Opinión política

¿Surgirá un nuevo Chile del viejo Chile?

Porque esta vez no se trata (sólo) de cambiar un presidente…

Cambia…todo cambia. Así comienza la canción compuesta por el chileno Julio Numhauser, cuya letra, al menos en el prólogo, puede aplicarse a la situación sociopolítica que experimenta actualmente el país.

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Es un hecho que Chile no volverá a ser el que era a mediados de este mismo año 2019. No será mejor ni será peor, sólo será diferente. Otro país, otra sociedad, otro pueblo. Pero, ¿también otras autoridades? Está por verse.

 

El establishment es duro de roer, tiene mecanismos de defensa  poderosos que ha utilizado exitosamente en crisis anteriores. Luchar contra la hegemonía del dinero suele ser causa perdida a largo plazo,  y quienes la han desafiado –aún venciendo temporalmente- debieron sobrevivir sustentados en la honestidad que otorga una pobreza dignamente asumida, pero jamás aceptada.

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Entonces, si en lo referido a dinero poco y nada ha cambiado y difícilmente cambiará en lo inmediato, ¿qué tiene el nuevo Chile que el antiguo no tenía? Dignidad, consecuencia, coherencia y empoderamiento de aquella importante masa popular que se tomó las calles, plazas y parques. Quienes tienen el poder esperaban cualquier cosa de la gente, menos ello. Un pueblo con conciencia social es imposible de esclavizar y engañar. He ahí el grave problema que enfrentan ahora quienes creyeron durante décadas que podían seguir expoliando a la sociedad civil sin temores de ninguna especie. 

 

Las cofradías políticas, que se asociaron servilmente con el empresariado y  con la prensa tradicional para mantener enhiesto el actual sistema socioeconómico, criticaron ácidamente a los jóvenes porque estos se negaban a participar en la cosa pública y ni siquiera concurrían a ejercer su derecho a sufragio. Tanto fue el cántaro al agua que los jóvenes finalmente respondieron, y demostraron ser mayoría poniendo sobre el tapete sus demandas y exigencias.

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Sin embargo, hay un problema aún mayor. El establishment chileno actual está conformado en buena parte por personas de reputación dudosa, las que actúan preferentemente al borde de la legalidad que ellas mismas delinearon. Saben que Chile ha cambiado, son conscientes de ser minoría y, además, tienen claro que las fuerzas armadas difícilmente saldrían esta vez a protegerles de nuevo sus intereses y tropelías por el simple hecho de existir una oposición democrática y mayoritaria que decidió expresarse y participar. Y no lo harían porque tampoco están dispuestas a ser ellas las únicas que posteriormente sufran duras sanciones, como ha ocurrido con los agentes del estado que participaron en asesinatos, torturas y desapariciones de civiles durante la dictadura militar, mientras que las personas a las cuales ‘salvaron’ (sus intereses económicos) les olvidaron y dejaron solos ante el imperio de la ley, cuando está al menos asomó la nariz luego de 1990.

 

Lo dicho: el Chile de hoy ya no es el mismo de ayer. El sistema neoliberal salvaje no volverá a contar con la tranquilidad ni con el fastuoso apoyo político y mediático  que tuvo desde el año 1974 hasta el viernes 18 de octubre de 2019. La sociedad civil no quiere seguir siendo sólo representada por parlamentarios y autoridades, ahora impetra ser participativa.

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Por cierto, el establishment se defiende a brazo partido, con dientes y uñas. Incluso con mentiras gigantes y amenazas deshuesadas. La derecha cometió el error de confiarle sus banderas a Sebastián Piñera por segunda vez, haciendo caso omiso a las advertencias que recibieron de organizaciones y medios confiables (como el mismo Departamento de Estado de USA, los diarios The Guardian, The Economist  y The New York Times), y de las alertas que encendían muchos chilenos, las cuales apuntaban al tránsito fronterizo en la ilegalidad que el Presidente llevaba ya en su primera administración.

