
En estos días primaverales de abril, quién lo imaginara, arribó la locura a la Casa Blanca en Washington. Fecha histórica. De blanca, no le queda ni rastros de la última vez que fue pintada. Desde lejos se ve gris, envuelta en la bruma. Recinto, donde concurren los mandatarios de países afines a Estados Unidos, a rendirle pleitesía al Emperador del mundo.














