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Occidente en Guerra: En 100 días Ucrania ha perdido el 20% de su territorio y los actores bélicos cada vez más “racionales en su locura” (Hamlet)

La invasión rusa, iniciada el 24 de febrero, empieza a hacer mella en la población ucraniana. Además de las decenas de miles de muertos, la integridad territorial del país ha quedado destrozada.

¿Hay salida diplomática?

Los puros hechos y sus palabras. Después de tres meses de una guerra devastadora, se calcula que el número de muertos ronda los 40.000 y hay 13 millones de refugiados y desplazados.

El 24 de febrero, Vladimir Putin pronunció un discurso en el que anunció el lanzamiento de una “Operación Militar Especial” en Ucrania. Un eufemismo para la invasión del país vecino, eso sí después de años de denunciar que Rusia estaba siendo cercada desde la caída de la URSS por bases de la OTAN, y que desde el 2014 EE.UU. entrena al ejército de Ucrania, hechos que entre otros se enmarcaban en la humillación de Rusia, es decir sin considerarla para nada en un proceso de integración a la seguridad de Europa, sino al contrario en evidente provocación y amenaza de sus fronteras, hechos que algunos especialistas norteamericanos como Kissinger y europeos como Hubert Vedrine comentaron que era en extremo peligroso.

Tras 100 días de combates y bombardeos entonces, Rusia “ocupa el 20% del territorio ucraniano“, declaró el  jueves Volodimir Zelensky ante el Parlamento de Luxemburgo.

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El presidente ucraniano estima que la ocupación rusa ha alcanzado los 125.000 km2 (frente a los 43.000 km2 de 2014), habiendo conquistado parte del Donbás (Izioum, Volnovakha) y la costa (Mariupol, Kherson…), a lo largo de los mares Negro y de Azov. Un avance que les da continuidad estratégica hasta Crimea.

A partir de ahora, los enfrentamientos se concentran en el sureste, alrededor de Zaporijia, Avdiïvka, y en el este, en Severodonetsk, Kramatorsk, Lyssytchansk, Sloviansk. Además del número de muertos, todavía tabú, que varios expertos cifran en unos 40.000, las cifras humanitarias son cada vez más preocupantes: 5,2 millones de niños necesitan ayuda, según UNICEF. Además, hay 13 millones de desplazados y refugiados. ¿Cambiaron los objetivos?

Durante su discurso, hace cien días, Vladimir Putin dio tres objetivos: defender las repúblicas autoproclamadas de Lugansk y Donetsk (LNR y DNR) en el Donbás, cuya independencia acababa de reconocer; desnazificar y desmilitarizar Ucrania. En los primeros días se planteó la hipótesis de una ofensiva relámpago para derribar el régimen de Kiev, abriendo tres frentes simultáneamente: en el norte hacia la capital, Kiev, en el este y en el sur, con casi 150.000 hombres movilizados.

A finales de marzo, comenzó otra fase en el frente militar, centrada en el Donbás y en la costa ucraniana (Mariupol). Esta nueva estrategia estaba claramente dirigida a retomar los límites administrativos de las regiones de Lugansk y Donetsk. Esta conquista “se está ganando a costa de un considerable sacrificio humano. Miles de civiles han muerto. En cuanto a los soldados, hemos superado las pérdidas de la intervención soviética en Afganistán (20.000 muertes entre 1979 y 1989), que traumatizaron a varias generaciones“, afirmó un diputado ruso.

En el lado ucraniano, ¿sigue siendo sostenible el discurso de la victoria a toda costa? Si en las últimas semanas el presidente y sus ministros lo han repetido a menudo, y luego lo han transmitido algunos dirigentes occidentales, la situación sobre el terreno es cada vez más difícil para Ucrania. Estamos entrando en una guerra de usura. Severodonetsk está “ocupada en un 80%” por las fuerzas rusas, confirmó el gobernador de la región de Lugansk, Serguiï Gaïdaï.

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EE.UU., la OTAN y Rusia libran una guerra “por delegación” y en los programas televisivos occidentales se especula y celebra el espectáculo

En un reciente artículo de opinión publicado por la revista Russia in Global Affairs, Dimitri Trenin, antiguo director del Carnegie Center de Moscú, juzga que “el enfrentamiento entre Rusia y los países occidentales, que se viene desarrollando desde 2014, se ha convertido en un enfrentamiento activo con el inicio de la operación militar rusa en Ucrania. En otras palabras, el “gran juego” ha dejado de ser un juego (…) El peligro de una escalada en el sentido de una colisión directa, sin embargo, no sólo existe, sino que va en aumento”.

