Existen pocas referencias sobre la danza en nuestras letras, de ahí que esta nos parezca señera, no es cualquiera, es la voz de nuestra madre intelectual que supo reconocer las virtudes y los vicios de Chile.
El plebiscito del 88 fue un rechazo popular a la dictadura cívico-militar que causó quizá el más grave daño en la historia de nuestro país, dado a la violencia genocida, el golpe democrático, el apagón cultural y la instalación de la economía neoliberal. Heridas que siguen presente y que determinaron un curso lamentable al desarrollo de nuestro pueblo.
Esa sensación de fracaso político frente al neoliberalismo pinochetista y de sus Chicago Boys siguiendo el conservadurismo moral cómplices de la dictadura como fueron Jaime Guzmán y el cura Hasbún generan la creencia de que llevamos varias décadas de pérdida en el campo de la batalla cultural.
Desde este año cada 19 de octubre se comenzará a celebrar el Día Nacional de la Danza. Esto no es casual considerando que esta expresión artística ha ido ganando audiencia junto con mantener su presencia en el espacio público.
Insistiré en la imagen de que Chile puede ser pensado como una gran viña. Esta concepción de nuestro país no signifca que tengamos una producción homogénes de los vinos. Los vinos se diferencian por cepas, territorio, suelo, prácticas, clima, manos que los realizan, incluso por racimos.
Estamos frente a un hito del teatro nacional chileno. Recordemos que el texto fue escrito por Isidora Aguirre, dirigida por Eugenio Guzmán y musicalizada por Francisco Flores del Campo. Estrenada en 1960 por la Compañía de Teatro Ensayo de la Universidad Católica, protagonizando a la Carmela la notable Carmen Barros.
Para muchos la ciudad de Concepción es una suerte de capital del rock chileno, cuestión que toma sentido si consideramos los éxitos de emblemáticas bandas como Los Tres o Los Bunkers que aportaron canciones que se convirtieron en clásicos nacionales.
Esta semana trae un entusiasmo contagioso como precuela a nuestra Fiesta Nacional de Independencia que suele cortarnos el año en dos, con la celebración del Día Nacional del Vino, junto a esos primeros aires de la primavera que suelen ser consignados como propicios para el amor.
Podríamos pensar gran parte de Chile como si fuera una inmensa viña, desde la precordillera de Los Andes hasta el mar, todo sus valle central con extensiones hacia el norte y hacia el sur. Un territorio vitivinícola variado por sus suelos, su clima, las cepas que se van incorporando en distintos momentos de la historia.
Esta obra de teatro que está siendo presentada en la sala del Teatro La Memoria, viene precedida de una temporada anterior en la ciudad de Barcelona y respaldada por la pluma de la escritora Lina Meruane. Es un tremendo aporte el montaje de esta obra acá en Chile dado que es una obra que interpela por su representación de un modelo de familia que es parte de nuestra sociedad.