Opinión política

Exministros, cantantes jubilados, tuiteros y otros faranduleros a la convención constitucional

El peso de la historia reciente en Chile se repite y se reproduce como en una división mitótica. Y bajo estos mecanismos, bajo esta mala conciencia del presente, la revuelta social se presenta como una nueva oportunidad de hacer política. Sucedió hace más de un año en el acuerdo del 15 de noviembre del 2019 tristemente denominado  Acuerdo por la Paz, un par de meses más tarde en la ley 21.200 y ahora al cierre de las candidaturas para la convención constituyente. Como si olvidaran el plebiscito del 25 de octubre pasado y el masivo apoyo a una nueva constitución sin la participación de la clase política, de las elites y de todo lo que huela y se parezca a las repudiadas instituciones.

¿A quiénes nos referimos? De partida, a la cofradía política de corte portaliano que paralizó en noviembre del 2019 el impulso popular y frenó sus ansias revolucionarias. El llamado partido del orden, el consolidado conservadurismo anclado en el mito republicano del que participó casi todo el espectro parlamentario: en aquella oportunidad, y bien vale aquella foto para la historia, desde parlamentarios como Desbordes, Harboe a Gabriel Boric. Pero esta es solo la punta de lanza que empujan hoy los medios de comunicación, funcionarios de variados rangos y el poder de las instituciones, desde los tres poderes del estado a las fuerzas armadas y policías. Y, de manera destacada, el mercado, sobrerrepresentado no solo en la voz de Juan Sutil y sus incontinentes opiniones, sino por todo el gobierno.

Ha sido un año de confinamiento que la clase política ha aprovechado para levantar un desvío lleno de curvas y lomos de toro por las que conducirá cual ganado al electorado. Y allí vamos, hasta el momento paso a paso y sin mayores reclamos. Todos juntos, ovejas y lobos con piel de oveja. De derecha a izquierda: Nazis, fascistas, derechistas de alta gama, representantes de la vieja y nueva guardia de la concertación, de las terceras vías y oportunistas de la transición, frenteamplistas y comunistas. Y junto a ellos, miles y miles de independientes, falsos y verdaderos, que han de representar la diversidad. Son más de tres mil inscritos que postulan a una convención constitucional de 155 personas.

El Servicio Electoral aún no publica la lista completa de todos los postulantes. Pero ya se han filtrado no pocos nombres que han destrozado desde el comienzo el proceso constituyente. Si el quórum fatídico de los dos tercios le otorgará una sobrerrepresentación a la derecha, que ya ha contado con el visto buena de la otra derecha, o exconcertacionistas, si el sistema electoral favorecerá a las grandes listas, otra vez a la derecha unida, ahora vemos que las candidaturas son una muestra más del grado de deterioro de la política. Si en las marchas del 2019 centenares de miles clamaban por los cambios, por el recambio completo, lo que tenemos ahora es más espectáculo político.

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Una panoplia formada  por exministros, animadores de TV, excantantes, tuiteros y los infaltables faranduleros se han apuntado a la convención constitucional. Es de no creerlo. La convención nace mal, está viciada desde su origen con las peores prácticas políticas de los últimos 30 años. Por poner unos nombres: la exministra y activista por el Rechazo Marcela Cubillos, la tuitera ultraderechista Teresa Marinovic, el exministro del Interior con violaciones a los derechos humanos en su falsa conciencia Gonzalo Blumel, la exanimadora o exmodelo Adriana Barrientos (no es alcance de nombre), el exsenador Felipe Harboe (sin comentarios), la exministra y escorada hacia la derecha Mariana Aylwin, el exministro de Piñera Cristian Monckeberg, la exfarandulera Yuyuniz Navas o el mismísimo Miguelo, entre varios otros de similar factura.

Todos olvidan o intentan borrar las causas de la revuelta popular. Empujar el carro electoral lleno de trucos y trampas y rentabilizar un poco la pasada. Y no solo el mismo espectáculo de los últimos treinta años sino también los mismos fines. Extender las políticas de la transición con sus pactos y negociaciones y de esto que pasó no me acuerdo.

La arquitectura del régimen no solo es demasiado pesada sino anquilosada. Y se nos ha caído encima. Si en octubre incendiamos medio Chile, estamos poniendo los cartuchos necesarios para volar próximamente al país entero.

 

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Por Paul Walder

 

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Periodista

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  1. Gino Vallega says:

    Como era de esperar , las dos derechas se adueñaron del proceso del 18-O ,que se ensució con el acuerdo de paz y el candombe seguirá igual…..hasta una nueva evasión estudiantil en 30 años más ?

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