Política Global

Andy Burnham se perfila como el próximo primer ministro del Reino Unido

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Andy Burnham, quien se espera asuma como primer ministro del Reino Unido en las próximas semanas, eligió el People’s History Museum para pronunciar su primer gran discurso tras ser elegido diputado. El lugar no fue casual: evocó la Masacre de Peterloo y recordó cómo la clase trabajadora había logrado «cambiar un Estado británico construido sin tenerla en cuenta». En ese contexto prometió «llevar esperanza a cada corazón», en un mensaje dirigido especialmente a recuperar el respaldo del mundo del trabajo.

Las principales promesas

Durante su intervención, Burnham anunció una serie de iniciativas que marcarían el sello de un eventual gobierno laborista.

Entre ellas destacó la creación de «Number 10 North», una nueva unidad gubernamental destinada a coordinar el control —aunque no la nacionalización— de servicios públicos esenciales como el agua, la energía y la vivienda. El organismo también tendría como misión impulsar la reindustrialización de amplias zonas del país y promover la regeneración urbana, priorizando las regiones que han quedado rezagadas durante las últimas décadas.

También comprometió el mayor programa de construcción de viviendas sociales desde la posguerra. Sin embargo, no explicó cómo financiaría un plan de semejante magnitud, cuyo costo fiscal sería considerable.




En materia tributaria, anunció una reforma al impuesto sobre actividades económicas con el objetivo de aliviar la carga de los pubs y otros pequeños comercios que cumplen una función social en las comunidades locales. La propuesta responde al cierre sostenido de estos establecimientos durante los últimos años.

En educación, prometió equiparar el valor de la formación técnica con la educación académica, una meta que sucesivos gobiernos británicos han planteado durante las últimas dos décadas sin lograr avances significativos.

Asimismo, aseguró que hará «todo lo posible» para ayudar a quienes enfrentan el aumento del costo de la vida y los bajos salarios, aunque no precisó qué medidas adoptará ni en qué plazos.

Burnham insistió además en que no pondrá en riesgo las finanzas públicas. En la práctica, ello se interpreta como una negativa a recurrir a un mayor endeudamiento para financiar el gasto público. La decisión busca preservar la confianza de los mercados y evitar un aumento en el costo de la deuda británica, aunque al mismo tiempo podría limitar los recursos disponibles para concretar parte importante de su programa.

Finalmente, sostuvo que buscará acuerdos con otras fuerzas políticas, privilegiando la construcción de mayorías parlamentarias en Westminster. Sus críticos observan que esa estrategia prioriza los consensos institucionales por sobre una movilización de apoyo desde la ciudadanía y el movimiento sindical.

¿Qué se espera del nuevo gobierno laborista?

Uno de los nombramientos que más comentarios ha generado es el de James Purnell como jefe de gabinete.

La designación es interpretada por diversos analistas como una señal de continuidad con la etapa del llamado «Nuevo Laborismo». Purnell fue ministro durante el gobierno de Tony Blair, al igual que Burnham, y hasta ahora se desempeñaba como director ejecutivo de Flint Global, firma que ha asesorado a compañías como Uber, Amazon, BP, Apple y Airbnb. Purnell renunció a la consultora antes de asumir su nuevo cargo, en una decisión que ha sido interpretada como una forma de evitar eventuales conflictos de interés.

Tanto Purnell como Burnham han estado vinculados al grupo Labour Friends of Israel, y el futuro primer ministro ha señalado que su primer viaje oficial al extranjero sería a Israel.

Por ello, entre analistas políticos y sectores de la izquierda británica predomina la percepción de que un eventual gobierno de Burnham no implicará cambios estructurales respecto de la orientación económica y política seguida por el laborismo en los últimos años.

Defensa: más gasto militar, menos recursos para otras áreas

Otra de las áreas donde se anticipa continuidad es la política de defensa.

Al finalizar el gobierno de Keir Starmer se impulsó un nuevo Plan de Inversión en Defensa que obliga al resto de los ministerios a reducir sus presupuestos en un 1 % para aumentar el gasto militar, bajo el argumento de que ello favorecería la creación de empleo.

Starmer anunció además un incremento adicional de 15.000 millones de libras para defensa, de los cuales aún resta conseguir 5.000 millones. El resto provendría de recortes en los ministerios de Transporte y Energía. Burnham ha manifestado su respaldo a esta orientación.

Sin embargo, organizaciones pacifistas cuestionan la eficacia económica de esta estrategia. Según datos difundidos por la Campaign for Nuclear Disarmament (CND), cada millón de libras invertido en el sector militar generaría alrededor de 9,4 empleos, muy por debajo de otras áreas del gasto público. La misma inversión destinada a bibliotecas, museos y actividades culturales permitiría crear aproximadamente 25,5 puestos de trabajo, casi tres veces más.

Incluso las propias estimaciones del Gobierno indican que un aumento acumulado de 25.000 millones de libras en defensa durante seis años generaría unos 60.000 empleos, equivalentes a apenas 2,4 puestos directos e indirectos por cada millón de libras invertido. Buena parte de esos recursos seguiría destinándose al sector nuclear.

Paradójicamente, algunos sectores de la derecha consideran insuficiente ese esfuerzo y sostienen que el incremento del gasto llega demasiado tarde frente a la supuesta amenaza de una eventual agresión rusa. Pese a esas advertencias, la percepción social es muy distinta.

Las encuestas muestran de manera consistente que la mayoría de la población prioriza el gasto en bienestar social por sobre el incremento del presupuesto militar. Cerca de 3.000 personas participaron el pasado 20 de junio en una conferencia internacional contra la guerra, reflejando que el temor a un conflicto con Rusia no constituye una preocupación dominante para la ciudadanía, pese a las reiteradas advertencias provenientes de autoridades de Defensa y de los servicios de inteligencia.

Una economía que crece, pero no mejora los ingresos familiares

La economía británica registró un crecimiento del 1,0 % en 2024 y del 1,3 % en 2025. Durante el primer trimestre de este año el PIB avanzó un 0,6 %.

Sin embargo, ese desempeño macroeconómico no se ha traducido en una mejora de las condiciones de vida. En el mismo período, la renta real disponible de los hogares cayó un 0,8 %, lo que evidencia que, pese al crecimiento económico, las familias trabajadoras continúan perdiendo poder adquisitivo.

Ese contraste constituye uno de los principales desafíos que enfrentará el futuro gobierno laborista: compatibilizar estabilidad fiscal con políticas capaces de revertir el deterioro de los ingresos y del nivel de vida de una parte importante de la población británica.

Abelardo Clariana-Piga

Corresponsal del Clarín en el Reino Unido



Corresponsal del Clarín en el Reino Unido

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