Opinión política

Essal, corte y reposición: cuando la política del lobby y los consensos hace agua

Más de una semana estuvieron los habitantes de Osorno y sus alrededores sin acceso al agua potable. Todo ello en un país que ha levantado al sector privado como motor de su economía y modelo de gestión para no solo los mismos osorninos, sino para el resto del país y la región. Un corte del servicio de agua potable, con todas sus consecuencias en el propio hacinamiento urbano, cuyas causas, atribuidas al error humano, a la distracción de un empleado, parecen más a las de una vulcanización de barrio que a las de una transnacional.

 

No es el primero ni será el último error cometido por estas grandes empresas, que encabezan los registros de utilidades en los mercados de acciones y se ufanan de la excelencia en su gestión. Essal, la concesionaria de la región de Los Lagos, tuvo el año pasado ganancias por diez mil millones de pesos (unos 15 millones de dólares) y entre sus accionistas están operadores internacionales con presencia en varios países y continentes.

 

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Essal es una de las últimas empresas privatizadas y arranca el proceso de concesiones que posteriormente toma fuerza con las autopistas regionales y urbanas. Las sanitarias estaban en pauta desde la dictadura y tomaron varios años para su licitación hacia el final  del gobierno de Eduardo Frei Ruiz Tagle, que justificó la entrega por las altas inversiones que requería la gestión de los residuos de los alcantarillados.

 

La sanitaria, como otras en el país, está controlada por Iberaguas y Gran Araucaria, con más del 90 por ciento de la propiedad, pero son simples nombres de fantasía en una red para tapar al verdadero dueño, que es la francesa Suez, dueña de Essal a través de su filial catalana AgBar (Aguas de Barcelona). Si Essal tiene una facturación de 87 millones de dólares anuales, Suez, que se presenta como líder mundial en gestión de aguas y residuos, tiene ventas mundiales anuales por más de 15 mil millones (2010). Que un empleado se olvide de cortar un grifo y llene de petróleo las vías de agua no es un simple error, y tampoco un incidente a un accidente.

 

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Al leer las explicaciones entregadas por Essal hemos recordado la serie Chernóbil, estrenada hace poco más de un mes por HBO.  Esta miniserie, realizada por la estadounidense HBO y la británica Sky, no cayó muy bien en Moscú. No solo se paseó e ironizó bastante sobre el modelo de gestión soviético, el verticalismo del politburó y las ambiciones políticas apoyado en una tecnología nuclear, entonces orgullo patrio, con falencias, sino que puso al accidente como el detonante que derribó unos más tarde al sistema socialista.

 

Las investigaciones sobre el accidente nuclear concluyeron en un error humano, que la serie extiende al modelo soviético. En el caso de Osorno, Essal también atribuyó el accidente al error de un empleado pero no ahondó en otras causas, que han de estar en un modelo de gestión de un recurso vital basado en el lucro. Un modelo que tiene por delante ni la calidad ni el servicio, sino las ganancias, las que están determinadas también por la reducción de costos, el lobby y las relaciones políticas.

 

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Guillermo Pickering es el presidente del directorio de Essal. Un DC de los tiempos y el gobierno de Frei Ruiz tagle a cargo de la sanitaria. Un lobbista de tomo y lomo que ha hecho su carrera a dos manos, una suerte de prestidigitador de activos públicos y privados. ha sido director subsecretario del Interior en los años de la Concertación, subsecretario de Obras Públicas, ha pasado por la dirección de EFE y del Metro, y ha circulado por las gerencias del BancoEstado. Un perfil que le permitió dar el salto hacia los pasillos de la Sofofa, las empresas de telecomunicaciones hasta caer de pie en las sanitarias, como lobbista de las corporaciones a la cabeza de la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Sanitarios.

 

Pickering es una figura clásica de la política de los consensos. Es el símbolo de la fusión de las socialdemocracias con el gran capital a cambio de los olvidos bajo la miseria moral de la justicia en la medida de lo posible. Pickering, como los ex Mapu Oscar Guillermo Garretón y Enrique Correa, como el socialista Jaime Estévez, es el factótum de los partidos para mediar con las corporaciones. Una expresión de un modelo hoy agrietado que el corte de Essal no hace otra cosa que representar.

 

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La Democracia Cristiana, creadora de estos lobbistas y administradora del proceso de privatización de las sanitarias hoy pide la cabeza de Pickering y el retiro de la concesión a Essal. Un efecto de ruido de última hora, lo mismo que hace Piñera, antes que Osorno salga de la agenda pública y sea  cubierta por el espectáculo y la farándula política. En fin, un llamado a la nada que se diluirá con certeza en las horas. Quién es hoy la DC, qué peso tiene. O, cuánto se ha favorecido con los recursos de las sanitarias.

 

Del error, cuyas multas seguirán el mismo camino de estas declaraciones, solo podemos preguntarnos cómo no ha sucedido con más frecuencia.

 

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PAUL WALDER

 

Artículo publicado originalmente en POLITIKA

 

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