 

Pero, hay más. No sólo en lo económico y financiero descansaban tales advertencias, sino también en algo que hoy va tomando cuerpo cada vez con mayor reconocimiento en el público. Piñera es más que un hombre tozudo, soberbio, egocéntrico, mitómano y especulador…su desparpajo obliga a pensar que definitivamente se trata de un hombre enfermo que requiere tratamiento médico especializado. Si ello no es así, entonces significa que estamos gobernados por un delincuente político de tomo y lomo, de alto vuelo. No hay más lecturas al respecto. Por ello rescato y destaco lo que escribió  la actriz Mariana Loyola en su cuenta de tuiter:

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<<Lo de Piñera da pa’estudio. Es impresionante lo que dice, cómo lo dice. Sus respuestas, su sordera. Me siento atrapada. Estamos en manos de un tipo malo, peligroso. ¿Qué más podemos hacer? Qué impotencia. (El general) Rozas sigue cómodo en su puesto; Blumel también; y él, uff, pa’que decir! ¿Qué hacemos?>>

 

Él no es el único “tipo malo, peligroso”, ni es el único enfermito mental que forma parte del actual gobierno. Para confirmarlo es suficiente recordar las declaraciones de algunos ministros, las cuales rayan en la insania, como aquellas explicitadas por personeros cercanos al mandatario, uno de ellos es Jaime Mañalich que aseguró campanudamente: “tenemos el mejor sistema de salud del planeta”. ¡De patio! 

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Como ‘de patio’ son también las burdas explicaciones de otros ministros y subsecretarios que salieron al paso de las fuertes críticas explicitadas por muchas organizaciones y países respecto de la nefasta conducción chilena de la última COP25. Nada nuevo bajo el sol en esta administración. Los chilenos están ‘curados de espanto’ con las gigantescas mentiras y  omisiones lenguajeadas por el mismísimo presidente en muchas ocasiones.

 

Ese es el Chile viejo, el del duopolio heredero de la dictadura, el de los ‘acuerdos’, el de lo ‘políticamente correcto’, el de la ‘justicia en la medida de lo posible’, el del ‘mejor sistema previsional de América’ y ‘el mejor sistema de salud del planeta’, el de la mayor desigualdad registrada entre los países de la OCDE, el del “mar en manos de siete familias”, el de la corrupción desatada, el de las megaempresas dictando pautas muy bien pagadas a los legisladores, el de las colusiones comerciales, el del transporte más caro del continente, el que hizo carne en todo el mundo la frase “en América hay un país llamado Chile, donde nada es de Chile”.

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Eso es lo que defiende a brazo partido el establishment, y para ello sigue confiando en un hombre enfermo…pero, tal vez, por eso mismo el establishment parece entregar sus banderas a ese hombre, porque sabe que la enfermedad que lo aqueja le hará porfiar y porfiar hasta el final, contra todo y contra todos, aún viendo el tsunami social y político que se le viene encima.

 

Y si ese desastre acaece, el establishment simplemente se defenderá argumentando que el tipo estaba enfermo y que ellos –los poderosos-  no lo sabían.

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Por ello, Chile tiene que cambiar…

 

 

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Arturo Alejandro Muñoz

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  1. Viva Chile mierda…!!! Desde Argentina los apoyo en esa verdadera epopeya que están viviendo y muriendo. Hay solución con una Asamblea Constituyente y el voto lo lograrán con la tenacidad que los caracteriza. FUERZA HERMANOS.

  2. Carlos Ochsenius says:

    PS, EL PARTIDO DE LA ETERNA TRANSICIÓN AL… ¿CAOS NEOLIBERAL?

    ¿Cuál es su proyecto político y económico de salida a la crisis nacional? ¿A qué sectores sociales “representa”, cómo los integra a sus decisiones?
    En esta crisis ni siquiera rescata afirmativa o críticamente su propia historia: la visión de sus dos Presidentes de la República, Allende y Bachelet.

    El “lote” tercerista y “renovado pro-mercado” que controla el Partido Socialista enarbola en una reciente Declaración Pública del 26 de Noviembre recién pasado una tesis tan parcial como derrotista. En un tono moralista y eclesial de viejo y “centrista” cuño, al estilo del PDC al que pertenecieron algunos de sus firmantes, el documento carece de pedagogía política de masas y de programa socio-económico que ofrecer a la sacrificial ciudadanía. La cual pone, con valentía, solidaridad y creatividad junto a contenidos éticos, sociales y políticos profundos, el cuerpo a los perdigones, balines y manoseos de la banda mafioso-armada que controla a Carabineros y chantajea al propio Gobierno, el Congreso y al ciudadano de a pie con escenarios pre-fabricados de “caos creativo” y “guerra contra el enemigo interno”.

    En este cuadro, este club de herederos de caballeros bien-pensantes hace suya la campaña del terror del Gobierno y, hasta ahora, su principal sostenedor: la muy “fáctica” UDI cívico-empresarial-militar-policial y sus nexos informales en el submundo delictivo, en vez de desenmascararlos y aislarlos por todos los medios y alianzas transversales posibles.

