Si quien fuera presidente de Chile, el general Carlos Ibáñez del Campo, empleó como símbolo una escoba, para barrer las injusticias de Chile, don José Antonio piensa utilizar un plumero, con plumas de avestruz. Nada de violencia.
Qué duda cabe que la política, los gobiernos de turno, tienen infectada la Administración del Estado con operadores políticos, parientes y otro tipo de personas que poco o nada pueden aportar a la eficiencia del servicio público.
La derecha en toda nuestra experiencia republicana no ha tenido sino un discurso falaz sobre lo público. Lo niegan, lo adjetivizan, siempre lo quieren minimizar, pero en la práctica son los que más se han servido y usado en provecho propio, construyendo sus fortunas en base al Estado.
Durante más de sesenta años, el imperialismo ha castigado a Cuba y a su pueblo por el imperdonable delito de no obedecer sus imposiciones ni dictámenes y de asumir que la redención de los pueblos es la revolución socialista.
En Cuba, una generación, la del centenario del nacimiento de José Martí, tomó las riendas. En medio de gobiernos corruptos, promesas incumplidas, represión y asesinato de líderes campesinos, sindicalistas y estudiantes universitarios, decidió emprender la lucha armada contra la tiranía.
Las exportaciones silvoagropecuarias son parte esencial del desarrollo económico y rural de Chile. Más allá de las cifras, cada kilo de fruta, cada corte de carne y cada tablón de madera lleva consigo el esfuerzo de miles de productores, muchos de ellos de la agricultura familiar campesina, y de un aparato institucional decidido a abrir, mantener y diversificar mercados
Es altamente interesante que sectores críticos al sistema sean capaces de levantar listas parlamentarias con candidatos valiosos, con experiencia en el mundo social, honestos, que sean capaces de decir las cosas como son y, por sobre todo, que levanten la vista en orden a construir una opción contraria al modelo
Marchas, pancartas, protestas, que intentan muchas veces mostrar adhesión ciudadana, capacidad de convocatoria y, si se quiere, fuerza, son demonizadas desde las más diversas trincheras porque “así no se construye democracia. Ésta se ejerce a través de las urnas”.
En el encuentro “Democracia Siempre”, realizado ayer en Santiago con la presencia de líderes como Lula da Silva, Gustavo Petro, Yamandú Orsi y Pedro Sánchez, las alarmas sobre el avance global de la ultraderecha sonaron fuerte y sin eufemismos. Todos, excepto uno: Gabriel Boric.
En un rincón oscuro del orden constitucional chileno, sobrevive un vestigio del autoritarismo con ropaje democrático: el artículo 9º de la Constitución. Su redacción, herencia directa de la Constitución pinochetista de 1980, aún conserva un sesgo penalizador hacia toda acción que desafíe el statu quo mediante medios radicales, disfrazando de condena universal al