
Ante este ominoso panorama, que se dibujó en la Guerra de los Doce Días, ¡háganme el favor!, se impone reflexionar, aunque parezca que lo hacemos en el vacío, y empezar por reconocer nuestros enormes vacíos, omisiones y abusos, en que incurrimos en los años fútiles de la euforia globalista.














