El racismo en Estados Unidos, sobre todo en contra de los afroamericanos, ya lleva varios siglos. A pesar de la lucha por los derechos civiles, encabezada por Martin Luther King, en los años 60, y la elección de un Presidente negro, (Barack Obama), la policía de ese país sigue siendo tan racista como antes.

 

En el caso del mandatario actual, elegido por los peores miembros de la sociedad norteamericana – en que predominan los blancos, anglosajones y fanáticos protestantes –  cuya política se centra en el matonaje, principalmente contra los pobres, los latinos, los negros y los inmigrantes, es el principal enemigo del pueblo.

 

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Un Presidente, mentalmente sano, debiera tratar de calmar la situación caótica en que se encuentra Estados Unidos que, además de ser el país con el mayor número de infectados y muertos por el Covid-19, ahora se suma una rebelión del pueblo, que ya abarca a veinte estados y las ciudades más pobladas del país, (también se ha extendido a otros países del mundo apoyan a los manifestantes, ´ciudades como Toronto, en Canadá, Berlín, Alemania´ y otros cuantos lugares´) ocasionada a raíz del asesinato brutal del afroamericano, George Floyd.

 

El policía, autor directo del crimen mantuvo su rodilla sobre el cuello de Floyd, durante un lapso de nueve minutos, hasta provocarle la muerte, sin atender a la súplica de su víctima que le decía, “no puedo respirar”, pero esta especie de ser humano no quiso escuchar los gritos de la gente, que le clamaban que no prosiguiera con su tortura, pues ya estaba muerto.

 

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Estados Unidos pretende ser un país democrático y que respeta los derechos humanos, (dicho sea de paso, el documento fue redactado por esclavistas, de hecho, Thomas Jefferson, uno de los padres fundadores de La Unión, era propietario de una hacienda donde trabajaba gran número de esclavos), pero permanentemente atropella los derechos humanos no sólo en su país, sino en los demás países del mundo. Su sistema electoral es francamente una broma: sale elegido quien perdió en el voto popular, (ocurrió con el triunfo de Donald Trump frente a Hillary Clinton).

 

De 1.700 detenciones por parte de la policía, en los últimos años el 33% ha tenido como resultado el atropello y la muerte de negros, principalmente; la policía, que tiene distintos protocolos según el estado donde se realicen dichos actos de barbarie, está infiltrada por elementos bestiales, racistas y nazistas.

 

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Desde el Pacífico hasta el Atlántico, actualmente Estados Unidos está en llamas: en Los Ángeles y San Francisco se ha decretado el toque de queda, pero en este caso, nadie lo acata; lo mismo ocurre en otras diez grandes ciudades, entre ellas Chicago, Dallas y Houston, (ciudad esta última donde nació Floyd).

 

El Presidente Trump escribió por twitter que “a los saqueos, seguirían las balas”, encendiendo aún más las praderas, y como se ha mostrado como un monstruo dominado por el odio y la violencia, incluso, se lanzó contra las Redes Sociales amenazándolas con retirarles la protección jurídica, que las blindan de querellas respecto a los escritos por los usuarios. La dirección de twitter colocó una advertencia por la cual comunicaba a sus lectores que el tuit de Trump incitaba a la violencia y al odio.

 

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En su incapacidad para mantener el orden se dedicó a culpar, (como lo hace habitualmente), a alcaldes y gobernadores demócratas, en especial al alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, quien se pronunció en favor de los manifestantes bajo la condición de que su protesta se abstuviera de recurrir a la violencia.

 

La mayoría de los gobernadores, al verse sobrepasados por las manifestaciones, pidieron la intervención de la Guardia Nacional, institución armada que no está adiestrada para contener y disolver a los manifestantes.

 

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El racismo de los policías ha llegado a tal grado que ha procedido a detener a un reportero de CNN, negro y de apellido hispano, Jiménez, que sólo cumplía con filmar el desarrollo de la manifestación.

 

CNN tiene en Atlanta su casa matriz, que también fue asaltada por los manifestantes; sus periodistas y comentaristas atribuyen este hecho a su ubicación, en pleno centro de la ciudad, pero esta explicación a todas luces parece ridícula, en cambio, sería más aceptable al repudio que la gente tiene a las mentiras de los periodistas vendidos a los dueños de los medios de comunicación.

 

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En Nueva York. las manifestaciones han sido muy concurridas y pacíficas, y han tenido lugar en los puntos centrales de la Manzana, hacia el sur. La violencia en Los Ángeles ha adquirido una violencia inusitada.

 

La hija de Martin Luther King, (el líder de la no-violencia activa y los derechos civiles), llamó a manifestar pacíficamente. Es evidente que la no-violencia es mucho más poderosa para oponerse al poder irracional, tiránico y autoritario del gobierno de Trump, que los enfrentamientos y saqueos, (personalmente creo que la violencia nunca ha sido la locomotora de la historia, sino que la mejor aliada del reino de tanatos.

 

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Así parezca una exageración, Estados Unidos no está muy lejano de una segunda guerra civil si el gobierno continúa por este camino, y “los cerdos de granja” de Orwell reeligen a Donald Trump.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

1º de junio de 2020

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