    De este modo, el documento nos advierte que “nuestra democracia” estaría en peligro, revelando una concepción minimalista y elitista (oligárquica) de la misma, sin tampoco pronunciarse sobre quiénes debe recaer la crisis (actual local y venidera mundial) del modelo económico-social donde se asienta tal próspera democracia para algunos: los elegidos por los “eficientes” mercados globalizados y la “meritoria” alta burocracia estatal. En suma. el 20% de la población nacional. Para el resto, la mayoría del país, se les ofrece la promesa de un gradualista proceso a 3 años plazo, que mejore en-algo-que-no-se-sabe-cuánto-ni-en-qué sus condiciones precarias e inciertas de vida, mientras se redacta “tranquilamente”, en una especie de cápsula espacial a años-luz del planeta Tierra, la nueva Constitución inicialmente pactada. Ni el ex Carabinero Desbordes de RN ni Quintana del PPD –en expectante posición de tercera autoridad del Estado– se alinean con tal pre-bacheletista diagnóstico, además de su irrealista cronograma de solución a la fractura social y generacional que nos golpea y acongoja con brutal crudeza todos los días.

    Si el PS o la facción que lo controla sigue insistiendo por este camino ya intransitable para la mayoría social y juvenil chilena que percibe que tal la institucionalidad “democrática” en su vida diaria no funciona, no existe o sólo aplasta, de nada valdrá su llamado a movilizar los recursos sociales, políticos, institucionales e intelectuales, que –se supondría— todavía dispone dicha porción del Partido al interior de no sabe cuál segmento de la sociedad civil (¿Fundación Paz Ciudadana, Consultoras Tironi y Correa-Cavallo?) para derrotar la involución autoritaria que avizoran con acierto. Pero no parecen hacerse cargo que los 50 días transcurridos desde el 18 de Octubre ya estamos inmersos dramáticamente en dicha involución.

    Por lo anterior, el desafío en que estamos en Chile es mucho mayor que el que supone la mencionada Declaración. Para salir de la crisis, no en 3 años más, sino desde ya, exige consulta y deliberación mancomunada de la agenda parlamentaria y las orientaciones de política pública con el conjunto del tejido social pro-democrático movilizado, perteneciente al 80% menos privilegiado de la población. Exige también innovación legal e institucional de modo de ir instalando desde ya una renovada forma de hacer política participativa para desde ahí generar consensos y articulaciones con y en beneficio de esa gran mayoría, hoy en estado de alerta permanente (“¡Chile despertó!”).

    Al respecto, admitámoslo: el escenario de inevitable bifurcación histórica al que asistimos en Chile y que está obligando al sinceramiento de puntos de vista, actos y palabras en todo el arco partidario chileno, desde la UDI al Frente Amplio, no da espacio en el PS para ambigüedades “gatopardistas” a la italiana ni “terceras vías” a la inglesa, ni “centristas” a lo Obama en EEUU –que dieron paso a Salvini, Johnson y Trump respectivamente, y al consecuente auge de los nuevos autoritarismos nacional-neofascistas. Basta mirar lo ocurrido en España durante este año con el auge de la extrema derecha, país que orientó dicho sea de paso nuestra “modélica transición de “arriba hacia abajo” en Chile. Miren por otro lado, lo que ocurre en el ¿ex? Reino Unido con el actual programa del Partido Laborista, elaborado en conjunto entre intelectuales, sindicatos y un amplio movimiento juvenil (Momentum), pero cuyas ambigüedades internas le impiden dar una versión no conservadora ni neo-liberal al desafío del Brexit. Conclusión sumaria: las ambigüedades se pagan caro. Si a ello se le suma el estancamiento y sobre-endeudamiento económico global y la crisis ambiental y climática en pleno apogeo, el peligro de involuciones autoritarias generalizadas, de dimensiones pan-civilizatorias, es peligrosamente plausible Ya ronda por varios países de nuestro Continente, además de tenerlas muy bien apertrechadas y financiadas en casa.

