Columnistas Nacional

Un tren muy “chanta”

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“Aquello que vale la pena hacer, vale la pena hacerlo bien” fue la frase escrita por el 4° Conde de Chesterfield en una carta a su hijo, allá por 1774. Lo que el Conde seguramente quería que su hijo entendiera es que si uno decide emprender una tarea, ella debe hacerse de la mejor manera posible, y no de un modo chapucero, no dejarlo a medias.

En medio de la ofensiva de la derecha y de los medios de comunicación en contra del gobierno, sumado al fiasco de los indultos, el anunciar una nueva iniciativa que tuviera aspectos positivos para la población era, por cierto, una buena idea. Esto, no sólo en términos de relaciones públicas, sino también como una inyección de optimismo a los propios partidarios del gobierno y de la izquierda en general, que en estos días se hallan desmovilizados, y en cierta medida, descorazonados. En este contexto político, entregar información concreta sobre una aspiración de larga data, como es el ferrocarril de Santago a Valparaiso, parecía una movida táctica que podía mejorar la evaluación pública del gobierno.

Retomando nuestro proverbio inicial, se trata sin duda de un proyecto de tal significación que valía la pena hacerlo bien. Tanto es así que al anuncio se le dio la mayor importancia, ya que lo hizo el propio presidente Gabriel Boric, flanqueado por los dos ministros involucrados directamente en el proyecto: el de Transportes, Juan Carlos Muñoz, y el de Obras Públicas, Juan Carlos García. Todo muy bien, excepto que el tren que se anunció es en verdad un triste remedo de los proyectos que se habían planteado, un tren que se podría caracterizar como “chanta”: lleno de pretensiones, pero al final un volador de luces que—ampliamente criticado desde los más variados sectores—en lugar de cumplir su objetivo de mejorar las fortunas del gobierno, le ha vuelto a abrir un flanco débil.

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Es importante recordar que, en efecto, desde la segunda mitad del siglo 19 existía un ferrocarril entre el entonces principal puerto y la capital. Un trágico accidente en la década de los 80 dio el pretexto a la dictadura para matar ese recorrido, como ya lo habia hecho con la mayor parte del servicio longitudinal tanto al norte como al sur, así como con los numerosos ramales que cruzaban desde la línea central hacia la costa o la cordillera. El de Mapocho a Puerto era un tren que ya en la segunda mitad del siglo 20  estaba un tanto anticuado, principalmente porque su trazado era inadecuado. Al menos desde entonces se hablaba de la necesidad de un nuevo trazado, más directto: la Cuesta de La Dormida entre el noroeste de la Región Metropolitana y la Región de Valparaíso se mencionaba entonces. En años recientes se agregaron nuevas propuestas de trazado, todas apuntando a cumplir una demanda muy lógica: buscar la vía más directa entre la capital y Valparaíso. El nuevo diseño propuesto en previos gobiernos, se internaba en el valle de Casablanca y cruzaba la Cordillera de la Costa para llegar a Valparaiso y Viña sin hacer uso de la infraestructura ferroviaria ya existente en la región porteña, pues ella se ha transformado en una línea de metro regional, por lo demás muy útil para los habitantes de la V Región, ampliamente popular, y que incluso está en proceso de ampliarse hasta La Calera. En otras palabras, esas vías ya no pueden usarse para un servicio interurbano.

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Las propuestas y estudios hechos recientemente además contemplaban la introducción de trenes de alta velocidad, como los que corren en Japón, China y varios países europeos. Viajar en tren entre Valparaíso o Viña a Santiago, de acuerdo a esos planes que se formularon bajo los gobiernos de Michelle Bachelet y Sebastián Piñera, tomaría entre 45 a 50 minutos.

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El anuncio del actual gobierno puede ser visto como el duro despertar de un dulce sueño, o como una expresión más de la incapacidad de Chile de pensar y soñar en grande, y, en cambio, conformarse con lo mediocre. Por cierto, el costo es un factor que se ha mencionado. Según el Ministro García, el costo de la primera fase de la propuesta del gobierno actual es de unos mil 300 millones de dólares; según su colega de Transportes, un trazado más directo costaría cuatro veces el costo total del proyecto del gobierno.

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Sin minimizar el aspecto financiero de la obra, aquí ciertamente se enfrentaban dos maneras de ver las cosas: el de contar los centavos en un enfoque cortoplacista, versus una visión de largo plazo, en términos de décadas y hasta de siglos, en suma, no pensando en cuadrar los libros para satisfacer a los banqueros internacionales, sino pensando en dejar un  legado  para la historia. Si bien el proyecto es regional, su impacto sería nacional, como en su momento fue la construcción del viaducto del Malleco o más recientemente, el puente para unir el continente con la isla de Chiloé.

