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Van Ruymbeke, ex juez francés anticorrupción: “La última trinchera para el avance de la justicia son los secretos oficiales”

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El magistrado ha sido instructor de los casos más importantes de corrupción que han hecho temblar los cimientos del Estado francés, y de las finanzas como los de Urba, Elf, Clearstream, Kerviel-Sociéte Générale, Karachi o el de las fragatas militares de Taiwán

 

Para Napoleón, creador de la institución, el juez de instrucción era “el hombre más poderoso” del país; “nadie le detiene, nadie le ordena, un soberano sujeto únicamente a su conciencia y a la ley”, matiza, con acierto, Balzac. La realidad es diferente cuando tiene que controlar al poder. Si bien el principio de legalidad lo obliga, como al fiscal, a controlar que el Estado (Jefe de Estado, poder ejecutivo, etc.) se someta a la ley, es reacio por naturaleza a ser controlado: es una lucha permanente. En Europa, fue necesario esperar hasta los años 90 para que jueces y fiscales comenzaran a ejercer este control, abriendo el camino a las generaciones posteriores.

Uno de los mayores artífices de esta conquista del derecho en Francia es el juez anticorrupción, ahora jubilado, Renaud Van Ruymbeke una leyenda en su país—, instructor de los casos más importantes de corrupción, políticos y militares, que han hecho temblar los cimientos del Estado, y de las finanzas. Entre otros, los casos Urba, Elf, Clearstream, Kerviel-Sociéte Générale, Karachi o el de las fragatas militares de Taiwán. Según el diario Le Monde, Van Ruymbeke “encarna por excelencia la figura del juez de instrucción impasible, obstinado y riguroso (…) un juez que se ha convertido en el punto de referencia, el juez del que se habla, el juez que da ganas de convertirse en juez.”

Su padre, héroe de la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, condecorado por EEUU y alto funcionario de Francia, ha sido su modelo de conducta como juez. 

Mi padre me inculca el culto al servicio público y es la razón por la que decido ser juez; me atrae la idea de impartir justicia. Cuando se lo dije, fue una gran decepción para él tenía una pésima concepción de la magistraturaporque “los magistrados que condenaron a los que resistieron durante la guerra,contra los nazis y Vichy fueron los mismos que, después, condenaron a los que colaboraron con los nazis y Vichy; unos cobardes”.

Solo un juez de toda la magistratura, Paul Didier, se negó a prestar juramento al Mariscal Pétain, quien puso a Francia al servicio de la Alemania nazi.

Justo. Mi carrera de juez comenzó con la opinión muy negativa de la magistratura, por la advertencia de mi padre, y siempre me he tomado muy en serio demostrar que no soy como ellos.

Cuándo usted comienza su carrera como juez, en los años 70, ¿cuál es la relación de la magistratura con el poder político?  

El poder político controlaba a los fiscales y los jueces se autocensuraban para que no existieran asuntos político-financieros. Cuando investigué las cuentas bancarias de un ministro en ejercicio por corrupción, R. Boulin, en uno de mis primeros casos en los años 70, estaban descolocados, no comprendían en absoluto lo que estaba haciendo. Fui considerado un juez anormal y “rojo”, fórmula utilizada, en aquella época, para denigrar a un juez.

Durante mi carrera he sido testigo de una verdadera revolución, o mutación, entre la justicia y el poder político. Tengo la impresión de que ha ocurrido lo mismo en España e Italia

Usted instruyó en Francia el primer caso de corrupción de un partido político.

En los años 90 tuve que investigar la financiación del Partido Socialista, y debido a los indicios de corrupción, tuve que registrar la sede del partido e imputar al tesorero. El presidente de Francia, François Mitterrand, y la ejecutiva del Partido Socialista me arrastraron por el barro. Mi procedimiento fue torpedeado por el Fiscal General, quien informaba permanentemente al ministro de Justicia sobre el desarrollo de mi investigación. Sin embargo, las instancias superiores validaron mi investigación y el tesorero fue condenado.

