Desde la caída del primer pobre en las calles por pedir algo, como pan, trabajo, vida digna, salario justo o dignidad, nadie es culpable. Al caído lo entierran y una comisión en alguna esquina llena de polvo de este país hará una investigación que no arrojará ningún resultado. El muerto o los muertos siempre han sido los responsables de todo, ellos son los culpables y las fuerzas de orden que siempre han comido del plato de los ricos salen ufanas con sus medallas, y sus diplomas acompañados de esa abominable y repelente música militar.

No debe llamarnos al asombro que en caso Camilo Catrillanca se hayan puesto de acuerdo Piñera, su gobierno y carabineros. Que exista todo un complejo entramado político jurídico para salvar de la cárcel a los asesinos del comando jungla y que carabineros quede como una institución encargada de salvar el orden y que trabaja incansablemente por cuidar la vida de los chilenos.

Les invito a que hagan un paseo por los distintos medios de circulación nacional para que se enteren que en ese segmento al que se le entrega el poder de las armas y la luma/garrote, existan ladrones, traficantes, violadores, maltratadores, cafiches a quienes Piñera solicita se les respete por sus esfuerzos.

Carabineros es la criminalidad desatada. Rozas un cobijado en el poder y repartido de la impunidad.

En la antigua práctica de asesinar a chilenos en las calles viene del siglo XIX, pero donde queda históricamente grabada es en la masacre de la Escuela Santa María de Iquique, o La Coruña, o Ranquil, la lista de masacres es larga y miles los viajes al cementerio.

La impunidad no es un asunto menor y para que aquello funcione se necesitan el accionar de diferentes poderes del estado. El judicial y el ejecutivo. En el asesinato de Camilo Catrillanca los responsables fueron los carabineros, los que dispararon, los abogados, los oficiales.

Cuatro horas combatieron los carabineros con los delincuentes. Cecilia Pérez. Ministra de Piñera.

Cecilia Pérez es una mentirosa.

La persecución y el asesinato de Camilo Catrillanca duró no más de unos veinte minutos. La víctima no portaba armas y conducía un viejo tractor a treinta kilómetros a la hora. Viajaba junto a un menor de edad a quienes los carabineros apalearon sin motivo.

Lo mató un carabinero a mansalva y por la espalda, al parecer siempre ha sido así, es por eso que les resulte tan fácil sostener que son eternamente victoriosos.

Si los carabineros son atacados tienen el legítimo derecho a defenderse. Piñera presidente.

Siempre ha mentido, no es creíble ni en lo político ni en lo jurídico. Hombre chiquito porque conociendo la verdad de lo sucedido desde el ministerio del Interior que el administra son nulos los avances para que se haga un juicio y castigar al asesino y sus cómplices. Con Piñera los asesinos y delincuentes siempre salen por la puerta chica, esa, la  misma que él utilizó.

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Piñera es el responsable de un gobierno mutilador. Los militares son los responsables de miles de ejecutados y detenidos desaparecidos. Piñera de ordenar la ceguera de los manifestantes a manos de carabineros.

Porque entonces sería condenable que en un acto de legítima defensa las confrontaciones con las fuerzas del orden fueran subiendo de grado, sería en ese instante legítima defensa. No puede un agente del orden disparar a quien al amparo de la ley le entrega el poder del uso del arma.

Chile mantiene en sus instituciones armadas las conductas desde los tiempos de la dictadura, el mismo ejercicio que han utilizado para reprimir las manifestaciones obreras y populares desde antes de los tiempos de las huelgas del salitre.

Los militares, la concertación y otros varios, han trabajado siempre para sostener ese perverso manto de impunidad, esa vieja costumbre de hablar sin decir nada, que es un insulto a millones de chilenos a quienes les interesa el país, su futuro, con una vida plena de derechos.

Chile desde el18-0 no es el mismo.

Miles comenzaron su marcha que marcará el inevitable punto de inflexión para que todo realmente cambie. No son estos los tiempos del gatopardismo, ni de los pusilánimes, ni de los que esperan en la entrada de una iglesia que alguno de deje caer una miserable moneda de poder.

Sostienen muchos que las cuentas por pagar están intactas. Manifiestan miles que los traidores transitan a plena luz del día. Millones gritan que han sido abandonados y entregados a las manos del gran capital.

En el país asustado por seguir viviendo ante esta pandemia, están presente los millones que están bajo la línea de la pobreza. Aparece entonces la mentira bailando de esquina a esquina con todos los actores, políticos, diputados ministros, senadores, con todos.

Piñera, sus ministros, carabineros y la justicia deberán entregar una respuesta que repare a los familiares, al pueblo mapuche, a los pobres del campo y la ciudad para que el asesinato de Camilo Catrillanca no sea uno más en el largo listado de asesinados a los que le debemos una estatua y el justo encarcelamiento de sus asesinos y cómplices, donde los presidentes también deben pagar sus cuentas.

 

Por Pablo Varas

 

 

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