No es hilar muy delgado pensar que debió haber habido presión del Ministro de Hacienda, Mario Marcel, para optar por lo barato. A diferencia de otros países, en Chile los ministros encargados de las finanzas a menudo se posicionan como una suerte de “súper ministros” con poderes de veto sobre las iniciativas de los otros ministerios. Esta es una situación un tanto insólita, considerando que el Ministro de Hacienda en última instancia no es más que un  glorificado contador. En otros países ese ministro no tiene ese poder de veto, sino, más bien, tiene por misión encontrar el financiamiento para las iniciativas que han sido definidas por los otros ministros. Pero en Chile las cosas se hacen un poco a contramano del buen sentido, y así es como estamos.

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El proyecto de tren que unirá Santiago con Valparaíso—la provincia, no la ciudad—es como un traje que alguien le promete al niño que ha crecido, pero en lugar de hacerle o comprarle uno nuevo, se opta por agarrar el traje viejo, agregarle unos trozos de tela para los pantalones que al niño le había quedado cortos, y ponerle unos cuantos parches en partes que se habían gastado. Es exactamente lo que pasa con este proyecto: se mantiene el trazado anterior que ya en el siglo 20 se había identificado como inadecuado. Sin embargo, en los hechos el nuevo tren incluso tendrá un recorrido más corto que el que conocimos: no llegará a Valparaíso (con razón el alcalde Jorge Sharp está indignado), ni siquiera al centro de Viña del Mar, sino a El Salto, un suburbio industrial de la Ciudad Jardín. En la otra punta tampoco llegará al centro de Santiago, sino a Quinta Normal, donde actualmente sólo existe una estación de Metro. Será necesario levantar toda una nueva estructura, algo absurdo considerando que a pocas cuadras se halla—dedicada a otros usos—la bella Estación Mapocho, que bien podría recuperarse para lo que fue levantada: el tráfico ferroviario. Como donde una vez estuvieron las vías férreas de acceso a esa estación ahora existe el Parque de los Reyes y nadie quiere destruir un  área verde, la sección entre la ex Estación Yungay (que también debiera ser rehabilitada) y Estación Mapocho debiera soterrarse, después de todo una proyectada linea de Metro ya está planeada para ir bajo ese parque. La Estación Mapocho debería así volver a ver la gloria que alguna vez vivió, en lugar de ser un sitio de uso ocasional para conciertos de rock y otros eventos, como es ahora.

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Otro olvido de la propuesta del gobierno, por así llamarlo aunque el lobby de los camioneros puede haber jugado un papel en esto, al fijar su terminal en El Salto se abandona completamente la posibilidad de reintroducir un servicio ferroviario de carga, para lo cual era indispensable que el tren llegara hasta el puerto.

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Por cierto, retomar cualquiera de los proyectos que se plantearon originalmente sería mucho más caro, pero en el largo plazo, como deben pensar los estadistas, sería una obra que colocaría al gobierno entre los grandes de la historia de Chile. Esperamos que aun sea tiempo de recapacitar y se vuelva a la mesa de planificación, porque esta propuesta que tiene tan contentos a los ministros Muñoz y García no es más que un proyecto “chanta”, una burla a las aspiraciones de gran alcance de un país, es revolcarse una vez más en la mediocridad.

 

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Por Sergio Martínez

 

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Temporalmente desde Viña del Mar, Chile

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  1. Felipe Portales says:

    En efecto. Un tren de alta velocidad que permita hacer el viaje directamente podrá ser mucho más caro en el corto plazo, pero en el largo plazo será mucho más barato y útil para todos. Además, ¡serviría también para excelentes fletes hacia el puerto de Valparaíso! Con razón, ha generado un rechazo transversal. Y ¡claro!; se está pensando completamente al margen de las autoridades regionales que ya han expresado su rotunda oposición. ¡Así se piensa regionalizar y descentralizar el país! ¡Plop!

    • ramon roman says:

