
Mientras bajan impuestos a los grandes grupos económicos, Kast recorta $413 mil millones a la salud pública
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La escena política chilena empieza a adquirir una coherencia brutal. Por un lado, el gobierno de José Antonio Kast impulsa con obstinación ideológica una rebaja tributaria para las grandes empresas y elimina impuestos a las ganancias bursátiles. Por otro, firma recortes por al menos $413 mil millones al sistema público de salud en medio de una alerta sanitaria oncológica, listas de espera históricas y hospitales funcionando al límite.
No son hechos aislados. Son parte del mismo proyecto político.
El Decreto N°333 del Ministerio de Hacienda, firmado el 24 de abril por el ministro Jorge Quiroz, ordena una reducción masiva de recursos al Ministerio de Salud. El golpe principal cae sobre Fonasa, que pierde más de $259 mil millones. A eso se suman recortes por $79 mil millones al financiamiento hospitalario asociado a productividad y egresos clínicos —el sistema GRD— y otros $18 mil millones menos para atención primaria.
La cifra total supera los $413 mil millones.
Mientras tanto, la Comisión de Hacienda aprobó este jueves rebajar el impuesto corporativo desde 27% a 23% y eliminar tributos a ganancias obtenidas en operaciones bursátiles. Es decir: el gobierno reduce ingresos fiscales para favorecer a grandes empresas e inversionistas financieros, y luego argumenta que debe ajustar el gasto público porque “las cuentas fiscales no dan”.
La pregunta ya no es económica. Es moral y política.
Porque cuando un gobierno decide recortar salud pública mientras entrega alivios tributarios a los sectores de mayores ingresos, está definiendo con claridad qué intereses considera prioritarios y cuáles sacrificables.
Y en este caso el mensaje resulta difícil de disimular.
El propio Colegio Médico denunció que el decreto afecta áreas “esenciales para el funcionamiento de la red asistencial pública”, incluyendo atención primaria, financiamiento hospitalario, contingencias operacionales y mantenimiento crítico. La declaración del gremio habla incluso de una “profunda contradicción” entre el discurso oficial y las consecuencias reales del ajuste.
La contradicción es evidente.
Durante semanas el gobierno insistió en que los recortes no afectarían prestaciones ni derechos. Pero el detalle del decreto muestra otra realidad: disminuyen recursos para hospitales, provisión de prestaciones médicas, contingencias operacionales y programas de atención primaria. Incluso aparecen reducciones específicas en numerosos servicios de salud regionales y hospitales de alta complejidad.
Los datos son elocuentes.
El Hospital de Los Ángeles enfrenta un recorte superior a $2.700 millones. El Grant Benavente de Concepción pierde cerca de $2.700 millones. El Hospital Higueras de Talcahuano supera los $2.200 millones menos. También aparecen recortes importantes en Valdivia, Chillán, Antofagasta, Puerto Montt, Temuco, Rancagua y otros centros hospitalarios que ya operan bajo fuerte presión asistencial.
Todo esto ocurre en un país que hace apenas semanas declaró alerta sanitaria oncológica debido al colapso acumulado en diagnósticos, tratamientos y listas de espera.
Es decir: mientras miles de personas esperan cirugías, especialistas o tratamientos contra el cáncer, Hacienda decide ajustar precisamente el sistema que debe responder a esa crisis.
Y aquí aparece la verdadera naturaleza del proyecto económico del gobierno.
Porque Kast y su equipo no están simplemente aplicando un ajuste técnico. Están ejecutando una visión ideológica del Estado. Una donde el gasto social es sospechoso, el mercado debe recibir incentivos permanentes y la austeridad recae casi siempre sobre los servicios públicos.
El problema es que la realidad sanitaria chilena no admite experimentos doctrinarios.
Chile arrastra un déficit estructural en salud pública desde hace décadas: hospitales sobreexigidos, atención primaria insuficiente, falta de especialistas y listas de espera gigantescas que crecieron tras la pandemia. Incluso organismos técnicos han advertido que el sistema funciona hace años bajo tensión permanente.
Pero en lugar de fortalecer la red pública, el gobierno opta por reducir recursos mientras promete que la rebaja tributaria a grandes empresas traerá crecimiento e inversión.
Es la misma lógica del “chorreo” reciclada una vez más: primero beneficiar arriba; después esperar que algo llegue abajo.
El problema es que en salud pública las consecuencias no son abstractas. No son gráficos de Excel ni discusiones académicas. Son cirugías suspendidas, pabellones cerrados, equipamiento sin mantención y pacientes esperando meses —o años— por atención.
La dimensión política de esta decisión también empieza a tensionar el discurso oficial.
José Antonio Kast construyó buena parte de su campaña prometiendo eficiencia, orden y responsabilidad fiscal. Pero ahora enfrenta una contradicción cada vez más visible: mientras reduce ingresos del Estado mediante rebajas tributarias, se ve obligado a ejecutar recortes agresivos en áreas sensibles para sostener el equilibrio presupuestario.
Es exactamente el escenario que economistas y el propio Consejo Fiscal Autónomo habían advertido respecto de la llamada “megarreforma”.
Menos recaudación hoy suele traducirse en más ajuste mañana.
Y ese mañana ya comenzó.
Por eso el conflicto abierto con el Colegio Médico resulta tan significativo. No se trata únicamente de una disputa gremial. El Colmed está señalando algo más profundo: que existe un desfase entre el relato político del gobierno y el impacto concreto de sus decisiones presupuestarias.
Mientras La Moneda habla de modernización y eficiencia, la red pública escucha otra cosa: menos recursos, más presión asistencial y mayor incertidumbre.
Y quizás ahí está la imagen más clara de este momento político.
Un gobierno que encuentra margen fiscal para rebajar impuestos a los grandes grupos económicos, pero no para sostener intacto el presupuesto sanitario en plena emergencia oncológica.
La prioridad quedó escrita en el Diario Oficial.
Simón del Valle






Ricardo says:
No sé si comentar algo : La IA me dice que tengo , con alta probabilidad, un » spyware o malware que rastrea tu actividad» , y es capaz de impedir que los comentarios lleguen a la página verdadera donde intentamos dejarlos .