La posición de Washington cambia al ritmo del conflicto y de la evaluación de los intereses estratégicos de los EE.UU. El primer punto de inflexión se produjo durante la visita de Joe Biden a Polonia. En un discurso pronunciado en Varsovia a finales de marzo, el Presidente de los Estados Unidos, que se congratuló de las sanciones contra Rusia, pronunció un discurso derechamente bélico. Tras decir: “Estamos con vosotros”, refiriéndose a una lucha entre “democracia y autocracia“, calificó a Vladimir Putin de “dictador” y dijo: “Este hombre no debe seguir en el poder“.

Aunque el presidente estadounidense descartó la creación de una zona de exclusión aérea y la intervención directa, la venta de armas, la ayuda financiera y de inteligencia siguieron aumentando. En un acuerdo entre partidos, el país liberó 40.000 millones de dólares para financiar el esfuerzo bélico ucraniano. Y los gobiernos europeos se sumaron al envío de armas pesadas.

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El martes, tras varias semanas de vacilación, el presidente estadounidense anunció la entrega de sistemas de cohetes de artillería de alta movilidad (Himars es la sigla en inglés) con un alcance de 80 km., con el fin de cambiar el equilibrio del poderío militar sobre el terreno.

Esta última entrega fue denunciada por Moscú. “La línea de Estados Unidos es luchar contra Rusia hasta el último ucraniano. Estas entregas no animan a los dirigentes ucranianos a querer reanudar las negociaciones de paz“, reaccionó el portavoz de la presidencia rusa, Dimitri Peskov. La respuesta del jefe de la diplomacia estadounidense, Anthony Blinken (ucraniano de origen, según Jacques Baud analista suizo), fue inmediata: “Es Rusia la que ataca a Ucrania, no al revés. Para ser claros, la mejor manera de evitar la escalada es que Rusia detenga la agresión y la guerra que ha lanzado“, y que garantice, sin embargo, que los sistemas de misiles Himars no se utilizarán para apuntar al territorio ruso. Mientras tanto, Washington espera una guerra que podría durar “muchos meses”. Con lo que las ganancias de la industria militar serían siderales, el aumento del petróleo y de los alimentos también.

Ante esta situación, las fuerzas rusas bombardearon el jueves varias líneas ferroviarias en la región de Lviv (oeste), a través de las cuales llegan las armas entregadas a Ucrania por los países occidentales. Para Dmitri Trenin, “cuanto más dure la guerra en Ucrania, mayor será el riesgo de un accidente o incidente nuclear. Y con la estrategia de la administración Biden para “debilitar” a Rusia mediante la escala de entregas de armas, incluidos los misiles antibuque, y las revelaciones de la ayuda de los servicios de inteligencia de Estados Unidos a Ucrania, está claro que Estados Unidos y la OTAN están en una guerra por el poder con Rusia”. Guerra en la que coalición occidental intenta ganar adeptos invitando a países latinoamericanos como Chile a participar en una ilusoria alianza para que vuelva la paz.

¿Es posible una salida diplomática?

“Por el momento, está claro que Putin no tiene suficientes garantías para negociar”, señala Jean de Gliniasty, ex embajador de Francia en Rusia y director de investigación del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS).

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En Moscú, varios diplomáticos y diputados rusos creen que la primera fase militar del conflicto está a punto de terminar. Fuentes periodísticas citan a uno de ellos: “Es de esperar que se detenga la ofensiva. Durante el verano se abrirá una ventana diplomática. Sobre el terreno, no será favorable para los ucranianos. Los rusos también tendrán que hacer esfuerzos. Pero es necesario para evitar, en caso de contraofensiva, una respuesta mucho más dura del Kremlin. Me refiero a ataques tácticos, nucleares“.

El ex diplomático Michel Foucher se pregunta de manera diplomática también “hasta qué punto los estadounidenses no llevarán en algún momento a los ucranianos a hacer concesiones territoriales“.

Mientras tanto un grito de alarma surge en un mundo alocado por pugnas territoriales entre elites/castas sedientas de poder. La subida de los precios de los fertilizantes, que sigue a la del trigo, podría provocar un desplome de entre el 20 y el 50% del rendimiento de los cereales en África este año, advierte un especialista. Muchos países dependen de los fertilizantes producidos en Rusia, Ucrania y Bielorrusia, y los agricultores están atrapados en la espiral desencadenada por el aumento del precio del gas.

En África Occidental, las existencias de cereales están casi agotadas, lo que abre el camino a una fuerte subida de los precios y a la especulación sobre la escasez y la ley del mercado. Los países del Norte de África corren la misma suerte. La harina, la pasta, el arroz, el aceite vegetal y los productos alimentarios esenciales están sometidos a una presión creciente. La inseguridad alimentaria está repuntando en la escena social y política. No está lejos una explosión de demandas y disturbios.

 

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Por Leopoldo Lavín Mujica

 

 

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