      Don Serafin, perdone que llegue tan tarde al baile, pero es que se me ocurrió leer el articulito y listo, se me vino a la memoria los terribles ulimos meses del gobierno del Chicho. ¿A que se debe esto, don Serafín se preguntará? Muy fácil si usted conecta el transporte, de cualquer cosa, por tren y por los camiones que pueblan nuestras carreteras. Vamos al grano, como dijo el enfermo de sarampión: Don Sera, ¿usted cree que los que manejan este sistema neoliberal le van a dar la espalda al grupo de fuerza que componen los camioneros chilenos, tan patriotas ellos? Si este grupito fué la mayoritaria cause del desabastecimiento de Chile durante los úlimos meses de nuestro gobierno, Bueno, estoy equivocado, durante los tres años de nuestro gobierno, y este desabastecimiento fué la principal causa que tomaron como estandarte los patriotas militares para provocar el golpe de estado. Conclusión; el gobierno del neoliberal de izquierda del sr Boric y los que vengan después, con cualquier rótulo pero la misma ueá, van a establecer transporte sobre rieles para la gente, pero jamás para el transporte de las mercancías necesarias para la subistencia y el placer de los chilensis, y esto es uan de las formas inolvidables del sistema neoliberal para pagarle a los CAMIONEROS POR SU CONTRIBUCIÓN AL PRESENTE SISTEMA QUE TANTO LE GUSTA A LA MAYORÍA DE LOS CHILENOS, y como la mayoría apoya este sistema, por lo tanto, los camioneros se merecen este reconocimiento. Imaginense, un tren de alta velocidad para conectar Santiago con Valparaíso, es decir, 120 kilometros y que decir, con los puntos norte y sur de Chilito, debemos estar super orgullosos ya que esto nos acerca más y más para que nos consideren un país desarrollado, en el intertanto, los jubilados reciben una mierda de jubilación, que no les alcanzaría ni para pagar el pasage de Santiago a Renca en el tren de alta velocidad. Tamos super bien, si hasta las ISAPRES saltan de júbllo.

  2. El proyecto de un tren razonable entre Santiago y Valparaíso es una pryoecto que yo llamaría un «proyecto submarino», aflora de tiempo en tiempo con gran alarde y luego se sumerje de nuevo hasta que aparece otro proyecto. . Desde mi juventud, hacen ya varios decenios, he leído varios de estos proyectos, un tunel bajo la cuesta de la Dormida, uno paralelo a la ruta 68 por Curacaví y Casablanca, todos desechados por su imposible financiamiento. Ahora apareció este proyecto «chanta», en realidad es mas que suboptimal y dudo que vaya a ser una «competencia» para los buses y sobretodo para el automóvil. Si alguien vive en La Reina por decir un ejemplo y quiere viajar a Valparaíso. En su auto se demora menos de la mitad de tiempo si se considera tiempo total de «puerta a puerta». El poyecto presentado es como dije suboptimal. Es indudablemente la opción mas barata ya que se aprovecha una buena parte de la infraestructura existente, será contruído sobre partes que ya son propiedad estatal y con eso se evitarán largos y onerosos juicios por las expropiaciones y que demanda menor tiempo hasta que funcione, pero de allí a que pueda competir con buses y automóviles, lo veo bastante dudoso. Hoy salió en la prensa, que el estado subvencionaría parte de los pasajes para hacerlo mas competitivo, lo que me parece bastante dudoso, los contribuyentes de Chiloé, tendrán con sus impuestos, pagarle parte del pasaje a los santiaguinos que quieran viajar de Quinta Normal a El Salto. Un diseno totalmente nuevo para un tren mas rápido, costaría varias veces mas y sobre todo mayor tiempo hasta que entre en operaciones. Hay un principio fundamental de la economía, que vale tanto para los países, las empresas y las personas. No se puede gastar mas dinero que el que se tiene y si el estado no dispone del dinero suficiente para una tremenda inversión que sería necesaria, no queda otra, que aceptar una solución chanta que sea pagable. A mí me encantaría tener un Mercedes Benz de ultimo modelo, pero no puedo pagarlo, así que tengo que contentarme con mi Skoda modelo 2006.

  3. Gino Vallega says:

    En los 50’s , hicimos el viaje de fin de estudios al sur (Manuel de Salas), en tren hasta puerto Montt; se demoraba toda la noche,si ,pero era un flor de viaje.Adelante, tomábamos el tren en Mapocho y nos íbamos a Valpo, a tocar con los club de jazz de viña y valparaíso; en el 62,hicimos el primer viaje de trabajos voluntarios de la FECH, a chiloé, en tren hasta P Montt.Mis viajes a Doñihue, con locomotoras que tiraban el vapor y el carboncillo y el CO y el CO2 y una sarta más de químicos nocivos, en una nube que todos admirábamos por porte y donosura. Hasta había un trencito de trocha angosta hasta La Serena, que partía de La Calera y otro desde Quinta Normal a ya no me acuerdo donde.Volví después de 32 años y no había ni un solo tren a ningún lado. Ya han aparecido algunos bocetos como el tren a Chillán…en Conce…..y el insípido nos asusta con un tren turístico? que no será de alta velocidad porque dicen, se hará de trocha angosta (como era el militar de plaza italia a Pte.Alto y cajón del Maipo), para ahorrar divisas. Como estoy retirado y tengo tiempo (poco , creo), lo voy a usar en sueños, porque se va a hacer,,,lentito.

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