Años más tarde, un colega que investigó la financiación del partido conservador tuvo el mismo problema. En aquella época, el poder político intentaba frenar al máximo el trabajo de los jueces utilizando a fiscales que estaban a sus órdenes. Durante mi carrera, he sido testigo de una verdadera revolución, o mutación, entre la justicia y el poder político. Tengo la impresión de que ha ocurrido lo mismo en España e Italia.

¿En qué ha consistido esta mutación?

La opinión pública ha evolucionado, la prensa también y treinta años después, creo que se puede afirmar que los jueces hemos ganado la batalla: el poder político está sometido a la justicia y el equilibrio de fuerzas ha cambiado. Dista de ser perfecto. Los fiscales carecen de la independencia que gozan los jueces de instrucción debido a la falta de protección estatutaria, pero cada vez se sienten más libres.

El equilibrio de fuerzas ha cambiado. 

Existe una prensa libre, hoy el poder político no puede ignorar sus denuncias como ha ocurrido en el pasado, e ignorar un caso de corrupción política. Por ejemplo, el Canard Enchainé y Mediapart denuncian las irregularidades del candidato presidencial, François Fillon, exprimer ministro, y la Justicia conoce del caso rápidamente. Hace veinte años, la Fiscalía hubiese hecho una investigación preliminar sin consecuencias jurídicas. Hoy en día la Fiscalía, para no ser acusada de instrumento del poder, guarda las apariencias, no se puede permitir el lujo de no llevar un caso ante el juez de instrucción.

En sus memorias, Mémoires d’un juge trop indépendant, además de la falta de independencia de los fiscales, respecto al poder ejecutivo, es muy crítico con los secretos oficiales.  

La última trinchera para el avance de la justicia son los secretos oficiales que impiden al juez su investigación. Me he topado con el “secreto Defensa” en un caso de compra de petróleo en el extranjero, el caso Elf, y en un asunto de importantes comisiones de venta de armamento: el caso de las fragatas militares de Taiwán. En el de las fragatas hice varias demandas de desclasificación de secretos oficiales a diferentes ministros de defensa y daba igual su filiación política, fueron siempre denegadas. No versaban sobre información militar o de inteligencia, que hubiese comprendido, sino sobre los nombres de los beneficiarios de importantes comisiones de venta de armamento. No tuve más remedio que sobreseer el caso, y el Estado tuvo que pagar 460 millones de euros a Taiwán con el dinero de los contribuyentes.

Por cumplir con su trabajo, usted fue presa de ataques verbales de la élite política, incluso de presidentes de izquierda como F. Mitterand y de derecha, como N. Sarkozy ¿Le respaldó el Conseil Supérieur de la Magistrature (CSM) [el Consejo del Poder Judicial (CGPJ)]?

Nunca.

Las primeras palabras de su manual de juez de instrucción es un refrán judicial: “Todo el tiempo dedicado al trabajo se pierde para la carrera”. Su carrera se ha visto perjudicada por su independencia. ¿El CSM [el CGPJ] ha frenado su promoción?

Sí, no tuve, como dicen en Francia, una bella carrera. Durante la instrucción del caso, Clearstream el CSM [el CGPJ] bloqueó mi promoción durante seis años, y me colocó el penúltimo en la lista para subir de escalafón. Lo importante es que pude hacer bien mi trabajo que adoraba con la conciencia tranquila, a pesar de todos los obstáculos que me tendieron, en una época, los fiscales. También tuve la suerte de vivir en una democracia que me ha permitido ejercer libremente mi trabajo; mis colegas que trabajan bajo una dictadura se juegan la vida.

En 1996 impulsa junto al Fiscal General de Ginebra, Bernard Bertossa, y cinco colegas europeos, el Manifiesto de Ginebra para denunciar “la Europa de los paraísos fiscales que prospera sin vergüenza a merced de los capitales a los que presta refugio complaciente.”

