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Plan de apoyo empresarial junta a sardinas con tiburones

Según la clasificación más convencional utilizada en Chile, se considera microempresa a aquellas unidades productoras de bienes o servicios que tienen ventas anuales que se ubican entre 1 y 2.400 UF. La pequeña empresa, a su vez, es aquella que tiene ventas entre 2.400 y 25.000 UF al año. Las medianas son aquellas que están entre las 25.000 UF y las 100.000 UF y la gran empresa es aquella cuyas ventas están, anualmente, por sobre las 100.000 UF.

Según las últimas declaraciones del Presidente de la República y de su Ministro de Hacienda, se llevará adelante un plan de créditos, con tasa de interés cercana a cero, para todas la empresas que tienen ventas que están por bajo el millón de UF al año. Eso quiere decir que dicha opción de crédito no estará abierta solo para los micro, pequeñas y medianas empresas, sino también para las grandes. Pero sin perjuicio de ello, el Presidente de la República anunció un plan especial para otorgarles crédito preferenciales a las grandes empresas que van más allá del millón de UF al año, es decir, a las super grandes.

Uno podría legítimamente postular que las grandes empresas, de 100.000 UF para arriba no tienen hoy en día mayor problema para conseguir créditos a nivel bancario. Han sido, son y seguramente seguirán siendo clientes habituales y preferenciales de la banca. Puede que este tipo de empresa tenga también hoy en día problemas de liquidez, puesto que sus ventas pueden haber disminuido. Eso es enteramente posible, aun cuando no es seguro. Tienen, de todos modos, pleno derecho a seguir contando con el apoyo de los bancos. Nadie puede pretender que es bueno que esas empresas vayan a la quiebra o tengan que detener su funcionamiento por largo tiempo. Es bueno que permanezcan abiertas. Pero no está claro que sea bueno para el país, en las circunstancias actuales, que gocen de crédito a tasas preferenciales de origen fiscal o garantizadas por el Gobierno. Además, estas empresas han obtenido en los últimos años ganancias bastante sustanciosas, lo cual les otorga una capacidad financiera que les permite enfrentar la crisis con bastante más tranquilidad que el común de las empresas del país. Si el crédito preferencial fuera un bien ilimitado, que alcanzase para todos, no habría problema, pero como se trata de una disponibilidad de crédito que tiene un monto fijo, lo lógico sería destinar éste en forma prioritaria, o incluso absoluta, para las micro, pequeñas y medianas empresas. El monto de crédito eventualmente disponible, con tasa cero, alcanza a los 24 mil millones de dólares, y no se puede dejar abierta la posibilidad de que los bancos, en una operación de descreme, direccionen esa cantidad prioritariamente hacia los grandes.

Las micro y las pequeñas empresas es posible que estén bancarizadas, entendiendo por tal que tiene cuentas corrientes y tarjetas de crédito o de débito en la banca local. Es bueno recordar que la tarjeta RUT del BancoEstado tiene más de 12 millones de usuarios.  Eso, en el mundo actual, facilita las compras y las ventas para los chicos y para los grandes. Pero estar bancarizados no significa que son o han sido beneficiados en algún momento con crédito bancario, excepto el crédito habitual de consumo, pero no con crédito para capital de trabajo.  Eso es otra cosa. Para ser beneficiario del crédito para capital de trabajo se necesitan garantías, que seguirán siendo parte de los requisitos del plan actual de crédito, y que muchas de las micro y pequeñas empresas no las tienen.

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La garantía estatal, por la vía de Fogape, abre para muchos la posibilidad de acceder al crédito bancario, aun cuando sea por primera vez, pero no exime de la necesidad de presentar garantías reales, por un porcentaje del crédito al que postulen. En todo caso, todo este plan puede solucionar en parte los problemas de liquidez o de crédito para muchas micro, pequeñas y medianas empresas, aun cuando probablemente no para todas. Entre que exista y no exista, por lo tanto, es mejor que exista. Pero no es la panacea. Hay que tener en cuenta que dicho sector empresarial no solo arrastra deudas de tipo financiero -es decir, con la banca – sino también deudas tributarias y deudas previsionales – es decir, con el Estado – y deudas por concepto de pagos de servicios, y deudas por pagos a proveedores -es decir, con otras empresas – y la sobrevivencia de las micro y de las pymes dependerá de cómo se resuelva la totalidad de estos compromisos.

 

En medio de este frenesí de medidas parciales y poco claras, como casi la mitad de las empresas micro y pymes son, al mismo tiempo empresas familiares, es posible que puedan optar por la ayuda directa que el Gobierno ha prometido a los trabajadores informales y por cuenta propia, siempre y cuando así lo recomiende la comisión de expertos que el Gobierno ha constituido para que lo ayude a solucionar estos líos.

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Por Sergio Arancibia

 

 

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