Chile Nuevo Ciclo Política

El poder desgasta a quien no lo tiene*

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En Chile, a partir de la Constitución de 1980, el Presidente de la República ostenta más poder que los reyes absolutos de la dinastía borbónica. Si además se agrega un Congreso mayoritario, (ocurrió en 1964, al inicio del gobierno de Eduardo Frei Montalva, con 80 diputados democratacristianos de 150 miembros de la Cámara de Diputados), tendría el poder absoluto, prácticamente sin control y ninguna fiscalización.

La oposición en “la monarquía presidencial” chilena carece de facultades para contrapesar el poder del Ejecutivo y, aunque cínica la frase de Giulio Andreotti que titula este artículo, es perfectamente aplicable al régimen político chileno, pues sin este poder presidencial la oposición terminaría por desgastarse. Durante el período del Presidente Eduardo Frei Montalva la oposición era tan insignificante que el debate político se trasladó al propio Partido – la Democracia Cristiana – único del gobierno, y la disputa entre rebeldes terceristas y oficialistas se convirtió en el centro de la política chilena.

En el régimen presidencial actual, (algunos llaman de doble minoría, un Presidente elegido en forma minoritaria, como lo es también el Congreso) el Presidente puede gobernar si posee un tercio de los votos del universo electoral, lo cual le permitía imponer el veto, (en el tiempos del Chile republicano, la segunda vuelta entre las dos primeras mayorías era resuelto por el Congreso Pleno).

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En el caso del gobierno de Gabriel Boric, que recién asumió el poder, tiene la mitad del senado en contra, así como una ínfima mayoría en la Cámara de Diputados, y en ambos casos esta mayoría está condicionada al voto de los senadores y diputados de la Democracia Cristiana que, en esta ocasión, no forma parte del gobierno.

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La derecha, a diferencia de la izquierda, funciona sobre la base de intereses económicos, y los partidos políticos que la integran están supeditados a un líder autoritario, (en este caso al dictador Augusto Pinochet Ugarte) y, posteriormente, al ahora ex Presidente, Sebastián Piñera, el “gran vacunador” y el último de los reyes holgazanes que se sucedieron en la presidencia de Chile.

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Como la izquierda funciona con ideas, casi siempre se divide por distintas construcciones ideológicas; en el caso de la derecha,  su ideario es limitado y sólo se une sobre la base del odio y el miedo a la izquierda, además de una concepción del orden portaliano, con cimientos en “el garrote y la zanahoria”.

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Tanto Pinochet como Piñera desprecian los partidos políticos que, según ellos, sólo sirven para dividir a los chilenos, como también para propagar la demagogia y el clientelismo.

Pinochet, durante su mandato, terminó con el padrón electoral y con los partidos políticos. La derecha propagaba que el general Pinochet, además de haber salvado a Chile del comunismo, era un  hombre honrado a carta cabal, hasta que se descubrió fehacientemente que, además de asesino, era el mandatario más ladrón en la historia de Chile.

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En el caso de Sebastián Piñera, se sabía desde un comienzo que era un empresario, carente de ética, y que usaría el cargo de presidente de Chile para aumentar su ya multimillonaria riqueza. La derecha difundió entre los habitantes de “Tontilandia” que el empresario Piñera convertiría, como él, a todos los ciudadanos en millonarios.

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La derecha chilena, durante el período “transaccional”, (transición a la democracia), ha logrado sostenerse en el sistema político, nada menos que eligiendo dos veces a un Presidente-empresario, un tanto bufonesco, que desprecia a los partidos políticos y que nombra en su gabinete ministerial a sus empleados, (“chiquillos y chiquillas” formados en el Liceo Alemán, Verbo Divino y, luego, en la Universidad Católica, y Villa María Academia, para las niñas).

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Las alianzas de partidos políticos de la derecha han cambiado de nombre como de chaqueta: el último, Chile Vamos, que se vació por la traición con el candidato Sebastián Sichel,  traspasando sus votos al ultraderechista y fascista, José Antonio Kast, a quien creían seguro ganador en las elecciones presidenciales frente a Gabriel Boric.

El que la derecha prefiera a un militarista pinochetista es apenas lógico, pues siempre – así recen muchas Avemarías – seguirán teniendo, como su líder, al tirano general Pinochet.

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Los partidos políticos de la actual oposición, han sido protagonistas de disputas mutuas: por ejemplo, Renovación Nacional, el principal Partido cuenta con un pequeño sector que se autodenomina “liberal”, cuyo líder es Mario Desbordes, y otro, más numeroso, muy cercano a la derecha de la UDI; por su parte, este Partido mantiene los resabios del pinochetismo. Chile Vamos está integrada también por el Partido Evópoli, que pretende ser el representante del liberalismo derechista, sin embargo con el andar, sus dirigentes no se diferencian mayormente de la derecha tradicional.

El conflicto entre Renovación Nacional y el resto de los Partidos de la Alianza, provocado por el pacto de la UDI con el Partido Socialista para la composición de las mesas del Senado y la presidencia de las Comisiones, terminó por romper esta alianza de partidos de derecha, sostenida ahora sobre una débil base que consiste en el reparto del poco poder que el Parlamento posee.

Según mi opinión, no hay que tomar muy en serio este quiebre de la derecha, al fin y al cabo, en el proceso, terminarán recomponiéndose para convertirse en una oposición que le niegue la sal y el agua al gobierno del Presidente Boric.

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*Frase de Giulio Andreotti

Por Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

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15/03/2022

 

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Historiador y cronista

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  1. Gino Vallega says:

    *»El enemigo de mi enemigo, es mi amigo»……como funciona eso con la UDI y PS? El 56% de los votantes son su enemigo, para que entre ellos se amiguen? El PS tiene en su contenido partidario el apoyar a
    Pinochet-KKKast si es necesario ?
    * Proverbio árabe ó chino.

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