
La mitad de la población chilena no comprende lo que lee. En pleno siglo XXI enfrentamos los mismos desafíos que hace cien años. Durante la discusión de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, hubo parlamentarios que se oponían alegando que no valía la pena enseñar a leer a quienes no tenían futuro. Esa frase, hoy escandalosa, sigue tan viva como entonces.









