
Las críticas de Jorge Alessandri y Arturo Squella a la Contraloría tras el dictamen contra Trinidad Steinert revelan un cambio preocupante en la cultura política chilena. Más que debatir la legalidad de los actos de una exministra, el oficialismo comienza a poner en cuestión la legitimidad de uno de los principales órganos de control del Estado. Es una estrategia conocida








