
Vinos de autor: un aporte a la calidad y tradición del vino chileno
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“En torno de una mesa de cantina,
una noche de invierno, regocijadamente
departían seis alegres bohemios”.
(Guillermo Aguirre y Fierro. “Brindis del bohemio”)
Las ferias de vinos son un aporte fundamental para la cultura del vino, en primer lugar por que son una posibilidad para exponer proyectos y etiquetas que están fuera de los circuitos más comerciales e industrializados de las grandes marcas que se han caracterizado por imponer vinos homogéneos y cepas estándares para mal determinar un gusto que invisibiliza el patrimonio, la tradición y el arte de nuestra historia y posibilidades. Esa homogenización, en parte es responsable de la actual “crisis” del vino que va instalando un relato que se constituye como nefasta realidad.
El vino es un producto noble que puede ser una de las expresiones más genuinas de nuestro quehacer cultural, de ahí que es importante la puesta en valor de productores que contribuyen a la dignificación de este oficio. Una feria que tuvo el acierto de relevar el oficio de hacer los vinos es D-Copas que es fruto del conocimiento y experticia de Juan Carlos Torres destacado “curador” ya con varios eventos a sus espaldas, los cuales siempre se apoyan en espacios que aseguran una buena gastronomía, ofreciendo un lugar de culto para sibaritas y enófilos.
Este fin de semana se acaba de realizar una nueva cita en el restaurante Casa Lastarria, un reconocido lugar dada la calidad de sus preparaciones, por el valor estético, y su valor de símbolo histórico de la arquitectura nacional. En esta oportunidad se pudo compartir con destacados enólogos y productores nacionales de distintos valles vitivinícolas, especialmente de Maule, Itata, Colchagua y Ñuble. Siempre es interesante encontrarse con enófilos dispuestos a compartir su conocimiento, de ahí que sea una gran oportunidad escuchar los relatos de los expositores, esta vez pude acercarme a algunas ideas de notables enólogos como Javiera Ortúzar, Ricardo Lowick y César Lupo, siempre amables y buenos representantes de un buen destino para el vino chileno dado el carácter profesional que poseen.
Entre las viñas presentes mencionaré algunos vinos que me parecen imperdibles de saborear para disfrutar y seguir impregnándonos de esa rica variedad de creaciones que dejan ver la mano de sus productores. Una novedad es la sidra de pera de Kalei, un blanco de los probados fue el Torontel de Copa, los notables Riesling y la mezcla País/Cinsault llamada Pour Ma Gueule de Clos des Fous, Malbec de Viña Fértil, Cinsault de 5 Dimensión, Cabernet Franc de Ricardo Lowick, Barbera de JO Wines, y Touriga Nacional de Viña Jardín. Hubo varios vinos más que se podían probar y degustar con placer, en esta ferviente tarde, dado al excelente criterio de expositores y organizadores presentes.
D-Copas sigue brindándonos un estilo de feria con variedad de vinos exquisitos, en un formato no excesivo, contribuyendo a la difusión, comprensión y goce del vino chileno, en un ambiente que se aparta del relato de la crisis principalmente por ese sello en donde los vinos dejan ver la mano de sus autores, protagonistas de un presente digno y de un porvenir que se refleja en cada copa degustada, en un ambiente hospitalario para irse de copas con la alegría de celebrar eso que somos.
Alex Ibarra Peña.
Dr. En Estudios Americanos.
@apatrimoniovivo_alexibarra