Con mis colegas denunciamos, para sensibilizar a la ciudadanía, la impotencia, la injusticia de poder investigar, y recuperar el dinero, del pequeño ladrón, pero no, o con mucha dificultad, de quien esconde su dinero en un paraíso fiscal. En aquella época en España, Francia e Italia se produjeron avances significativos de la justicia en casos político-financieros, pero los firmantes estamos de acuerdo en que la falta de colaboración de los paraísos fiscales impide el buen desarrollo de la justicia.

Los paraísos fiscales nunca han sido tan prósperos. Somos testigos de una verdadera competición global de diferentes paraísos fiscales para atraer capitales

En 2008 el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, anuncia el “fin de los paraísos fiscales” y asegura que “la UE debe dar ejemplo”. Usted acaba de publicar un libro, Offshore, que es una enmienda a la totalidad a estas declaraciones y da la voz de alarma. 

Los paraísos fiscales nunca han sido tan prósperos. Somos testigos de una verdadera competición global de diferentes paraísos fiscales para atraer capitales. El economista Gabriel Zucman calcula en 8.700 millardos de dólares los activos ocultos a través de sociedades offshore [extraterritoriales]. ¿Se da cuenta lo que representa esta suma? Se están vaciando, literalmente, las cuentas públicas de todos los países, evadiendo el impuesto, e indispensables para la financiación de la salud y la educación pública. ¡Un escándalo!

Y la UE no es ningún ejemplo.

En absoluto. Luxemburgo, miembro fundador de la UE, Chipre y Malta son Estados que viven del offshore y bloquean cualquier avance. Por cierto, seguimos sin saber nada de quien ha ordenado matar en Malta a la periodista Daphne Caruana ,que estaba investigando sobre la corrupción del poder ejecutivo maltés.

Se muestra especialmente crítico con la angloesfera: Londres, sus satélites (Gibraltar, Bahamas, etc.) y sus instrumentos legales, como el trust

Con mis colegas europeos estábamos de acuerdo en que las demandas judiciales de colaboración a Londres para conocer cuentas bancarias eran extremadamente complicadas. La City es un Estado dentro del Estado, y las demandas de colaboración no van dirigidas a un juez, como el resto de los países, sino a la Policía, que no tiene los mismos poderes. Además, en el derecho anglosajón la protección de las cuentas bancarias es muy importante. Tampoco olvidemos a EE. UU., que tiene su propio paraíso fiscal: Delaware.

Nadie dice nada sobre Qatar ni Emiratos Árabes Unidos, centros offshore de primer orden mundial. Como necesitamos su petróleo, porque no hemos quedado sin el ruso, ahora no les vamos a molestar con estas historias…

Según la UE, están combatiendo los paraísos fiscales con la publicación de la lista negra… 

Un engaño: está prácticamente vacía y sin ningún control efectivo. Por ejemplo, como explico en el libro, nadie dice nada sobre Qatar ni Emiratos Árabes Unidos, centros offshore de primer orden mundial que no colaboran con la justicia ni extraditan; protección absoluta. Como necesitamos su petróleo, porque no hemos quedado sin el ruso, ahora no les vamos a molestar con estas historias…

Explica en su libro que debido a los escándalos de los bancos suizos, UBS y HSBC, EEUU da a Suiza un golpe en la mesa y ésta acepta la transmisión automática de los datos bancarios de sus ciudadanos, pero no los de los Estados de la UE. ¿Por qué?

En un encuentro al que fui invitado por la OCDE tuve ocasión de preguntárselo a una representante de Suiza. Hubo veinte largos segundos de silencio. Se lo volví a preguntar por si no había comprendido bien la pregunta. De nuevo un largo silencio bastante bochornoso. El moderador toma la palabra y me dice ‘señor Juez, creo que la señora representante de Suiza no quiere responder a su pregunta“. No me volvieron a invitar a la OCDE.

 

Por Hernán Garcés

Fuente: Público.es

 

 

 

 

 

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Abogado, experto en Derecho Internacional en la Universidad de Nueva York

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