Crónicas de un país anormal Cultura Portada

Diego Armando Maradona y los dioses argentinos del Olimpo

No sería mala idea que el historiador Felipe Pigna escribiera una historia de Argentina, basada en sus dioses más significativos: desde Gardel, (falleció el 24 de junio de 1935, en Medellín Colombia, a causa de un accidente aéreo), hasta el Papa Francisco.

El filósofo griego Epicuro, que era bastante enfermizo, y que sólo se daba sus “banquetes” a base de pan y queso, nos enseñó a no temer a los dioses, pues ellos no se daban la molestia de preocuparse por los hombres, pensamiento que marcó la crítica al cristianismo, al menos hasta la época de oro del siglo XVII.

Argentina sería un país muy insulso sin Gardel, Evita Perón, Maradona y el Papa Francisco; a diferencia de Chile (país de malagradecidos), en Argentina se profesa un culto de gratitud perenne por sus ídolos, a quienes venera como a dioses y los eleva hasta el Olimpo. La mayoría de ellos murió aún jóvenes: el dios padre, Gardel, a los 47 años, (tanto su lugar de nacimiento sigue siendo una disputa permanente: Toulouse, Francia, Tacuarembó, Uruguay, como las causas de su muerte, debido al choque entre dos aviones, en Medellín, falsificado a todas luces por el gobierno colombiano a fin proteger al piloto aristócrata Samper); Eva Perón murió a los 33 años; Maradona, a los 60 años de edad; el Papa Francisco, que sigue vivo, y escandalizando a los cavernarios cardenales que se han apropiado de una iglesia, convertida en un negocio muy rentable, propietario de un Banco que permite la especulación encubierta.

El zorzal criollo, convertido en ídolo, su fama comenzó en el barrio Matadero; Eva Duarte, hija “natural” del potentado Juan Duarte, nació en el pueblo de Toldito, en la provincia de Buenos Aires, y siempre tuvo especial odio a la oligarquía bonaerense; Maradona nació en una villa miseria, en los suburbios de Buenos Aires; Francisco Mario Bergoglio, hijo de una familia de inmigrantes italianos, abrazó la carrera del sacerdocio, convirtiéndose en cura “villero”. Ninguno de estos cuatro ídolos ha traicionado su origen y, por esta razón en especial, el pueblo le rinde culto especial.

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Así parezca una herejía, para muchos argentinos los altares de Eva Perón son mucho más visitados y venerados, tanto en sus propias casas, como en los altares de animitas, que los dedicados a la Madre de Jesús de Nazaret. Tanto odió la oligarquía a Evita Perón que su cadáver fue desaparecido y varias veces violado, (el feminismo de Evita era mucho más revolucionario que el actual, pues se trataba de que las mujeres tomaran el poder a través del voto, y no igualarse a los hombres, como lo sostenían las precursoras liberales del voto femenino). Evita sabía bien que la oligarquía se vengaría con sevicia y, por esta razón, compró armas para que la CGT pudiera defenderse.

En el caso de Carlos Gardel, el tango se convirtió en el canto y el baile del alma criolla. Sus conciertos en Francia y en otros países de América Latina eran aplaudidos con fervor por miles de personas, que admiraban la interpretación de este zorzal criollo. Se llegó a decir que, si aún viviera, tendría la misma voz.

Diego Armando Maradona, que acaba de morir, los medios de comunicación están salpicados de llantos, plegarias, signos de adoración y frases para el bronce para este futbolista, un verdadero genio del futbol, capaz de visualizar durante el mismo juego, los pasos necesarios para llevar la pelota al arco al mismo tiempo que él, (ocurrió también en el famoso gol, en el partido que jugaba contra Inglaterra, después de la derrota en Las Malvinas, lo cual permitió a algún hincha exagerado la expresión de que “el heroísmo de Maradona equivalía al de San Marín”: Argentina se había vengado de la “pérfida Albión”.

Los medios de comunicación de masas están llenos de entrevistas a Maradona, entre las cuales sobresale una en que se auto-entrevista, afirmando con sinceridad acerca de las acciones más altruistas y las más miserables de su vida; en otra entrevista señala que su madre, doña Tota, siempre decía que le dolía el estómago a la hora de ingerir alimentos, pero la verdad era para disimular la escasez de comida y ceder su ración a sus hijos. Don Diego, su padre, albañil, lo golpeaba con frecuencia y por cualquier nimiedad; cuando lo acompañaba a sus entrenamientos, no tuvo palabras de elogio, salvo alguna vez que soltó dos palabras: “jugaste bien”.

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A diferencia del otro ídolo del futbol mundial, Edzon Arantes do Nacimiento, Pelé, (que rindió homenaje al ultra reaccionario Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro), Maradona fue siempre consecuente con sus ideas de izquierda. En sus diferentes fases de la vida, desde jugador de Boca a líder del Nápoles, equipo al que le dio dos campeonatos, y así vengó a las ciudades del sur de Italia contra las del rico norte de ese país.

América Latina, gracias a su politeísmo y sus dioses del Olimpo, tiene un imaginario popular más rico que el de cualquier otro Continente: en México, por ejemplo, no se es católico, sino guadalupano; en Colombia, se venera más a la Virgen de Chiquinquirá que a la misma imagen de Jesús; en Argentina, a Eva Perón más que a la Virgen de Luján. (En mi infancia, mis tías me llevaban a las procesiones de la Virgen del Carmen que, para nosotros, era una fiesta, pues íbamos al café Paula a tomar el té).

La diferencia entre el dios de los filósofos y el de los ídolos latinoamericanos es que, los segundos, son verdaderamente humanos, con sus defectos y cualidades, y como diría Feuerbach, “mientras más pobre es la vida humana, más ricos, complejos y profundos son los dioses”.

Rafael Luis Gumucio Rivas, (El Viejo)

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28/11/2020

Bibliografía

Felipe Pigna

Historia de la Argentina

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Evita realidad y mito

Feuerbach l

La esencia de la religión

La esencia del Cristianismo

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Historiador y cronista

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  1. Maradona por siempre, hasta que nos olvidemos de él. En el futuro, siempre que haya uno, por miles de razones, quizás la historia le dedicará a Diego un parrafito en que se narre sus proezas en el campo de juego y al mismo tiempo se muestren los videos de estas proezas, pero quién se atrevería a decir que en el futuro no van a haber otros o mejores Maradonas que el dios que acaba de morir. Que insulto, los dioses, según los creyentes, no mueren, asi que mil perdones, pero para mi personalmente, Diego era un dios en la iglesia rectangular de pasto donde 21 otros paganos se mostraban dominando una pelota que pertenecía al dios Diego. Hasta siempre, compañero Diego Maradona.

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