    Hoy es el capitalismo bajo conducción neoliberal, nacido, desarrollado y exportado desde Chile, quien se opone a democracia sustantiva, desarrollo económico y ambiental sustentable, solidaridad y cohesión social. No la movilización social que, en sus versiones más crudas, obliga a determinadas capas sociales y generacionales “sobrantes” a una redistribución forzada de la riqueza ganada con trampas y amaños. Redistribución lograda, esta vez, no con buenas palabras o propuestas “expertas”, ni menos institucionales, sino de facto: robando o destruyendo los bienes, servicios y símbolos materiales de tal prosperidad para otros.. Sin obviar en este fenómeno la presencia de oportunistas de la “economía sumergida” (informal/criminal) y agentes de seguridad infiltrados, a ese extremo antropológicamente “arcaico” ha empujado la economía retóricamente “de mercado libre” a extensos segmentos sociales empobrecidos de nuestro país. Economía que cual solventa a su vez a una disfuncional “Res-pública” incapaz de auto-reparar sus fallos más flagrantes. Recordemos que se trata de una República –si se puede llamar tal-, que iniciada en 1990, sigue fundamentalmente orientada bajo la fórmula de Estado subsidiario mínimo en lo social + Estado “securitario” máximo en lo militar-policial-carcelario para todas aquellas capas sociales no -o mal- integradas a la producción-consumo que ofrece el sistema privado y público de bienes y servicios (formal-legales).

    En esta perspectiva, el dilema presente en Chile es otro al que propone la Declaración del PS. No se trata sólo de defender a “nuestra democracia” disfuncional, porque esa es la que ha sido desbordada por “izquierda” y por “derecha”, por “arriba” y por “abajo” en la presente crisis. Por eso, ¡olvídense noventeros! El país y el Estado de la “eterna” o primera Transición (1990) a favor del 20% de la población de mayores ingresos, la base económico-productiva primario-exportadora “chorreadora” a cuenta-gotas para el 80% restante al límite de la auto-subsistencia, las instituciones engañosamente republicanas e insuficientemente democráticas, las clases y subjetividades sociales, los fines éticos del “desarrollo”, del “Estado” y del “mercado”, los paisajes urbanos y naturales que engendró, acabaron en la mente y el corazón de millones de compatriotas. Esta es también “nuestra democracia” que, eventualmente, ya tiene fecha de vencimiento oficial en 2022, con la aprobación de una nueva Constitución.

    En el interregno y para llegar al final del proceso constituyente si es que va en serio, sorteando vetos de distinta naturaleza, el dilema es o regresión autoritaria con tintes in-civilizatorios como el que estamos viviendo desde Octubre de 2019 o, desde ya, democratización progresiva del Estado, la economía, la sociedad y los territorios (proyecto en construcción, esta vez, “de abajo hacia arriba”). Lo cual supone sentar en un plazo de 3 años las bases germinales de una praxis de democracia representativo-participativa en clave redistributiva, y social, cultural, territorial y ambientalmente respetuosa y articuladora de la diversidad que la caracteriza. La “segunda Transición” ya partió y su programa político-.económico-cultural, dotado de gran sentido común y sentido de realidad, muy a la chilena, ha sido puesto sobre la mesa por la sociedad civil con altísimo grado de consenso interno y de densidad histórica y moral. Habrá que ser muy cuidadosos, hábiles y creativos para poder llegar a coronarla en 2022 con el reemplazo de la Constitución vigente, del andamiaje político-institucional transicional y sus auto-limitadas bases económicas.

    En este marco, urge al PS desarrollar nuevos marcos de interpretación y estratégicos de acción, contribuyendo a forjar alianzas hasta ayer impensadas, cruzando todas las “líneas rojas” del primer pacto transicional. En buenas cuentas, este partido requiere contribuir sin vacilación a generar un “bloque histórico” para este “nuevo” Chile que se expresa con tanta obstinación, buen sentido y solidaridad incluyente y que quiere incidir colectivamente en resolver las encrucijadas del presente y los caminos de futuro -para todos.

    De no ser así, la dolorosamente expuesta crisis nacional (e internacional ad-portas) arrastrará a la actual representación parlamentaria-municipal-sindical del PS y a sus intelectuales sin nexos con la sociedad civil movilizada, al vertedero de la Historia y del pensamiento social y científico contemporáneo.

    Otras generaciones reivindicarán para sí esa noble tradición filosófica y praxis política del republicanismo democrático-socialista de mayorías sociales activas y propositivas, actualizándola a los urgentes desafíos nacionales, regionales y globales de hoy. Y eso, hace rato, capilarmente está ocurriendo.-

    * Carlos Ochsenius, sociólogo, ex militante socialista, detenido político en dictadura.

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