hibernar, y sólo aparecer cuando comienza la primavera -. No deja de ser tentador que este gobierno, que no hace más que tonterías y, por cierto, muy dañinas para todos los ciudadanos, tomara la decisión de hibernar. Por la alimentación no deben preocuparse, pues les daremos los mejores manjares que produce nuestra bella y prolífera tierra; en el caso del Presidente Piñera, en momentos de vela, podría seguir memorizando una larga lista de adjetivos calificativos, su especialidad para llenar espacios en sus vacíos mensajes.

El alcalde Joaquín Lavín, que siempre se pasa de vivo y oportunista, ahora se apresta para comer, previo a la hibernación, los ricos porotos con rienda que prepararon en su auto-confinamiento, (por no tener suficiente espacio para guardar la cuarentena en casa y, como antes el general Carlos Ibáñez del Campo, se disfraza según la ocasión y el lugar que visita).

Se han hecho pruebas previas a los aspirantes del viaje al Marte sobre hibernación humana, pero los resultados aún no son contundentes: las únicas personas obligadas forzosamente “las sin moneda”, verdaderos faquires; en los años 50, cuando apenas existía la radio, el espectáculo de un faquir que vino a Santiago era “grito y plata”, y prometía a los espectadores el aguantar un mes sin probar bocado, hasta que lo pillaron que, en la noche, acudía al restaurant más famoso de la época, y a partir de entonces, se le derrumbó la credibilidad. Los únicos auténticos faquires de hoy son los pobres y los migrantes.

La hibernación de más de siete millones de habitantes del Gran Santiago no parece muy fácil de implementar, pues los humanos necesitan comer para vivir, y no saben, como los otros animales, comerse sus propios excrementos, además, suelen enfermarse, y para que la hibernación surta los efectos deseados, en este caso, frente a la actual pandemia, tienen que aislarse los unos de los otros; por el contrario, los osos hibernan con la manada.

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La ONG “Espacio Público” proponía que la hibernación se hiciera solamente en las comunas ricas, (Providencia, Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea), que tienen la nevera llena, una piscina, gimnasio, jardines y hasta cancha de tenis, además de otras comodidades dentro de sus cómodas mansiones.

Como confesaba el ex ministro Mañalich, no conocía, en absoluto, que Chile era un país tan pobre, (por lo menos, fue franco, y no fariseo como muchos de los demás ministros, que solamente han visto pobres durante los “trabaos de verano” de colegios privados y universidades, para darles buena conciencia y, de paso, comprar unas buenas acciones para ganarse el cielo).

Es muy comprensible, dada la ignorancia de cómo viven los pobres, que sólo tienen roce con ellos a través de su empleada doméstica o de los carabineros, se haya decretado la cuarentena total en las comunas marginales del Gran Santiago: cómo se les iba a ocurrir, como buenos cristianos, que hay barrios, familias y personas donde no es el pan sino el hambre, la precariedad y la miseria el alimento cotidiano.

Al equipo de gobierno actual no se le puede ocurrir que un padre o una madre no pueda dejar morir a sus hijos, no por el virus, sino por el hambre, por consiguiente, la única forma de llevar un pan a su casa es la de hacer “pololos”.

Los jerarcas del gobierno están convencidos de que el Estado, más que las personas, puede cohechar a los ciudadanos con canastas, que incluyen una desvergonzada y abusiva carta del Presidente de la República, a fin de pretender que sus compinches ganen las múltiples elecciones por venir.

Según el Banco Central, a raíz de la pandemia, vamos a tener un retroceso de más 35 años. (personalmente creo, que de seguir muriendo como moscas los chilenos, retrocederemos a 1910, y/o a 1917, época esta última en el gran periodista chileno, Tancredo Pinochet, escribía que “Chile era un gran matadero”. En efecto, en ese año, el índice de mortalidad en Chile era mayor que el de la India, especialmente en la ciudad de Bombay.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (EL Viejo)

18/06/2020

 

 

 

 

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