
Allí están esperando como viejas rapaces adornadas con barras y estrellas recordando sus días de gloria en los cuarteles, cuando fueron a lanzar chilenos vivos al mar, a los que envenenaron, a los que reventaron en la tortura a miles y miles, a los que sin piedad alguna hicieron desaparecer a sacerdotes, y los que fusilaron sin venda en los ojos.














