Política

Al corazón de los problemas: pensiones y cadáveres políticos

  • LAS PENSIONES.

El sistema de capitalización individual no es un sistema de pensiones propiamente tal, aun cuando entreguen pensiones a sus ahorrantes; pensiones precarias, parciales y claramente insuficientes.

Un sistema de pensiones, propiamente tal conlleva un sistema de solidaridad como centro de su espíritu, por tanto, para alcanzar un sistema real de pensiones se debe llegar mínimo a un sistema mixto, donde la solidaridad sea el único factor que se incrementa, pues el individual ya se lleva 10 puntos del ahorro.

¿Puede llegarse a un sistema de reparto total?

Puede ser factible si se cumplen ciertos requisitos:

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  1. Que se cambie el decreto 3500, y se reorienten los fondos ahorrados a financiar programas de desarrollo económico nacional. Chile es un país cuya inversión es sesgada hacia los sectores que son motores de la economía neoliberal: financiero, comercial. Los sectores productivos reales deben ser ahora los privilegiados en el uso de los fondos ahorrados por los trabajadores, pues al incrementar el parque de producción nacional, se aumenta el trabajo; si ese parque es industrial, suben los salarios y su estabilidad en el tiempo. Es decir, lo que se invierte no sólo devuelve retornos garantizados por el uso de esos fondos, sino que expande e incrementa la base sobre la que se crean los fondos de ahorro previsional, cosa que no hace el actual sistema. El actual sistema lo que hace es entregar una rentabilidad baja a los pensionados y una rentabilidad excesivamente alta a los capitales que se adjudican el uso operativo de tales fondos (Se prestan al sector financiero y comercial a 3 % y ellos los reciclan a tasas que sobrepasan el 30%). En el fondo, los trabajadores son quienes hacen permanente transferencia de riqueza a los empresarios más ricos del país, sin recibir siquiera una cuota de la renta excesiva que con sus ahorros obtienen los grandes capitalistas.
  2. En cambio, si se hubiesen invertido los ahorros de los trabajadores en las concesiones  de carreteras o en las refinerías del Cobre o en la industria del Litio, se podría traspasar más de tres veces lo que renta el uso actual de esos dineros, y con garantía mínima de rentabilidad otorgada por el contrato con el Estado.
  3. Con este tipo de inversiones, que activen el multiplicador keynesiano de las inversiones internas, tendríamos más inversión, con puestos de trabajo mucho más extenso (no con la informalidad de casi el 50% y la precariedad e inestabilidad laboral del 70%) y con regularidad en las cotizaciones, que son los grandes defectos y problemas del modelo actual.
  4. En estas condiciones se puede llegar a una fórmula de reparto total y completamente solidaria, pues no hay peligro de generar deterioros en los fondos disponibles. Con las actuales reglas, incluso mejorándolas, no da más que para un sistema mixto.

 

 

2)       LA CRISIS DE LA DERECHA Y SU MODELO.

 

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Es indudable que el modelo económico social de Chile está en crisis muy severa. Culpables desde la cuna ha sido la derecha pinochetista y luego la dupla en democracia, encabezada por la Concertación,  la que se adhirió y profundizó, de buen grado y con uso de su libre albedrío, a los fundamentos del modelo pinochetista-neoliberal.

Este modelo está en crisis por razones internas y externas: las internas se basan en un modelo “EMPRESOCÉNTRICO” (O. Varsavsky), es decir que todas las reglas del juego de la economía y la normativa del trabajo están destinadas a favorecer al empresariado y a castigar o desconocer al sector laboral. Externas también, porque se sustenta en una apuesta por la explotación transnacional de las materias primas, las que imponen un sistema exportador de riqueza e inhibidor de la economía productiva nacional. La aparente dinamización de la inversión y el PIB, por parte de las empresas foráneas, crean una ilusión de crecimiento, pero lo cierto es que si bien activan ciertos segmentos, lo realizan de manera marginal y muy acotado en el tiempo. Basta revisar las cuentas de capitales y de tributación efectiva.

Este capitalismo “empresocéntrico” y asimétrico en extremo, terminó por desencantar a una clase media que creyó en la sinceridad de las promesas del futuro; pero cuando la caída de los precios de las materias primas y la salida de capitales frustró el sueño laboral y dejó la pesadilla de las deudas, entonces el sistema entra en crisis total. Las clases marginales, por su parte, fueron armando su propio mundo de sobreviviencia, asentado en una “Épica antisistema”, la que quedó manifiesta en el Estallido social. En dicho “Estallido social”, lo que sorprendió a la derecha ortodoxa y concertacionista, fue la inmediata solidaridad activa y marchante de las clases medias. Ello marcó el campanazo fúnebre para el modelo y su cortejo de cadáveres ideológicos insepultos.

Esta es la razón por la que la derecha ya no puede imponer la férrea disciplina de la que hizo gala durante los últimos 30 años. Esos ediles y parlamentarios que tienen un historial más cerca de la voluntad “populárica”, ya no pueden someterse a los dictámenes de los “príncipes” de la rancia oligarquía. Vienen, estos otros, con una mutación ideológica y republicana, o con una sensibilidad diferenciada. Esto no dice que dejen de ser de derecha, pero una derecha más cerca de la tierra y no tan cerca de Dios.

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Ahora, la pandemia, que se creyó que salvaba a Piñera, como lo hace la campana en el box, terminó siendo un virus de efecto político tan mortal como letal ha sido en lo biológico.

La definición que le viene por delante a la derecha, con el tema del plebiscito (que difícilmente podrán eludir; ya se lo advierte esta votación y opinión popular sobre el retiro del 10%), los está sometiendo a un estrés tan enorme, que para algunos les resulta insoportable. Larraín Matte, renuncia a la presidencia de EVOPOLIS, tratando de servir de fusible para conservar a sus ministros en el gobierno. El resto de la derecha  encuentra que estos cargos (Interior y Hacienda), son muy importantes para que los ocupen dos personajes de un partido tan pequeño y con dos acólitos de escasa experiencia y maña. Creen que lo que se viene es cuesta arriba y hay que enfrentarlo con generales y con capitanes a la cabeza de los planes de guerra. Como gustaba decir don Onofre Jarpa “Se trata de una pelea de perros grandes, no de quiltros”.

 

Por Hugo Latorre Fuenzalida

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