Los cardenales de la curia vaticana, desde Constantino hasta nuestros días, no han sido más que una mafia de poder y de riqueza: el cardenalato, por lo general, se ha convertido, a través de los tiempos, en el poder de los poderes dentro del Vaticano, y entre ellos se disputan los cupos para ascender a la cima, sobre todo, el del nuevo purpurado que detente la Secretaría de Estado que, además de ser un premio para las familias dominantes, (hoy, por ejemplo, el Banco del Vaticano es la institución más segura para depositar dineros y lograr altas rentabilidades y sin riesgo alguno, pues ningún otro Estado puede fiscalizar las pillerías de ese Banco), es un centro de decisiones que atañen al poder político.

 

Entre los santos de la iglesia hay de todo y para todos los gustos, que es el mérito por el cual la iglesia católica ha durado dos mil años: hay santos fanáticos anticomunistas que, en España, bendecían el fusilamiento de los republicanos, (caso “San Pirulín” José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei), y en esta misma línea está el Papa polaco, Juan Pablo II, que tiene poco de santo, pues se ha comprobado que fue cómplice y encubridor del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel que, además de pedófilo era modelo de adoración del “becerro de oro”, que caracteriza a la “ramera de Babilonia”.

 

Luego del fin de la Segunda Guerra Mundial los diplomáticos del Vaticano se concertaron para esconder y después enviar a América Latina a los cobardes criminales nazis, pues el enemigo principal de ese período era el comunismo triunfante, por lo tanto, los nazis podrían prestar muy buen servicio en la lucha contra esta ideología que, según la iglesia, podría extenderse hacia los países latinoamericanos.

 

La forma “cristiana” de poder frenar el avance del comunismo era la aplicación de la doctrina social de la iglesia, es decir, combatir la miseria y el abandono, como foco de crecimiento del comunismo.

 

De esta nueva postura nacen algunos verdaderos santos, un tanto más decentes y dedicados al apostolado, entre ellos Juan XXIII, el Padre Alberto Hurtado Cruchaga, Arnulfo Romero y muchos otros.

 

Antes, el ser católico estaba íntimamente ligado al Partido Conservador; en los años 60, en Chile, era pertenecer al Partido Democratacristiano, (Pablo VI, por ejemplo, era consejero espiritual del líder italiano Aldo Moro, jefe de la alianza entre comunistas y democratacristianos).

 

Marcial Maciel tenía dos tíos obispos y un jefe de los cristeros, (guerrilla mexicana para combatir el gobierno laico de Plutarco Elías Calles, que perseguía a los curas). El joven seminarista Maciel, a imitación de San Ignacio de Loyola, creó una Legión de Cristo, caracterizada por reglas militares muy estrictas.

 

En los años 50 del siglo XX, los Legionarios de Cristo adquirieron gran importancia, pues adoptaron la brillante táctica de la “opción preferencial por los ricos” que tenían en común su odio y miedo al comunismo, y requerían una iglesia que, en vez de condenarlos, los aplaudiera y animara a seguir especulando en la Bolsa, a fin de que “chorreara” algunas migajas para los pobres.

 

El gran enemigo de San Pablo II era el grupo curas que habían optado por los pobres, contándose entre ellos muchos que vivían entre ellos y con ellos. Los bloques de curas obreros, por ejemplo, en Francia fueron disueltos, pues según la jerarquía, se iban a convertir en comunistas si seguían compartiendo con los pobres y marginados de la sociedad. (Leer Los santos van al infierno, o el de Pierre Andreu, Grandeza y errores de los curas obreros, Ediciones Leviatán).

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Juan Pablo II condenó la Teología de la Liberación y a las Comunidades Cristianas Populares, y la exhortación  retorno “al crucificado” (de quien se creen sus dueños), a las grandes catedrales, y en Chile, a la iglesia de El Bosque, bajo la custodia de Karadima, bajo el pretexto de que no sólo los pobres necesitaban de ayuda divina, por el contrario, los ricos también requerían del auxilio espiritual, es decir, trasmitir una teología de la prosperidad en que la riqueza fuera también un signo de amor de Dios, y que los pasajes evangélicos, como el del rico Epulón y el pobre Lázaro, o el de que “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos”, parábolas oportunistas para ganar el favor de los pobres,  tuvieran el efecto deseado.

 

Para los adinerados, incluso los librepensadores, Dios y la biblia son muy necesarios para que los trabajadores sigan produciendo bienes a los patrones, con la esperanza de un paraíso prometido, (incluso Voltaire, que odiaba a los jesuitas, encontraba muy importante la labor de los curas de campo, pues apaciguaban las justas reivindicaciones de los pobres con la promesa de la vida eterna).

 

El Papa Francisco, aun cuando intenta liberarse de la presión de las mafias existentes en la curia vaticana, sólo puede dar pasos muy pequeños, como levantar el secreto vaticano respecto de los curas pedófilos, y gracias a esta decisión le fue posible eliminar el cargo que ocupaba Ángelo Sodano, secretario de Estado desde Juan Pablo II, cuyo reinado parecía prolongarse hasta más allá de su muerte.

 

Los nuncios apostólicos no tienen nada de apostólicos, ni embajadores de la Santa Sede, pues sólo representan un pequeño Estado, en cuyo centro está el Banco Vaticano, uno de los más importantes de la timba mundial y, además, algunos prostíbulos de seminaristas, en que algunos cardenales son sus creadores y gestores.

 

En Chile nos hemos sacado la lotería en cuanto a estos enviados del Vaticano: caso típico el de Ángelo Sodano fue amigo personal de Fernando Karadima y del dictador, Augusto Pinochet Ugarte, hecho que permitió que Pablo VI, y mucho menos Pablo II, condenaran al tirano y se la jugaran por la protección de los derechos humanos.

 

Entre las amistades de Sodano se encontraba Marcial Maciel y Fernando Karadima, considerados por los apuestos jóvenes como santos. Una vez levantado el secreto pontificio Sodano quedó retratado, de cuerpo entero, como encubridor y cómplice de pedófilos en la iglesia. Por suerte el líder hasta hace dos días inamovible de esta asociación ilícita para delinquir, por fuerza mayor salió de la Curia vaticana, lo cual va evitar el papel de la simonía en los siguientes cónclaves.

 

El secreto del éxito del Opus Dei y de los Legionarios de Cristo radica en su amistad y alianza profunda con los líderes empresariales de la plutocracia y de ser capaces de hablar de tú a tú sobre la rentabilidad de Acciones y Bonos, así como de depósitos en los paraísos fiscales, que incluyen varios ceros. Para asimilar el informe más acabado con respecto a los paraísos fiscales basta apretar el botón “sacerdote” para comprobar que, por ejemplo, Marcial Maciel y gran parte de la “oficialidad” de la Legión de Cristo, poseen cuentas, incluso superiores, a las del Vaticano, muchas de ellas con nombres falsos.

 

Jesucristo, para la “teología neoliberal, vino a salvar las grandes empresas ante el ataque del comunismo, “religión hereje que antepone la salvación de los pobres en este mundo”. Para estos “teólogos” las empresas jugarán un papel fundamental en la consecución del reino de Dios, que persiguen los “Legionarios (millonarios) de Cristo”.

 

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

24/12/2019

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