
La incoherencia es grotesca. Herrera predica el Sapere aude y practica la sumisión. Quiere tener a Kant con una mano y a Kast con la otra, pero no se puede. Él mismo cita a Kant: "No hay atajos. Pensar cuesta". Pero Herrera prefirió la "feliz vulgaridad" que el propio Kant describió: esa disposición que evita el esfuerzo de los principios. Por eso sus columnas parecen














