Opinión política

Colo Colo y Piñera a los potreros

La última de las encuestas le otorga a Sebastián Piñera, un 7% de aprobación. Si se analiza bajo otro parámetro, y buscamos el lado positivo de la medición, los encuestados le ponen nota 7 al jefe. El apoyo, aun cuando parece escuálido, se trata de un reconocimiento a su gestión empresarial. Calificación meritoria, mientras la pandemia alcanza niveles de catástrofe. La corrupción se extiende y corroe los cimientos del país. Si roban los caballeros y la gente chic y concurren a clases de éticas, como sanción, meter las manos a la valija, a nadie inquieta. Si se ha convertido en moda, debe respetarse la iniciativa en épocas de vacas flacas. Ninguna institución parece quedar inmune a esta seguidilla de asaltos y sinvergüencerías, llamada por algunos, “una visita al granero a medianoche”. ¿Quién emporcó el nido? ¿Cuándo se le soltaron las trenzas a tanto badulaque? Como si estuviésemos a la deriva, navegando entre tifones en el Mar de la China. Y si no enmendamos rumbo, desde esas lejanas latitudes, nos pueden cortar la luz. Quedar a oscuras, no parece ser tanta desgracia como quedar sin agua. La oscuridad a menudo es sinónimo de intimidad y ella nos estimula a actuar. Se sabe que hay países que codician nuestras reservas hídricas y se aprontan a comprarla.

Dentro de tantas desgracias, aflicciones y penurias que no parecen concluir, nos enfrentamos a otra pésima noticia. Colo Colo, el glorioso cacique, equipo de fútbol amado por los “patipelados” y esa juventud rebelde que visita la Plaza de la Dignidad a expresar su descontento, arriesga a caer a la segunda división del fútbol. A jugar en los potreros, según la jerga popular. Sitio donde debe purgar sus falencias, mala gestión administrativa y ninguna visión de futuro. No podemos desconocer que a la hinchada alba, en sus protestas, también los acompañan la chiquillada de la Universidad de Chile y demás equipos de la división de honor. En este tema impera la unidad. El cacique, los albos, los tataranietos de David Arellano, bien pueden irse al limbo a esperar el día de la resurrección de la carne.

“Es signo de los tiempos”, me sopla al oído un colega, cuya sabiduría admiro. Y agrega: “Cuando aflora la descomposición en un país, debido a la permisividad de un gobierno dominado por la corruptela, incapaz de gobernar, las instituciones más señeras, empiezan a resquebrajarse, a caer en el desprestigio. El tinglado, y basta que se le saque un clavo a la armazón, cae al suelo en forma estrepitosa. ¿Podrías tú —me desafía— nombrar una sola institución del gobierno, donde uno debería confiar? No las hay, mi viejo, y si las hubiera, yo estaría enterado. Ni hablar de los bancos, las financieras, las ISAPRES, AFP, las farmacias, la TV mentirosa, coluda con el gobierno. La prensa lacaya, desde siempre rastrera, dispuesta a recibir el avisaje de las empresas del estado. A diario, estas organizaciones mafiosas, ordeñan a la población, utilizando triquiñuelas, mientras ofrecen las delicias del modelo”.

Semejante análisis, a cualquiera abruma. Si Colo Colo desciende, Piñera baja su calificación a 2% de apoyo, la pandemia continúa su marcha triunfal y el saqueo no se detiene, significa que ni vacunados contra el coronavirus, vamos a conseguir zafarnos de la catástrofe. Hablar de poesía épica, nos puede dar esperanzas en medios de la oscuridad. No quita el hambre, pero ayuda a abrir los ojos. “Chile, fértil Provincia, y señalada. En la región Antártica famosa, De remotas Naciones respetada, Por fuerte, principal y poderosa…” La Araucana de Alonso de Ercilla y Zúñiga.

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Por Walter Garib

 

 

 

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Escritor y Cronista

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